En Villa del Carmen sospechan lo peor

Dos muertes trágicas. El caso de dos niñas que murieron asfixiadas por bolsas de nylon comienza a dar un giro. En el pueblo todos creen que fue un crimen. Dos padres buscan justicia

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RENZO ROSSELLO

Nara (5) y Agustina (2) murieron asfixiadas por bolsas de nylon. La madre estaba en la puerta de la casa tomando mate con una amiga cuando esto ocurrió. El caso sacudió a Villa del Carmen hace un año. La investigación ahora puede dar un giro.

Toribio Díaz (58) es un hombre sencillo y corto de palabras. Es el padre de las dos niñas y desde el 13 de julio de 2011 comparte con la mayoría de los habitantes de Villa del Carmen una sospecha atroz: que la muerte de las pequeñas no fue un trágico accidente.

El reclamo por la tenencia de las niñas había comenzado mucho antes de ese desenlace. Díaz continuó presentando escritos ante la Justicia -muchos de ellos con la firma de varios vecinos de la ciudad duraznense-, pero ahora con el fin de conocer la verdad.

"Yo presenté un montón de escritos al juzgado, pedí pericia psiquiátrica, pedí que averiguaran las llamadas que hizo (la madre) desde el celular para saber con quién había hablado, nunca tuve una respuesta del juzgado. Yo quiero justicia", dice Díaz. Y esa búsqueda lo condujo hasta el vidente Marcelo Acquistapace, un mentalista que ha colaborado con la Policía en varias investigaciones.

"Yo tomé contacto con el caso cuando el papá de las nenas me vino a ver para preguntarme si había alguna forma para que yo pudiera ocuparme del caso. No sabía mucho del tema, pero empecé a buscar información. Fue así que me enteré de que la mujer, la madre de las nenas que había sido pareja de este hombre, ya había perdido otro hijo en circunstancias muy parecidas", relató a El País Acquistapace.

Una circunstancia que todos tienen presente, incluido Gustavo Gómez (38), padre del primer niño fallecido. Al saber de las muertes de las pequeñas se reavivaron sus sospechas, que permanecían como un nudo en su interior desde hacía unos seis años.

Los dos padres esperan justicia. El caso está en manos de la jueza letrada Mirta Bobadilla, que el 13 de abril pasado hizo una reconstrucción del hecho. La magistrada volvió a interrogar a la madre de las niñas, a la amiga que estaba con ella y a la vecina de enfrente que acudió en auxilio y llamó a la emergencia médica.

Fuentes de la investigación aseguraron que del curso de la indagatoria surgieron nuevos elementos y que estos podrían cambiar el enfoque que tenía hasta ahora. Las fuentes señalaron que el médico forense Eduardo Orrico halló indicios que echarían por tierra una muerte por accidente. Los análisis ya habían revelado la presencia de alcohol en sangre de la niña más pequeña. Este detalle fue también advertido por el psíquico Acquistapace cuando empezó a abordar el caso.

Impacientes por conocer la verdad Toribio Díaz y su hija mayor, Pilar, fueron el viernes al Ministerio del Interior, en primer lugar, y luego a la Suprema Corte de Justicia. "En el Ministerio nos explicaron que podían darnos todo el apoyo que se necesitara, con el equipo de Delitos Complejos y lo que hiciera falta, pero que de nada servía si la Justicia no pedía este apoyo", explicó Pilar Díaz. En la Corte, empero, los ministros les pidieron unos días para recibirlos en audiencia, ya que la crisis carcelaria los está ocupando en forma intensa.

HERIDA ABIERTA. "Uno nunca quiere pensar en lo peor, pero acá todo parece decir que es así", dice Núber Medina, el alcalde de Villa del Carmen.

El poblado de unos 3.500 habitantes ubicado a unos 50 kilómetros de la capital del Yí fue sacudido por estas dos muertes como por una descarga eléctrica. La noticia corrió como un bólido a la hora de la siesta de aquel 13 de julio. Cuando la ambulancia llegó con las niñas a la policlínica ya estaban muertas.

Pero apenas los habitantes del Carmen, como todos se refieren a la localidad, se sobrepusieron al primer golpe comenzaron a mirar inquisitivamente hacia la madre de 28 años. Todos recordaron enseguida el otro caso.

"La gente del Carmen no está convencida para nada que haya sido un accidente. No es uno son tres los niños que murieron y casi en las mismas condiciones", dice Medina.

