Dos adictos a la pasta base, una mujer de 25 años y un hombre de 22, fueron a prisión por el asesinato de Camila Mondragón (18), el caso que hizo estallar a la población de Las Piedras. Para el juez el caso todavía continúa abierto luego del fallo.
"Por dos cositos de pasta base mataron a mi hija. Dos cositos así (junta los dedos pulgar e índice) que te lo venden a 40 pesos. ¿Eso vale la vida de mi hija de 18 años?", decía Óscar Mondragón ante los micrófonos el jueves, varias horas antes del procesamiento.
Desde la detención de los tres sospechosos principales en una boca de venta de drogas en el barrio Razzetti de Las Piedras, la noticia había corrido como un reguero de pólvora. La misma que "encendió" los ánimos de los pedrenses que en la tarde del jueves crearon un tumulto a las puertas del Juzgado Letrado de 1er Turno. La ira generalizada obligó al juez letrado Francisco Massitta a posponer primero la audiencia y a cambiar de sede dos veces por razones de seguridad. Por momentos, según reconoció el propio magistrado, llegó a temer no solo por la integridad física de los indagados, sino por la propia y de sus asistentes.
El hombre y la mujer ahora acusados del crimen, eran, efectivamente, dos adictos que vivían en calidad de indigentes en el mismo predio baldío de la calle Ortiz y la vía férrea donde el padre de la joven Ana Camila Mondragón la halló sin vida en la madrugada del jueves. El sitio queda a dos cuadras de la casa de la familia Mondragón Sarli, camino que la joven solía hacer al regresar de estudiar en el Liceo N° 1 de Las Piedras, aunque según dijo una amiga de Camila procuraba evitar luego de haber mantenido una discusión con la que terminó siendo su matadora, unos tres meses atrás.
"Había una tirria personal contra la joven", dijo uno de los investigadores. Una mezcla de celos y envidia ya que la homicida no tuvo ambages en decir en su confesión que "quería matarla" ya que Camila era para ella "una estirada".
La mezcla se completaba con la condición de marginalidad en que vivían y la adicción a la pasta base. Lo único que alcanzaron a robarle a la joven fue el celular que Camila llevaba en el bolsillo trasero del pantalón. El cuadro de indicios sugiere que, cuando los atacantes vieron que la joven caía herida de muerte por un corte en la yugular, se asustaron y huyeron de la escena del crimen dejando la mochila y todas las pertenencias de la víctima.
Los dos acusados fueron detenidos en la boca de pasta base que operaba en el barrio. Si bien el vendedor de drogas fue interrogado acerca del celular, este negó haberlo recibido como pago por dosis de la droga y no quedó vinculado al caso aunque sí fue procesado por la ley de estupefacientes.
Un tercer implicado en el crimen, un hombre de 30 años, quedó en libertad. Este individuo era cercano a la pareja de procesados, pero contaba con una coartada para la hora en que ocurrió el crimen.
De acuerdo con la información que comienza a conocerse de los acusados, ambos son oriundos de Las Piedras y hasta ahora no contaban con antecedentes penales. Se ignora cómo llegaron a la condición de indigentes, aunque los investigadores sospechan que en ello debió haber jugado un papel la adicción a la pasta base.
CÓMO FUE. El miércoles sobre las 23.45 horas Camila Mondragón regresaba a su casa. Una media hora antes había llamado a su madre para decirle que había salido del liceo y se disponía a tomar el ómnibus. Fue su última comunicación. Unas dos cuadras antes de su casa fue interceptada por los acusados. Según sus declaraciones también estaba el tercer indagado, que negó su vínculo con el crimen.
La joven que conocía a Camila de vista, comenzó a insultarla. Ella sostiene que era su compañero quien empuñaba el cuchillo del tipo Tramontina, con el que comenzaron a tirarle "puntazos" en la cara. Más tarde la autopsia forense revelaría un total de 36 heridas cortantes, solo una de ellas en una mano el resto entre el rostro y el cuello. Uno de sus pómulos tenía 16 heridas cortantes, otras seis en el pabellón auditivo, varias en el cuello, entre ellas la que alcanzó la yugular y resultó ser la herida mortal.
Los acusados declararon luego que la intención era solamente la de robarle algo, y además desfigurarla por el resentimiento que la acusada guardaba contra Camila. Pero la joven intentó repeler el ataque y por ello, reconocieron los acusados, terminaron maniatándola. Luego todo se "desmadró".
Ya en el juzgado la joven de 25 años insistió en que ella no había sido quien le infligió las heridas a Camila, que fue su compañero. Pero éste lo negó. Fue ella quien aportó los datos sobre el arma homicida dijo que era "un cuchillo de mango blanco, tipo Tramontina". El cuchillo hallado en la tarde del jueves por la Policía en el baldío no respondía exactamente a esta descripción, ya que tenía un mango de color oscuro. Los peritos tampoco hallaron indicios que lo revelaran como el arma homicida. No obstante, el tipo de hoja y punta sí se corresponde con las heridas examinadas por el forense.
Antes de adoptar un fallo el juez Massitta pidió una pericia psiquiátrica para la joven. Esta reveló que si bien posee capacidades disminuidas, es imputable por tener conciencia de la magnitud de los hechos.
Aún sin confesiones, pero por el cúmulo de indicios, el magistrado resolvió el procesamiento de la pareja por un delito de homicidio muy especialmente agravado, que se sanciona con la pena mayor del Código Penal.
IRA Y DESBORDES. En la tarde del jueves casi 700 personas se congregaron en los alrededores de la sede judicial de Las Piedras. La Policía debió vallar la avenida y la multitud debió ser contenida por efectivos de los grupos GEO y GEPP de la Policía.
El juez Massitta resolvió suspender la audiencia en torno al caso al observar falta de garantías para los indagados. Sorpresivamente y bajo la más absoluta reserva el magistrado tomó declaraciones esa misma noche a los indagados en una sede judicial de la ciudad de Progreso.
Pero aún restaban algunas diligencias por hacer antes que se cumplieran las 48 horas del plazo constitucional. El viernes reinaba una tensa expectativa en Las Piedras, no se sabía dónde sesionaría el juez para llegar al fallo. Finalmente lo hizo en la localidad del Sauce.
El magistrado, consultado ayer por El País, expresó su malestar por el manejo de información que, a su juicio, contribuyó a caldear los ánimos. De hecho en la noche del viernes se registraron incidentes entre las personas que esperaban fuera de la sede del Sauce. "Si las personas van a terminar apedreando un juzgado, yo realmente no entiendo nada", comentó el juez Massitta, con manifiesto malestar por los incidentes.
El magistrado pedrense indicó que espera contar con mayor reserva para las actuaciones que aún tiene previstas realizar en torno al caso. "Quiero llegar al fondo de esto", concluyó.