La ciencia articula un lenguaje común entre médicos y psicólogos desde una nueva disciplina, la "psiconeuroinmunoendocrinología" (PNIE). Esta surge de la observación de científicos que entendieron que existen aspectos de las enfermedades que no están dentro de las previsiones de la medicina ni de la psicología clásicas.
Se observó que un estómago responde distinto en una persona ansiosa que en una tranquila; que un intestino se comporta diferente cuando hay factores anímicos que lo modifican; y que el corazón y los vasos sanguíneos no responden sólo a una causa orgánica, sino que hay otros factores que inciden y que están relacionados con el sistema nervioso y con la psiquis a través de él.
Una médica y una psicóloga uruguayas, Ileana Algazi y Margarita Dubourdieu que pertenecen a la primera generación egresada de la Maestría en PNIE de la Universidad Favaloro de Buenos Aires, practican la nueva disciplina en Montevideo con sorprendentes resultados.
"El ser humano es una totalidad y por lo tanto, cuando queremos abordar los aspectos relacionados con la salud, no podemos desglosar lo físico de lo psicológico ni de lo espiritual que hacen a su sentido de vida y a sus propósitos", dice Algazi que llegó a la PNIE desde la medicina al encontrar frecuentemente pacientes con patologías en las que "indudablemente estaban incidiendo otros factores que iban más allá de lo físico".
Desde la psicología, la experiencia también demostró a Dubourdieu que personas que estaban mucho tiempo con depresión, tristes, insatisfechas o con alteraciones anímicas, empezaban a tener síntomas orgánicos, desde fatiga y desgano hasta otras alteraciones inmunológicas y de otros órdenes.
En consecuencia, tanto desde la medicina como desde la psicología se comprobó que el ser humano no se puede compartimentar y ver por separado. Dubourdieu explica que "no es que haya un origen psicológico de las enfermedades o al contrario; es una interacción de factores que se combinan y confluyen para dar un resultado, que se puede expresar tanto en el organismo como en la parte anímica".
LA PUNTA DE LA MADEJA. Quienes trabajan en el área oncológica sostienen que, al explorar en la vida de los pacientes unos dos años hacia atrás, se encuentran elementos trascendentes ocurridos en la vida de esas personas. Advierten que no es casual que ese tipo de situación preceda, en un lapso variable, a la presentación clínica de un cáncer.
"Esa fue una de las puntas de la madeja para estudiar este tipo de fenómeno", señala Dubourdieu que trabaja con pacientes oncológicos. "Lo que se ve mucho es el estrés crónico por vivir mal, por vivir angustiado, deprimido, insatisfecho, en tensión. Esa cronicidad de vida durante tres, cinco o más años, inevitablemente favorece la manifestación de una enfermedad. No decimos que sea la única causa, pero coadyuva".
ABORDAJE. Cuando llega un paciente a la consulta con un trastorno orgánico —no importa de qué índole— se abordan distintos aspectos.
Por un lado se analizan aquellos factores que pueden haber favorecido la aparición de la enfermedad. "Conversamos con el paciente que probablemente está tomando una medicación porque se está tratando, pero hay un factor que sigue incidiendo negativamente y que continúa favoreciendo la enfermedad, exacerbando los síntomas y agravándola", explica Dubourdieu. "Muchas veces son problemas de convivencia, temas familiares o laborales. Otras veces son problemas que tienen más que ver con la persona misma y su manera de ser. Pero en todos los casos se busca la manera de superarlos".
El equipo también trabaja con las consecuencias que tiene la propia enfermedad sobre el paciente y con el impacto que produce el diagnóstico. "Hay que contemplar todo para tratar de elevar la calidad de vida del paciente porque sabemos que, en la medida que se disminuya el factor de estrés, se favorecen los objetivos terapéuticos propuestos desde el punto de vista médico", dice la psicóloga mientras explica que es frecuente ver personas con una mala tolerancia a la quimioterapia por situaciones anímicas que no están contenidas.
"Un diagnóstico no es el sello absoluto ni definitivo de lo que va a ser el futuro del paciente", dice Algazi, "en general la persona ve la luz roja encenderse frente a un diagnóstico, pero tiene que saber que el abordaje de su enfermedad no consiste estrictamente en hacer un tratamiento biológico, sólo tomando medicación". Sostienen que el paciente tiene una gama mucho más amplia de actividades que lo llevan a potenciar sus recursos como persona y que al mejorar lo anímico, potencia su inmunidad, su equilibrio hormonal y su respuesta neurológica.
