PUNTA DEL ESTE | CESAR BIANCHI
Luis Francisco Dotto (48) era un "pibe" de barrio de tierra adentro de Argentina, de Paraná, Entre Ríos. Pasaba metido entre los "fierros" de los autos, todo engrasado, porque esa era su pasión. A los 14 años se fue de la casa de sus padres para asumir el desafío de irse a vivir solo a la capital. Dos años después le propusieron ser modelo y tras vencer sus propios prejuicios, aceptó.
Sin darse cuenta, después de algunos fracasos financieros, se encontró al frente de un grupo de 60 extras que reclamaban la paga de un comercial. Allí comenzó su carrera como manager. Hoy, desde su renombrada agencia en el hotel Cipriani de Manantiales asegura que: "Podrán imitarme, pero nunca igualarme".
—¿Cómo comienza su oficio?
—Mi oficio es muy difícil de explicar. Me acaban de decir cómo va a ser el título de una nota que me hicieron en Para Ti, que dije yo: "Me podrán imitar, pero nunca igualar". Este oficio no se aprende en ningún lugar. Tiene que ver con un sentido estético importante, con el que uno nace.
—Usted antes era modelo ¿Cómo llega a "manager"?
—Yo era un joven que vivía en Paraná y un día se fue de su casa a los 14 años. Hasta ese momento viví en 14 lugares distintos. Mi padre es retirado de Prefectura. Empecé a trabajar por decisión propia en un taller de autos. Empecé lavando y engrasando autos y arreglando cajas de cambio. Cuando yo tenía 16 años me encontró un hombre y me propuso trabajar como modelo. Yo le dije que no, porque venía del interior y tenía prejuicios. Pero me quedé con su tarjeta y unos meses después empecé a trabajar como modelo en Brasil. Después volví a Buenos Aires y trabajé para Levi’s a los 16 años. Pero nunca dejé de vender plantas, máquinas de coser, puse un negocio en Villa Gessell, fabriqué ropa y tuve un restaurante. A los 29 años perdí todo mi dinero. Hasta que un día fui a hacer un aviso en globo aerostático en San Martín de los Andes. Como no se podía inflar porque había viento en vez de quedarnos dos días estuvimos 20. Ahí comencé a negociar la plata mía y de otros 60 extras. Así empecé a representar gente.
—¿Hace cuánto tiempo que maneja modelos?
—En setiembre, cuando yo cumpla 49 años, se cumplirán 20 años. Es un largo camino, porque hace 20 años que no me tomo vacaciones. Estoy mandando gacetillas, detectando chicas, viendo qué hay que cambiar, qué clientes las puede necesitar, no sólo de Argentina y Uruguay, sino de México, de Perú, de España, de Estados Unidos.
—¿Cómo es el mundo del modelaje?
—El mundo del modelaje es un mundo que me resultó difícil de profesionalizar, me costó que el cliente entienda que lo mío es un trabajo. Cuando yo empecé, creían que una modelo era una chica que iba caminando por la calle. Es muy difícil educar profesionalmente a la gente, sobre todo por la insatisfacción de lo obtenido. Antes para que una chica fuera tapa de Para Ti era un trabajo bestial. Era un logro impresionante. Hoy una chica es la tapa de una revista, y sí, le gustó, pero ya se olvidó y quiere más. Antes, eran tapa y por dos semanas se hablaba de eso.
—¿Qué criterios utiliza para seleccionar chicas? ¿Es verdad que llega a una estación de servicio a poner nafta y ve a una chica despachando...?
—...y se convierte en Katya Fucks. Ella trabajaba en una estación de servicio, la madre envió unas fotos y me encantó. Vino a una entrevista de trabajo conmigo, con todas las manos lastimadas de su trabajo y cuando le dije que iba a trabajar como modelo, quiso pedir a la estación que la trasladaran a la capital. Yo le tuve que explicar que ya no iba a trabajar de eso.
—¿Va por la calle mirando las chicas con ojo clínico?
—Sí, sí, tengo un ojo entrenado. Yessica Toscanini me gustó la primera vez que la vi. Es tan linda como Cindy Crawford, pero tiene cuerpo más de modelo. Cuando yo la conocí no tenía plata ni para el colectivo, y ahora le está construyendo una casa para los padres en la playa.
—¿Cuáles son los criterios de selección?
—No hay. Hay algo que yo siento, como sentí con Jessica, o como sentí con Bárbara Durán, con Dolores Barreiro, Valeria Mazza, Deborah Del Corral, Carolina Peleritti, Carola Del Bianco... es ese impacto que llega. Yo no sentí ese impacto con todas, lo he sentido con unas 25 o 30. Para la última selección se presentaron 10 mil jóvenes.
—De esas 10.000, ¿cuántas quedan seleccionadas?
—Quince. Yo veo personalmente unas 6.000. Estoy casi todo el año seleccionando. Ahora el próximo lo voy a empezar en abril. Hay una chica que me gusta mucho, tiene 14 años y es uruguaya, de Colonia. Quedó dentro de las 30 chicas. No quedó entre las mejores 15, pero puede quedar este año 2004. Es muy linda chica. Creo que en Uruguay no se ha hecho una búsqueda como la que hay que hacer. Sin distinción de clases.
—¿Nunca le dieron ganas de conducir usted mismo el desfile, de ir relatándolo?
—No, no. Vos lo decís por (Roberto) Giordano. No soy Roberto Giordano, no quiero ser peluquero, ni conducir mis desfiles. Además, tengo mucho trabajo. Sería ridículo conducir mis desfiles.
—Usted se involucró sentimentalmente con algunas de las chicas que ha representado. ¿Cómo hace para para no perder el profesionalismo?
—Yo me he involucrado... he tenido varios noviazgos con chicas modelos mías, pero nunca escondí nada. Todo lo que ha pasado con mis modelos, que han sido mis novias, siempre lo he dicho. Cuando no lo he podido separar, lo he dicho y lo he mostrado. Mi novia, (la modelo argentina Carolina Gimbutas) que anda dando vueltas por acá, dijo en una revista que si bien es mi novia, admite que no es mi modelo preferida. Ella me oye hablar de Yessica Toscanini, de "Pampita" Ardohain, de Carola Del Bianco, de Liz Solari, de Ivanna Sacanni o de Roxana Zarecki, como mis favoritas. Y todas las que te nombré están antes que ella como profesional.
—¿Quién es la modelo revelación del verano?
—Hoy la modelo del verano, sin dudas, se llama Rocío Guirao Díaz, que es una mujer de menos de 1,70 metros, de un cuerpo espectacular, y es la modelo revelación del verano. Ahora, las que vienen con más fuerza son Liz Solari y Yessica Toscanini, sin dudas.
—¿Le ha costado alejar el alcohol y las drogas de su ambiente?
—En las fiestas hay una hora en la que vos te tenés que ir porque ves chiquitas rusas, por ejemplo, que están muy mal. Más afuera que en Argentina. En el Río de la Plata eso no hay. No es tan abierto como en Milán o París.