EDUARDO CASANOVA
Médico de UCM
El avance tecnológico a lo largo del pasado siglo llevó a que aumentase de modo constante y progresivo su aplicación en el diagnóstico médico. Desde Hipócrates, el diagnóstico prácticamente no contaba con otros medios que la observación y la descripción clínica, pero la tecnología permitió enriquecer la semiología (ciencia de recolección de síntomas y signos que traducen realidades clínicas), con nuevos medios. Sin embargo, esos avances no hicieron perder vigencia a la semiología, con la que el médico puede utilizar adecuadamente los recursos tecnológicos para complementar la clínica, no para sustituirla.
Los denominados exámenes paraclínicos, o exámenes complementarios, pese a su valor siguen manteniendo su carácter de complemantariedad, y se encuentran "al lado" (para), como información paraclínica. La dosificación de sustancias en el organismo (por el laboratorio), o el recoger imágenes por distintos procedimientos (radiológicos y/o sonoros), siguen requiriendo de una orientación y adecuación a la clínica semiológica.
Los exámenes paraclínicos tuvieron un valor relevante no solo para complementar y documentar el diagnóstico, sino que fueron especialmente útiles sobre la población general, como "métodos de screening", para prevenir y tratar tempranamente diferentes enfermedades. Sin embargo, esta aplicación masiva a nivel de la población general, no puede ser equivalente a nivel individual, en el que el diagnóstico debe priorizarse sobre la confección de una historia clínica personal para cada consulta médica.
Algunos pacientes insisten al médico para que les indique un mayor número de exámenes, o exámenes técnicamente más sofisticados, con la esperanza que con ello se podrá alcanzar un diagnóstico más rápido y certero. Sin embargo, esta actitud a menudo solo lleva a confundir y postergar el diagnóstico, si los exámenes no se han solicitado sobre un coherente planteamiento, que resulta de una historia clínica meticulosamente levantada. Pedir estudios imagenológicos o de laboratorio de modo masivo o protocolizado, como exámenes "de rutina", puede justificarse en un triage aplicado sobre la población general con valor de screening, para descartar enfermedades puntuales. Pero, a nivel individual, además de encarecer el costo asistencial, a veces solo aporta datos irrelevantes, y otras, confunde el diagnóstico.
Un recordado profesor de clínica de nuestra Facultad de Medicina, sostenía que la parte más importante del estetoscopio era la que quedaba entre las olivas, es decir, el cerebro de quien percibía el sonido recogido por el instrumento. Con ello expresaba que lo más importante no era el sonido en sí mismo, transmitido por el estetoscopio, sino la interpretación que de él hacía el médico. El mismo significado tiene el cúmulo de información proporcionada al médico por la tecnología contemporánea.
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