Un cúmulo de coincidencias entre ambos casos alimentan las sospechas. El pequeño Matías, con un año y ocho meses, murió el 1° de septiembre de 2005 asfixiado cuando tomaba la mamadera. La madre cursaba el embarazo de Nara y ya estaba separada de su esposo Gustavo Gómez. Cuando fallecieron asfixiadas Nara y Agustina, también estaba ya separada de Toribio Díaz y comenzando una relación con otro hombre.

"Hallaba raro lo que pasó, porque fue una cosa tan de golpe, además era un niño tan vivo, fue raro", dice ahora Gustavo Gómez a la puerta del almacén ubicado al frente de su casa, el lugar que él mismo construyó frente al complejo del plan Mevir donde vivió con su ex pareja. Sus otros tres hijos -Daiana de 10, Lourdes de 11 y Héctor de 12- viven con él desde la muerte de sus hermanitas el año pasado.

El complejo de viviendas, el primer plan Mevir que tuvo Villa del Carmen, alberga un total de 73 viviendas. La que ocupaban Gustavo, su joven esposa y los cuatro niños está en una esquina del barrio. Una casa pequeña con las paredes blancas que han sido ganadas por la grisura y el abandono desde que quedó vacía en julio de 2011. Ni Gustavo, ni Toribio han vuelto a poner los pies en ella, tampoco la mujer que se mudó a otra localidad dentro del departamento y mantiene su empleo en un aserradero.

"Todo esto que tengo ahora, el almacén, la casa, me lo hice yo. Empecé con un quiosco y terminé con esto, pude hacerles un lugar a los chiquilines para que estén cómodos", dice Gómez señalando la finca a sus espaldas. Aunque pasaron seis años de su muerte, cada vez que habla de Matías baja la vista y se le quiebra la voz.

Algo parecido le pasa a Toribio Díaz cuando coloca junto a su pecho las fotos de las dos niñas. Díaz mantiene una respetuosa relación con el exesposo de la madre de sus niñas, ninguno de los dos habla con recelo del otro.

En el pueblo, en tanto, las miradas de simpatía se dirigen a estos dos hombres. Varios de los vecinos consultados coinciden en que los dos estaban constantemente preocupados por los niños y que, en cambio, la madre los descuidaba en forma constante. El descuido y la falta de higiene fueron constatados por funcionarios de INAU que inspeccionaron la vivienda a instancias de los reclamos que hacía Díaz.

"Mi padre estaba tramitando la tenencia de las niñas porque ya veía lo que iba a pasar. Siempre se preocupaba por llevarles comida, le había comprado un lavarropas pero más de una vez vio en la casa la ropa sucia apilada, pudriéndose. Las criaturas no comían, una noche se le aparecieron las hermanastras más grandes, con la chiquita en brazos, porque la madre no estaba y ellas no tenían qué comer", cuenta Pilar Díaz.

Varios vecinos consultados por El País en Villa del Carmen corroboraron que al día siguiente del sepelio de las niñas la madre se fue a bailar en compañía de su nueva pareja.

MEDEA. "El síndrome de Medea tiene la misma caracterización del síndrome de Diógenes, que empezó a conocerse un poco más ahora", explica el psiquiatra Pablo Trelles, ex director de servicio del Hospital Vilardebó, también vinculado a la actividad forense y actualmente volcado a la actividad privada.

Trelles se interesó espontáneamente en el caso al enterarse por la prensa. "Este caso me llamó mucho la atención desde que lo leí en la prensa, por eso traté de buscar mayor información, es muy raro todo lo que sucedió", señaló Trelles a El País. El psiquiatra se excusó de abrir cualquier tipo de juicio sobre la madre de los niños, "para eso necesitaría entrevistarla". De todos modos el profesional sigue el caso con extremo interés.

Si bien no está probado cualquier grado de responsabilidad de la mujer, Trelles no deja de señalar su extrañeza. Y recuerda el síndrome de Medea. Este síntoma refiere a los casos en que una madre mata a sus hijos para vengarse o llamar la atención de su cónyuge. El nombre proviene de la tragedia Medea, de Eurípides. Este fenómeno fue estudiado por psicoanalistas de la talla de Jacques Lacan. De todos modos, Trelles prefiere manejarse con los términos clásicos de la psiquiatría.

"La aparente indolencia de la madre, según lo que cuentan ya que a mí no me consta directamente, estaría demostrando que allí hay un problema aún en la hipótesis de que se haya tratado de muertes accidentales", comentó el profesional.

Todas las preguntas están planteadas y a casi un año de las dos trágicas muertes aún no hay respuestas. En Villa del Carmen el recuerdo de estos niños sigue anudando gargantas. (Producción: Víctor Rodríguez)

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