DURAZNO | VÍCTOR RODRÍGUEZ
Una escuela rural que estuvo a punto de ser rematada por la bajísima inscripción -sólo acudía un alumno- fue transformada en escuela de alternancia de granja, jardinería y bosques y recibe a 57 jóvenes con dificultades físicas y de aprendizaje.
Estos jóvenes, de ambos sexos, retomaron los estudios y aprenden oficios del campo. El edificio fue remodelado y algunas instalaciones y ampliaciones hechas a nuevo entre la intendencia de Durazno y la Universidad del trabajo del Uruguay (ex UTU), que puso en marcha el proyecto en el año 2005.
Los resultados del proyecto están a la vista. Tras pasar por la escuela 52, algunos alumnos han retomado la educación normal. "Salen con una estima más alta que les permite enfrenar otra vez la educación media. Hay alumnos que están haciendo talleres de UTU, o cursos de peluquería, tornería, liceo nocturno; eso les va a permitir insertarse laboralmente", dijo la directora Silvina Alonso.
Los alumnos de la escuela 52 se muestran felices. La convivencia se realiza los días miércoles y jueves. Los trasladan en un ómnibus donado por la embajada de Japón y en la escuela los esperan los "caseros" (un matrimonio de ex alumnos del centro) con chocolate caliente y pan con dulce de membrillo.
Así comienza una jornada que combina clases a cargo de una maestra de enseñanza primaria y trabajos de campo. Los chicos son distribuidos en tres grupos. Uno de ellos se dedica al aprendizaje curricular y los otros dos son orientados por técnicos y personal especializado en tareas agropecuarias, maquinaria y lechería. Cultivan en chacras de invernáculos que ellos mismos realizan desde los canteros hasta la cosecha final.
Los chicos tienen desde 12 y 13 años a 27 y 28 años: "sobre todos los egresados de escuela especial que ya son adultos".
Cristina Figueredo, secretaria de la escuela, comentó que acuden al lugar "ex alumnos de escuela especial con buen nivel de funcionamiento; tenemos alumnos que terminaron sexto en escuelas rurales de la zona y desertores de los niveles secundarios, liceo o UTU".
"Llegan a la escuela con un nivel de fracaso bastante grande, que tenemos que aprender a manejar y adaptar el currículo de la escuela a ellos. El maestro realiza un trabajo muy especial, adaptando el currículo, que es abierto, a las capacidades de cada alumno".
Matías tiene 17 años, presenta dificultades intelectuales, pero un gran apego por el laboreo de la tierra. "Yo planté lechugas y acelgas, riego el cantero cada tanto y lo cuido de las hormigas", señala. Javier Barragán, con síndrome de Down, prefiere los almácigos: "tengo tres canteros míos, me gusta regar las plantas y manejar el tractor". Martín Benítez (17) y Aníbal Josué (17) abandonaron el liceo y coinciden en sus expectativas laborales. "Nosotros lo que queremos después es conseguir trabajo", señalan.
NECESIDADES. La mayor necesidad actual de la escuela 52, además de más mobiliario, es otro docente o un técnico forestal. "Podríamos agregar otro día; nuestra intención es que vengan más días. Se reforzaría el hábito de convivencia, todo lo que es autonomía personal social, cumplir las tareas con más responsabilidad para ellos y para nosotros; manejarían sus potencialidades de otra manera", comentó Figueredo.
Contra el ocio mal utilizado
Ubicada sobre ruta 100, en el paraje Costas de Cuadra, a 35 kilómetros al este de la ciudad de Durazno, el lugar es sinónimo de dedicación y armonía. Las historias personales y la integración entre alumnos, docentes y vecinos, cobran vital importancia. "Así los chicos y chicas se sienten comprometidos en algo que les dé resultado y que les ayude a la inserción laboral, a combatir el ocio mal utilizado", manifestó la directora Alonso.