Cuando llega un jefe de Estado a Israel, se acostumbra decorar las calles principales de su recorrido en Jerusalén con banderas de su país. Es una cortesía protocolar con el dignatario que visita la capital del Estado judío. Pero la costumbre tiene a la vez una función local, pues en una ciudad con tanta importancia política, histórica, religiosa y cultural, la población está saturada de atenciones y visitas.
Las banderas de un país amigo marcan la presencia del huésped y previenen a los habitantes de la ciudad que el tráfico puede estar más congestionado que lo normal por causa de las caravanas oficiales que van acompañadas por policías en moto y demás efectivos de seguridad que establece el protocolo.
Los niños de Jerusalén aprenden a reconocer las banderas y otras veces, en casos de visitantes de pequeñas islas en el Pacífico o de países nuevos de la ex Unión Soviética cuyas banderas no son tan conocidas localmente, adivinar a qué lugar corresponde el emblema que acaban de colgar es una especie de juego local.
Pero nadie se había imaginado que podría suceder lo que descubrió el Canal 10 israelí de televisión: alguien se equivocó al hacer la bandera de Uruguay, que está expuesta desde hace días en las calles de Jerusalén. Al comparar la bandera uruguaya que había visto en Beijing durante los Juegos Olímpicos, el reportero vio que en Jerusalén habían puesto una versión algo distinta de la misma.
El problema está concretamente en el Sol de Mayo. La versión malograda muestra un sol de dos colores: amarillo como yema de huevo y rojo flamante. Los rayos están divididos en dos partes, una amarilla y la otra roja.
Además las facciones del sol difieren de la norma: los ojos parecen de un sol desvelado, la nariz es más gruesa, bajo la nariz hay dos arrugas, los labios son más gruesos, el surco en la barbilla es vertical en vez de horizontal y todas las facciones están realizadas en líneas rojas en vez de negras. Además, la expresión del sol está fallada: en vez de satisfacción y calma segura, refleja cierta incomodidad y hasta un malestar general.
No es de sorprenderse pues que -además de todas las fallas de diseño- el fabricante de banderas haya cosido el Sol de Mayo al revés.