EDUARDO CASANOVA | MÉDICO DE UCM
Muchos cuadros de bronquitis aguda, de causa viral, suelen ser banales, sin mayores consecuencias que otras virosis respiratorias. Pero el mismo cuadro puede poner en riesgo de vida a pacientes que padecen una enfermedad pulmonar previa crónica. Ello hace que cada invierno los bronquíticos crónicos, con un nuevo empuje inflamatorio bronquial empeoren su enfermedad de fondo, y a menudo requieran hospitalización.
Entre otras afecciones respiratorias crónicas, hace tiempo que la bronquitis crónica se identificó por caracteres clínicos y paraclínicos propios, que permiten reconocerle de otras con las que puede compartir algunos caracteres comunes, como procesos que evolucionan con alteraciones estructurales del pulmón con sustitución del tejido normal por enficsema y fibrosis.
El carácter clínico clásico que definía al bronquítico crónico, era el de padecer un empuje inflamatorio bronquial que durase al menos tres meses (habitualmente en época de invierno), por lo menos por tres años consecutivos. Pero luego de que se conoció mejor el daño anatómico y funcional que producía esta enfermedad, pudo distinguirse mejor de situaciones similares, pero que no contaban con los requisitos que hoy definen la entidad nosológica conocida que se conoce por la sigla de EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Es importante distinguirla debido a que su diagnóstico permite también un pronóstico y un tratamiento más específico.
El mejor manejo de los empujes invernales de la EPOC lograron limitar la mortalidad por progresión del daño de la situación respiratoria basal, que la hace en EE.UU la cuarta causa de muerte, y la quinta en Europa, con 2,75 millones de muertes anuales en los países desarrollados.
Un consenso internacional definió la EPOC no solo por la recurrencia y prolongación de episodios agudos de bronquitis, sino por el grado de limitación del flujo aéreo bronquial, debido al daño anatómico instalado en su evolución.
El edema de la mucosa bronquial inflamada, junto con el aumento del volumen y viscosidad de las secreciones contribuye a la obstrucción bronquial. En plazos variables esa situación lleva a una "remodelación" de la estructura pulmonar, con formación de vesículas o "bullas" aéreas, por detrás de la obstrucción. Ello lleva a alterar la estructura alveolar normal y compromete el intercambio gaseoso de oxígeno y anhídrido carbónico que tiene lugar entre el alvéolo y el capilar pulmonar, que tenderá a aumentar el anhídrido carbónico en sangre (hipercapnia), y a disminuir el oxígeno (hipoxemia). Esta situación, que puede ser común a otras patologías respiratorias, según la Global Iniciative for Chronic Obstructive Lung Disease (GOLD), en la EPOC se certifica a través de un registro espirométrico que muestra una relación menor a 70, al dividir el flujo espirado forzado en el primer segundo (FEV1) y la capacidad vital forzada (CVF).
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Prevención y manejo de la bronquitis.
Evitar el tabaquismo y respirar aire no contaminado de partículas y gérmenes. En los empujes agudos de bronquitis, tratar la infección bacteriana y viral lo más precozmente posible, guardar reposo y realizar un adecuado manejo de las secreciones bronquiales,