Hábitos, adicciones y el autocontrol

| Existen nuevas conductas adictivas que preocupan | Es imprescindible educar en el autocontrol y la prevención

Eduardo Casanova

Médico de UCM

La reiteración de actos que crean el hábito incide para facilitar o impulsar la repetición de conductas similares. Dependiendo de que esos actos o conductas promuevan la salud o la enfermedad, se denominan respectivamente virtudes o vicios. Los hábitos enfermizos graves, tanto por la intensidad o frecuencia de la conducta practicada, por sus efectos dañinos, por su cronicidad y por su carácter compulsivo, hace del hábito una "adicción".

Refiriéndose fundamentalmente a la conducta adictiva para consumir drogas, en 1957 la OMS destacó algunos caracteres que definen también a otras adicciones. Se refirió a cuatro aspectos: 1) padecer una compulsión para actuar de determinada manera, estando dispuesto a emplear cualquier medio para satisfacer esa necesidad; 2) tendencia a aumentar la intensidad y frecuencia de la conducta que procura el estímulo; 3) padecer dependencia psíquica y física del estímulo; 4) producir efectos perjudiciales para el individuo y la sociedad.

Luego, la Asociación Americana de Psiquiatría precisó más el tercer concepto de "dependencia", definiéndolo por contar al menos con tres de las siguientes características: a) uso de estímulos progresivamente mayores y más frecuentes; b) tolerancia, que implica la necesidad de aumentar la intensidad y frecuencia de estímulos para lograr efectos similares; c) presencia de síndrome de abstinencia, que consiste en padecer síntomas secundarios a la supresión del estímulo; d) imposibilidad y frustración para controlar el hábito; e) empleo de mayor tiempo para satisfacer el hábito; f) reducción de actividades sociales, laborales y/o recreativas; g) mantener el hábito, pese a reconocer sus consecuencias.

En los últimos 50 años, aunque se siguió reconociendo la gravedad adictiva de las drogas, simultáneamente se prestó cada vez más atención a otros hábitos y adicciones para prevenirlas y asistirlas, dados sus efectos insalubres sobre el individuo y toda la sociedad en su conjunto. Se promovieron campañas, por ejemplo, contra el tabaquismo y el alcoholismo, y se encaró la asistencia psiquiátrica de otras adicciones, como para el juego y las apuestas, (ludopatías), que ya se reconocían como obsesivas y compulsivas. Otro tanto ocurrió más recientemente, para el uso habitual de telefonía celular e Internet, y para el uso compulsivo y obsesivo (sobre todo en niños) de juegos electrónicos.

También se planteó que el sedentarismo era tan costoso para la salud como la dieta hipercalórica; y el hábito de ingerir alimentos de modo copioso, aparecía en los obesos con un carácter tan compulsivo como en los alcohólicos la ingesta de alcohol. Para asistirlos surgieron instituciones como Alcohólicos Anónimos y Obesos Anónimos, encarándolas como conductas compulsivas, adictivas. Pero también el sedentarismo se consideró hábito insalubre, dada su cronicidad causante de obesidad, síndrome metabólico y enfermedad cardiovascular.

El autocontrol.

El hábito enfermizo se vence cultivando el hábito opuesto, y más allá de las instituciones para asistir a adictos, es necesario prevenir educando en el ejercicio del autocontrol, por ejemplo, sirviéndose una porción menor, aplazando el consumo de alcohol, o saliendo a caminar.

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