Mientras los uruguayos se levantaban para una nueva jornada de trabajo, el día 20 de diciembre de 1955, El País informaba de la muerte de un querido colaborador. El excelente dibujante y primer director del suplemento El Escolar, Enrique Cortinas, había fallecido. Así despedía El País a una de las personalidades más sobresalientes en los inicios del diario. Cincuenta años después, en El Rincón del Coleccionista, Gabriel Mainero nos cuenta acerca del trabajo que, junto a otros dos compañeros, realizó sobre este artista. "Somos unos apasionados de las historietas, y estamos intentando rescatar las raíces de la historieta uruguaya".
Este dibujante nacido en San José, grande en estatura y en profesionalismo, se encamina primero hacia la docencia, cuando se recibe de maestro a los 21 años. Pero sus genes lo guían hacia las manifestaciones artísticas, siendo la música la primera que elige. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo hasta que Cortinas encontrara su verdadera pasión, el dibujo.
El trabajo desarrollado por Mainero y sus compañeros cuenta que, un día, Cortinas toma el ferrocarril hacia Montevideo. Su destino: Ciudad Vieja, por ese entonces el epicentro periodístico de la ciudad. Entonces, el joven dibujante llega a la primitiva redacción del diario El País. Se anuncia y dos personas que conversan entre sí le reciben y observan con curiosidad: se trata de don Carlos Scheck y su secretario de Redacción, don José Flores Sánchez. Miran los trabajos que Cortinas les muestra y, según cuenta la leyenda, Don Scheck queda impresionado: "este cara de gato es un fenómeno; pruébelo, Flores".
La fotografía en esos tiempos no era el recurso cotidiano para el apoyo gráfico de las noticias, y por eso las redacciones de los diarios requerían dibujantes. El País encontró en Cortinas un profesional de esta tarea que, en forma creciente, termina abordando todas las áreas. "Fútbol, boxeo, turf o basketball, situaciones costumbristas, nada escapa a su ojo atento y analítico", relata el ensayo. Luego de desempeñarse también en el diario El Plata, comienza a trabajar en la expresión gráfica de numerosas obras de la literatura mundial. Autores como Edgar Allan Poe, Julio Verne, Emilio Salgari o Rudyard Kipling desfilan por el pincel de Cortinas.
Sobre el año 1939, Cortinas viaja a Buenos Aires. Allí consigue trabajo en Editorial Atlántida, más precisamente en su revista Billiken, que comenzaba su primera experiencia uruguaya con el mismo nombre.
Pero el gran momento de Cortinas no llegaría hasta su encuentro con Dante Quinterno, por entonces editor de Patoruzú, quien lo convoca para que se sume al staff de la historieta "Patoruzito", que pronto se convertirá en un rotundo éxito de ventas. Allí, forjando ese éxito, aparece el talento de Cortinas, presente en una revista que hasta el día de hoy goza de un gran prestigio. El autor también trabaja en otro personaje, un detective llamado Vito Nervio, que pronto se convertirá en un ícono mundial, y a quienes algunos atribuyen la autoría del mismo."De los autores que hemos conocido, quizá Cortinas es uno de los más sobresalientes", explica Mainero. "Trabaja los aspectos visual y gestual como ninguno. De entre los grandes dibujantes de ese momento, él supo absorber lo mejor. Tenía una técnica excelente para dar movimiento a sus personajes, explica Mainero.
regreso. Mientras que las diferentes leyendas conjeturan sobre los motivos del regreso de Cortinas a Montevideo, lo que se sabe es que, en el año 1946, trabaja en la agencia de publicidad Vigopé, fundada por sus compañeros dibujantes Wilson Goñi y Wilson Pérez, la que luego pasará a llamarse Publicidad Oriental. También funda la Escuela de Artes Comerciales, en la que llegarán a formarse los principales directores de arte del país, y por la que pasaron verdaderos maestros como Sergio Boffano (padre) y Julio E. Suárez (Peloduro). Según Mainero, de esa escuela surge una legión de excelentes dibujantes que llevaron el género adelante.
En el año 1950, unos meses antes del Campeonato Mundial de Fútbol que ganara Uruguay, edita la revista Deporte. En 1953, Cortinas comienza a publicar el que será su último personaje: "Homero, el niño viajero", en El País, la casa que lo vio nacer. Además de llegar a su primera historieta a color, termina ilustrando cuentos que llevan la firma de César Di Candia.
Lamentablemente, Cortinas ve trunco su proyecto de seguir dedicándose al arte. Su experiencia con la escultura, se ve trunca por una fulminante enfermedad termina con su vida ese recordado 20 de diciembre. Tan sólo tenía 39 años. "Actualmente lo que queda de su obra se encuentra en bibliotecas, por lo cual nadie posee originales de sus trabajos, es como si su figura hubiera desaparecido misteriosamente, y ya son muy pocos los que lo recuerdan", comenta Mainero, y también explica que su trabajo, que aún no ha podido publicar, intentó ser una colaboración para que se lo siga recordando.
Mientras este ícono de la historieta nacional sigue sin más reconocimiento que su nombre en una de las salas del Museo del Humor y la Historieta, ubicado en Minas, recordamos la genialidad de su talento, a unos pocos días del aniversario de su pérdida.