El rato en que mandan los niños

Recreo. Es el espacio en que ellos administran su tiempo, sin guía ni tutela docente. Los juegos cambian, pero las ganas son las mismas. La descarga física favorece hábitos sanos

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El País

CATERINA NOTARGIOVANNI

¿A qué juegan los niños en el recreo escolar? La mancha, la escondida, la guerra de cosquillas, el pato ganso, y el poliladron están entre los preferidos. La bolita y el elástico van camino a ser historia.

Tres en punto de la tarde en la escuela Brasil. Suena la campana. Las escaleras que llevan al patio exterior se llenan de niños. Todos quieren llegar primero. Algunos saltan de a cuatro escalones a la vez. Otros se pechan. Los parsimoniosos bajan conversando y abrazados de otro amigo o amiga. Todos van detrás de la misma meta: el recreo. Sólo tienen media hora. Hay que aprovechar.

"¿Jugás?", "¿Jugamos?" Las únicas preocupaciones.

El espacio del patio del recreo es un lugar en el que el niño administra su propio tiempo. Y la tarea de los educadores es brindarle las herramientas que lo enseñen a gestionar por sí mismo ese espacio. Ricardo Lema, docente de Teoría del Juego en la carrera Educación para el tiempo libre y la recreación (Universidad Católica), considera que las escuelas deberían tener a una persona formada en recreación, pero no para que trabaje en el espacio del patio del recreo. Sostiene que de ser así el niño puede terminar sobrecargado de actividades, y el recreo es un tiempo personal para hacer lo que más le guste.

En el Colegio José Pedro Varela eran menos en el recreo. Allí los niños bajan al recreo en tandas de dos o tres grupos.

LA MANCHA. Es el juego más popular en la escuela Brasil y en el Varela. Lo interesante son las variantes. Por ejemplo: la mancha papa frita. "Hay un círculo que hace de sartén, entonces cuando te manchan tenés que saltar adentro y otro tiene que girar a tu alrededor para liberarte. ¿entendés?", explicaron a coro.

Otra variante es la mancha ketchup (pancho para los alumnos del Varela). En este caso el manchado se tira al piso. El que libera le pasa por encima con las piernas abiertas y le pregunta ¿mayonesa o ketchup? la respuesta liberadora es ketchup. ¿Y si decís mayonesa?. "No seas boba, nadie dice mayonesa porque sino no te liberan". Comprendido.

Los alumnos del Varela juegan a la mancha hielo, variedad que explicó claramente Sofía de 6 años: "ella es el hielo y él es el sol. Manchame. Ta, me manchó. Ahora me tengo que quedar quieta. Entonces el sol viene, me toca, derrite al hielo y puedo seguir jugando".

La mancha Pepe, favorita entre los alumnos de ambos centros, es, según dicen, "un poco arriesgada". Las reglas indican que sólo se pueden utilizar los pies para manchar: "nosotros nos matamos y si lloramos a nadie le importa, nos aguantamos. A veces jugamos contra las nenas porque darles pisotones, es muy divertido", dijeron casi a coro Maxi, Nicolás y Pucho, de 10 años. También se juega la mancha cadena, que tiene una lógica sencilla y que parece divertida. El manchado queda pegado al manchador, y juntos salen a manchar a otro, de manera de agrandar la cadena. Además están las clásicas mancha agachadita, mancha estatua, mancha espantapájaros, y la mancha con pelota, más conocida como manchado.

La Rueda del pisotón. Antes de empezar verbalizan un número cada uno para designar a quien empieza. El elegido tiene que saltar y caer sobre el pie del compañero que elija. Pero atención, él y todos deben mantener siempre un pie firme en la tierra. De este modo es más difícil esquivar el pisotón. Viendo la energía que utilizan para levantar altura es de suponer que el pisotón es doloroso. Sin embargo nadie se queja.

Se queja Nelly, con 30 años de maestra: "yo empecé mi carrera con los niños jugando rondas, juegos en el suelo, traíamos juegos de casa; ahora no, incluso cuando se les piden juegos de mesa para el salón los días de lluvia, no tienen. Los Reyes no han venido a traerles juegos, les trajeron el celular".

PATO GANSO. Para este juego se hace una ronda en el piso. El que "la queda" tiene que dar vuelta esa ronda tocando las cabezas de sus compañeros al tiempo que pronuncia la palabra "pato". Así sigue hasta que llega al compañero seleccionado, al cual le dirá "ganso". El "ganso" tiene que levantarse y correrlo alrededor de la ronda. La idea es dar la vuelta rápido para que el "ganso" no lo atrape y sentarse en el sitio que quedó vacío. En ese caso "la queda" el perdedor. Ahora, si el ganso es atrapado la barra le cantará sin piedad: "es un huevo podrido, revuelto y escupido".

Guerra de cosquillas. Juego que goza de popularidad entre los niños de la escuela Brasil. Se juega así como lo explica Federica: "suponete, nosotras jugamos entre las tres. Entonces ella nos tiene que dar diez segundos para que nos escondamos en algún lugar. Cuando nos encuentra empieza a hacernos cosquillas. Para zafar tenemos que escaparnos o hacer cosquillas". En este juego no hay ganadores: "lo que nos gusta es matarnos de la risa con las cosquillas".

La característica más obvia del recreo es que constituye un descanso en la rutina, señaló la especialista estadounidense Olga Jarrett. Para algunos pequeños, ese tiempo puede llegar a ser la única oportunidad de interactuar libremente con sus pares. Además, en ese tiempo libre se transmite parte de la cultura folklórica y se aprende a tomar decisiones, a seguir reglas y a trabajar en equipo.

Para Jarrett, el recreo también se vincula con la salud. Algunos estudios realizados en Estados Unidos señalan que más del 50% de esos minutos libres son utilizados para realizar actividad física, con la consecuencia de desfavorecer la obesidad, la hipertensión infantil y los altos índices de colesterol.

VUELTA AL AULA. Algunas maestras utilizan las reglas de la meditación para "bajar las revoluciones" levantadas durante el recreo.

Para ello utilizan una música suave, les piden que respiren profundo y que cierren los ojos por unos minutos. Recién entonces la clase retoma su cauce y los alumnos se sumergen en el saber, pensando, tal vez, en el recreo de mañana.

Claves que disimula lo lúdico

El argentino Víctor Pavia es un investigador que se ha dedicado al estudio de los juegos en el recreo. En unas jornadas Pavía halló "inusitado interés de los colegas por aprender nuevos juegos, por incorporar nuevos conocimientos sobre el jugar. Sin embargo, cuando se le pedía cierta información acerca de los juegos de sus alumnos en sus escuelas, las respuestas ponían en evidencia cierta dosis de desconocimiento y prejuicios". Según Pavía, aspectos particulares de la vida cotidiana escolar (están) disimulados bajo la aparente intrascendencia de lo lúdico".

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