Advierten que no es suficiente que el médico, el psicólogo, el asistente social u otros especialistas trabajen con la persona. Lo importante es que "reconociendo el área específica de trabajo de cada uno de los especialistas que participan en el tratamiento, todos tengan una visión global y de conjunto de la persona como un todo. No deslindando partes: yo me ocupo del pulmón y tu de la mente", dice Algazi.
CREAR SALUD. Muchos pacientes son derivados a un taller que se orienta a la creación de salud.
Allí la persona encuentra las fuentes que le pueden hacer sentir bien y reconoce otras que le hacen mal. De esta manera se potencia todo lo positivo que ya estaba dentro del paciente, pero que quizás no había identificado.
Algazi explica que con esos recursos se trabaja para elevar el tenor de bienestar a través de todos los equilibrios y de todas esas cosas que, desde la ciencia, se reconocen como favorables para el sistema inmune, el equilibrio hormonal, el equilibrio neurológico y nervioso.
Cuatro testimonios de un cambio de actitud
PATRICIA. En el 2000 me apareció un tumor maligno. Cuando me enteré fue horrible porque yo tengo formación científica y creo que es peor porque sé cómo es un tumor, cómo actúan las células, cuál es el tratamiento, etc. En casa siempre se habló con naturalidad de los tumores malignos hasta que me tocó a mí.
Como soy esposa de médico, fue todo rápido, en quince días me operaron y después el cirujano me dijo que iba a completar el tratamiento. De a poco lo fui asumiendo. Cuando fui a la primera consulta con estas especialistas, salí con otra visión, porque para mí un tumor maligno es un grupo de células que tiene una evolución, una relación, etc., etc. Pero por suerte con una concepción científica también pude contemplar otros aspectos y encarar la vida y la actividad de otra manera. A raíz de la enfermedad no pude ejercer más mi profesión, pero encontré algo que me llena la vida de otra manera: la jardinería.
BEATRIZ. Hace unos 25 años me diagnosticaron una colitis ulcerosa crónica. Empecé un tratamiento bien encaminado cuando accedí en forma particular. Pero la situación era difícil, tenía recaídas muy frecuentes, me ponía nerviosa, estaba preocupada y emocionalmente mal. Accedí a un tratamiento psicológico cuando me tuve que operar y pude salir del trance y llegar a la operación un poco más tranquila y apoyada.
Luego me vinculé a esta forma de tratamiento y me dio vuelta todo.
Pasé de años de haber sido sólo medicada a conocerme y saber cómo manejar la situación. Yo considero que mi enfermedad tiene como un 80% o 90% de emocional. Es una enfermedad crónica, pero ya no le tengo miedo porque sé como dominarla. Hace como tres años que no tengo empujes. Hoy puedo decir que estoy bien.
JUDITH. Más que mi problema de salud a mi me dejó muy mal la radioterapia, y algunos problemas familiares que me bajaban el ánimo. La psicóloga hizo una entrevista con toda la familia, y de a poco las cosas se solucionaron. Yo tuve confianza en la psicóloga, me atendió, la escuché, me sirvió y a través de ella yo empecé a ir a un taller de salud en la Universidad Abierta Uni 3. Ahora salgo de la clase, camino tres cuadras para tomar el ómnibus y voy sintiéndome con otra perspectiva. Nos enseñan muchas cosas, te transmiten energía, uno recibe eso que se da con amor y salís muy muy bien.
ANA. Viví situaciones muy estresantes por problemas familiares serios durante muchos años. Llegó un momento en que tuve que pedir ayuda profesional por problemas de violencia familiar. Empecé a tener diarreas, perder sangre y peso. Estaba muy angustiada. Durante mucho tiempo el médico me decía que lo que tenía era nervioso y no me daba importancia, pero en realidad tenía colitis ulcerosa. Me mandaron un medicamento de por vida, me internaron. Anímicamente quedé muy mal. Yo hablaba con una amiga que tenía lo mismo que yo y ella me decía lo que tenía que hacer porque el médico no me había explicado nada. Me manejé con la experiencia de ella. Fui a un psiquiatra que me dio remedios que sentía que me hacían mal.
Este tratamiento me ayudó mucho a manejar la situación familiar y me siento más segura. No tengo los temores que tenía en aquél momento y me di cuenta que si me ocupo más de mí y no desatiendo mis necesidades, estoy mejor para enfrentar todo lo demás. Ahora me siento bien, no he tenido más empujes y sé que a la enfermedad la puedo manejar. Este tratamiento fue importantísimo.