"Es mentira que mano dura baje delitos"

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Con cientos de artículos y decenas de libros publicados -el último "Primero la gente", junto al premio Nobel de Economía Amartya Sen-, Bernardo Kliksberg ha reflexionado sobre la realidad latinoamericana y la incidencia de la pobreza, entre otros temas. Es un firme opositor a las políticas de mano dura policial para combatir la inseguridad ciudadana. Sostiene que están destinadas al fracaso, puesto que la base del delito está en amplios sectores a los que la sociedad no les ofrece posibilidades de integración. Dice que la alternativa es la inclusión, la que pasa fundamentalmente por políticas públicas de fortalecimiento de la familia, el empleo y la educación.

Eduardo delgado

-En Uruguay el tema de la seguridad ciudadana es de los que más preocupa a la población. A su entender ¿se refleja una realidad que también es de la región?

-La criminalidad ha ascendido significativamente en la región. Actualmente hay 30 homicidios cada 100 mil habitantes de población por año y para tener una idea comparativa, en los países nórdicos hay menos de un homicidio cada 100 mil habitantes por año.

Lo más alarmante es que desde el año 1980 a la actualidad la criminalidad se ha duplicado. La situación es muy diferente según el país de América Latina que se tome, uno de los errores muy importantes es meter todo en una misma bolsa. Pareciera que hay un solo tipo de criminalidad.

-¿A cuáles tipos de criminalidad se refiere?

-Hay por lo menos dos tipos con una dinámica totalmente diferente. Uno es la criminalidad del crimen organizado, o sea las grandes mafias, los grupos de secuestros, el narcotráfico. Esa criminalidad ha crecido a nivel mundial y hay que aplicarle el máximo peso de la ley. Una sociedad tiene que defenderse contra los grupos horrorosos de la droga y del secuestro. Pero hay otro tipo de delincuencia, que es la de jóvenes excluidos por la sociedad, que están acorralados porque no tienen alternativa de ingreso en el mercado de trabajo y han debido desertar del sistema educativo. Esa criminalidad ha ascendido directamente en correlación muy robusta con el ascenso de la exclusión juvenil en América Latina.

-Uno de cada cuatro jóvenes está en esa situación.

-Sí, y su situación no tiene nada que ver con su propia voluntad. Son chicos que han nacido en hogares por debajo de la línea de la pobreza, donde globalmente han tenido una salud y alimentación precaria, han salido a trabajar desde pequeñitos para agregar algo al hogar y con familias muchas veces desarticuladas. No han podido completar la primaria o, en todo caso, la secundaria. Solo uno de cada dos muchachos completa la secundaria en América Latina y sin ella no tienen chances en el mercado de trabajo formal. Por lo cual están fuera de la sociedad, son vulnerables al delito si la sociedad no tiene políticas para ofrecerles una salida.

-Uno de los planteos frecuentes de diferentes sectores es la "tolerancia cero", término que popularizó el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Guliani. Se demanda aplicar una política de "mano dura" policial. ¿Usted qué piensa de esa alternativa?

-Si la sociedad los trata del mismo modo que trata al crimen organizado, con la llamada mano dura, agrava la situación de estos jóvenes. Hay que distinguir el crimen organizado, que requiere una respuesta vigorosa de la sociedad, y esta delincuencia juvenil que surge por el fracaso total de nuestra sociedad en darles las oportunidades más mínimas a un sector muy importante.

-¿Hay forma de revertir esta situación?

-Los jóvenes son absolutamente rescatables, redimibles, incorporables a la sociedad y los que están fallando no son ellos sino nosotros, que no los ponemos en la agenda y los estamos mezclando indiscriminadamente con el crimen organizado.

Si las sociedades lograran incluir a los jóvenes, le quitan base social al crimen organizado; las bandas se van a quedar sin miembros.

La sociedad no está haciendo lo suficiente en América Latina, por eso no hay políticas de inclusión juvenil importantes, tampoco para terminar el secundario, ni de fortalecimiento de la familia, que es fundamental para reducir la criminalidad.

Uno de los clisés más negativos en nuestra sociedad es la idea que los jóvenes no son rescatables, que están destinados al delito y que formar parte de grupos delincuenciales es una decisión individual. Pero es una decisión individual que viene empujada por la exclusión social. Finalmente se reúnen en pandillas, porque no hay ningún núcleo social que los albergue.

-Pero la seguridad y no la atención a ese sector es lo que prima en la agenda pública.

-En algunas sociedades latinoamericanas hay psicosis. Las cifras de criminalidad han subido, pero la percepción colectiva es, en muchas sociedades, muy superior a la realidad, alimentadas a veces por los medios que sólo muestran el crimen y no la solución y sin querer le dan terreno a la mano dura, que es interesada.

Sectores muy reaccionarios están cultivando la mano dura porque es su última plataforma electoral. La mano dura promete muy rápidamente terminar con el delito, eso es una mentira. Ningún país donde se ha aplicado la ha revertido. El delito joven viene por la falta de educación, trabajo y familia, fundamentalmente.

Policías duros, sólo ganan su reemplazo

Para Kliksberg, la "mano dura" no soluciona los problemas de seguridad ciudadana y entre los más perjudicados por su aplicación están los jefes de policía y la policía en general. "Le encomiendan a los jefes de policía una misión imposible, no controlan las variables que generan las bases sociales del delito y les piden que terminen con esas bases", afirmó. "Entonces todos los jefes de policía, en un enfoque de mano dura, están predestinados a ser reemplazados muy rápidamente, porque pagarán el fracaso y no controlan ni influyen en las variables centrales que alimentan el delito joven: el empleo, la educación y la familia", agregó.

Para Kliksberg, "las correlaciones estadísticas son terminantes: si baja la tasa de desocupación juvenil baja el delito, si aumenta el número de años de escolaridad baja el delito, si hay más familias integradas baja el delito".

Señala que en Uruguay dos terceras partes de los delincuentes vienen de familias con un solo cónyuge al frente, "según muestra un excelente estudio de Ruben Kaztman".

Considera que, "hay que incluir, hay que dar oportunidades de educación, trabajo, de dignidad y ahí bajan las cifras del delito".

Recordó que países como Finlandia, Dinamarca y Suecia tienen menos de un homicidio cada cien mil habitantes por año, frente a los 60 de San Pablo y a los 6 o 7 de Uruguay. "Es porque la inclusión es total, Finlandia y Noruega tienen el menor número de policías por habitante del planeta, entonces no es la masividad policial la solución sino la inclusión", asegura.

Para afrontar la pequeña delincuencia, Kliksberg resaltó las experiencias de Boston y San Diego, "las ciudades más avanzadas del mundo en seguridad ciudadana, donde una coalición entre el alcalde, la sociedad civil, las organizaciones religiosas -que son de las pocas que se han preocupado por el tema- tienen llegada a los jóvenes marginados y a la policía, para prevenir y montar esquemas de inclusión social".

Perfil

Nombre: Bernardo Kliksberg.

Nació: En Argentina.

Otros datos:

Sus publicaciones han sido traducidas al inglés, chino, ruso, árabe y hebreo.

Un referente de Tourné

El pensamiento de Kliksberg en materia de seguridad ciudadana es de referencia para la ministra del Interior, Daisy Tourné. Es asesor especial de la ONU, OEA, BID y otros organismos internacionales. Asesoró a más de 30 países, y a presidentes, ministros, congresos, organismos de la sociedad civil y empresariales. El miércoles a la hora 10.45 dará una conferencia en el Paraninfo.

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