Estrés provocado por una mudanza

| Lleva alrededor de un mes volver a sentirse en casa

Problemas de sueño e irritabilidad son sólo algunos de los síntomas por los que varios pacientes llegan a la consulta de Jade Ortiz, presidenta de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Y en varias ocasiones, la experta descubre que detrás de estos problemas hay un factor común: un cambio de casa.

Nada raro -dice Ortiz- si se toma en cuenta que embalar, empacar y ubicar todo en un nuevo lugar no es el único trabajo detrás de una mudanza.

Volver a acomodar las rutinas, recalcular las nuevas distancias, aprender a reconocer los nuevos ruidos y, muchas veces, acostumbrarse a una nueva vida en pareja son también parte fundamental de un cambio de casa. Y esos detalles -dice la experta- provocan un fuerte desgaste.

"Hay distintos niveles de estresores. La muerte de un hijo puntúa como uno de los más altos; luego vienen los accidentes o enfermedades catastróficas. Y entre los estresores medianos está el cambio de casa, que implica moverse de la seguridad donde armaste tu vida".

Por otro lado -agrega la experta-, las mudanzas están llenas de estresores cotidianos (como cambiar la dirección de las cuentas o poner la casa en orden) cuya suma también provoca consecuencias. El sólo hecho de volver a encontrarse con objetos cargados de historia también puede provocar un "remezón emocional". "Es normal estar más melancólico, porque al armar cajas uno se encuentra con objetos que tenía olvidados, objetos con una carga afectiva", dice la psicóloga Paula Sáez.

Sáez también recuerda que el estrés del cambio de casa dependerá de los motivos por los cuales se produce el traslado. "No es lo mismo cambiarse porque es un deseo que porque corresponde a una crisis. Además, hay personas que viven con mayor dificultad estos eventos".

Para lograr alivianar la carga propia de un traslado, Ortiz sugiere que es necesario darse tiempo: "Es buena idea pedir permiso en el trabajo, porque los estresores cotidianos van a subir en esos días. También es bueno conversar sobre lo positivo y negativo del cambio".

"Además, hay que tener en cuenta que toda experiencia de cambio es una posibilidad de detenerse y crecer. Por eso, al embalar hay que aprovechar de hacer una autorreflexión analizando cómo ha sido la vida que se ha tenido en ese lugar", dice Sáez.

La psicóloga también agrega que no hay que olvidar que el cambio es un proceso que no se puede apurar. "Hay que recordar que el cambio de casa no es sólo físico, sino también de vivencia, y que volver a habitar un lugar toma su tiempo. Hay investigaciones que indican que para volver a habitar un espacio, para volver a sentirlo un hogar, hay que darse a lo menos un mes".

EL MERCURIO/GDA

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