El primer santo que vivió en Uruguay

| Llegó a Montevideo de casualidad y generó iniciativas para personas con carencias que llegan hasta hoy

LUCIA BALDOMIR

A partir de las 10 de la mañana de Roma (seis hora local) comenzará la celebración que convertirá al sacerdote italiano Luiggi Orione en santo, el primero de la Iglesia Católica que vivió en Uruguay.

Conocido en el mundo por su obra a través de los Pequeños Cottolengos, Don Orione viajó en varias ocasiones a Latinoamérica, residiendo en distintas oportunidades en Montevideo en la calle Porongos 2262, donde actualmente funciona el Proyecto Gurises (una de las obras de la Congregación). Allí todavía se conserva el pequeño dormitorio que utilizó Don Orione en su estadía, el escritorio en el que recibió a distintos fieles, así como la Capilla del Crucifijo, en la que celebró misa y dio el sacramento de la reconciliación.

Don Orione, como se lo conoce, nació en 1872 en Pontecurone (al norte de Italia) y llegó por primera vez a Uruguay en 1922. Su primer interlocutor fue Monseñor Blanchetti, párroco de la parroquia de la Aguada, quien le comentó de la obra social Patronato de Obreros (que se encargaba de alfabetizar a los obreros trabajadores del Mercado Agrícola) y su necesidad de tener una asistencia religiosa permanente. Don Orione, se comprometió a brindar la ayuda: en 1929 arribó a Uruguay el primer orionita, el presbítero José Montaño.

Ya hacia 1930 el abogado y ex diputado del partido colorado Miguel Perea tuvo contacto con Don Orione y le comentó sobre una obra en el balneario la Floresta en donde se hacía devoción de la virgen de las Flores de Bra, hecho que Don Orione vio como un signo providencial ya que él había participado del noviciado en la ciudad italiana de Bra. Así años después mandó un nuevo grupo de sacerdotes para encargarse de esa obra.

RESISTENCIAS. Es recién en el período entre 1934 y 1937 que Don Orione reside en Uruguay con asiduidad. Desde su escritorio instalado en la casa de Porongos 2262 durante esos años generó proyectos como la instalación de un Cottolengo para la asistencia de personas con discapacidad, similar a los centros que había formado tanto en Italia como en Argentina y Brasil. Monseñor Juan Francisco Aragone, obispo de Montevideo, se negó a impulsar ya que recientemente había sido inaugurada la Colonia Etchepare.

En 1946, seis años después de que Don Orione falleciera, se inauguró en Montevideo el Cottolengo Femenino, ubicado en la intersección de Bulevar Artigas y Suárez y recién en 1961 se creó el Cottolengo Masculino, ubicado en la esquina de Instrucciones y Bulevar José Batlle y Ordóñez.

"FLACUCHIN" INAGOTABLE. La rutina diaria de Don Orione en sus días en Montevideo, según relatan diferentes personas que lo conocieron, comenzaba a las cinco de la mañana cuando se levantaba para hacer la oración de la mañana. Desde temprano ya los amigos y vecinos que querían hablar con él se agolpaban en la puerta de la casa para ser atendidos en el escritorio de Don Orione. Vestido de sotana negra, Don Orione, según se cuenta, los recibía con una sonrisa amplia, que mantenía durante todo el día a pesar de tener grandes problemas económicos y con la jerarquía de la Iglesia, que lo consideraba un novato aventurero que estaba impulsando una obra nada original. Allí comenzaban las charlas y los discursos en los que transmitía convicciones muy fuertes, con un gran vozarrón y muchos gestos, fundamentalmente con su mano izquierda, la misma que utilizaba para quedarse escribiendo hasta altas horas de la madrugada. Las charlas eran en italiano, ya que Don Orione nunca aprendió el castellano. También se cuenta que por lo intensa que era su mirada, a muchos les costaba mirarle a los ojos por mucho rato. Eran un líder nato y organizaba peregrinaciones a La Floresta, donde iba en tren o en la cachila del señor Montes, un médico amigo.

Llegada la noche, llegaba el infaltable vaso de vino relajante para acompañar la cena. Y luego, las tazas de café que comenzaban a desfilar sobre el escritorio para seguir leyendo y escribiendo cartas durante la madrugada. Chela tenía 17 años cuando lo vio en la vieja estación de tren de la Floresta. "Era un hombre bajo, ’flacuchín’ y con una cara de bueno impresionante. No era de hacer bromas o chistes sino que cuando hablaba siempre era con seriedad, tratando de evangelizar".

Para ser declarado santo dentro de la Iglesia Católica la persona debe acreditar haber realizado dos milagros.

Obras para los más olvidados

Actualmente, tanto el Cottolengo femenino como el masculino, pertenecientes a la Congregación Religiosa "Asociación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia", atienden a 350 internos (más de la mitad son hombres) con discapacidades sensoriales, motoras, intelectuales, psíquica y viscerales.

Originalmente los atendidos fueron niños abandonados. En la actualidad la población incluye desde niños recién nacidos hasta ancianos de 98 años, en su mayoría huérfanos y muy pobres.

La atención de estas personas está a cargo de religiosos y religiosas, personal técnico especializado y voluntarios que colaboran en la educación y entretenimiento de los internos.

El Cottolengo Don Orione masculino, ubicado en la intersección de Instrucciones y Bulevar José Batlle y Ordóñez en un edificio de 1930 en donde antiguamente estaba instalado el seminario arquidiocesano, tiene cuatro plantas a lo largo de las cuales se ubican internos y salones de esparcimiento. El Cottolengo femenino, está ubicado en la intersección de Bulevar Artigas y Suárez, el edificio construido en tres plantas formaba parte de una casa quinta que fue donada para la obra, la cual fue construyendo los pabellones de acuerdo a las necesidades de las internas. Allí, al igual que en el centro masculino se brindan talleres de aprendizaje como bordado, tejido, música, además de la escuela curricular. En ambas instituciones los internados concurren a piscinas y realizan actividades al aire libre además de gimnasia.

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