El asesino múltiple fue "frío", "decidido" y muy pragmático

| Autor y cómplices. Pablo Borrás arrastró a tres jóvenes a una masacre

2008-03-14 00:00:00 300x300

ROSARIO | RENZO ROSSELLO

"Iban determinados a matar si era necesario". Esa fue la convicción central de la jueza Gloria Rodríguez que ayer envió a prisión a Pablo Borrás, como autor, y a sus cuatro cómplices. Borrás fue definido como un "asesino frío y calculador".

Un plan urdido por Pablo Borrás (33) hace varios meses, tal vez de manera inconsciente años: apoderarse de la fortuna de su tío abuelo. Y junto a esta determinación la otra: no dejar a nadie vivo en la estancia "La Teoría".

Borrás fue enviado a prisión como autor de un delito de homicidio muy especialmente agravado, en este caso por la pluralidad de muertes. Como coautores de este delito fueron también enviados a prisión Roberto Carlos Roland Sosa (24), Darwin Andrés Irigoitía (20), Ruben Sánchez (22). Los cuatro fueron enviados al Penal de Libertad. Por último también fue procesado con prisión Lucas Emanuel Martínez, en su caso por encubrimiento, y cumplirá la condena en la cárcel de Piedras de los Indios, en Colonia.

El encausamiento, tal como precisó la jueza rosarina, reveló la autoría material de Borrás en los cuatro homicidios. Un aspecto que aún queda por develar: si las muertes fueron sólo cuatro o cinco, en caso de confirmarse que la víctima Alicia Borrás Schwyn tuviera un embarazo de tres meses. Algo que hasta ahora las pericias forenses no han logrado determinar, aunque Alicia Borrás había tenido una consulta ginecológica pocos días antes de su muerte.

La investigación policial que determinó el esclarecimiento completo del caso había puesto ya bajo la lupa a Borrás y a alguno de sus amigos el lunes, 48 horas después de que se descubrió el baño de sangre. La pista del dinero robado y de una compra de cocaína ya había encaminado a los hombres de la Comisaría 2da. de Rosario hacia los principales sospechosos.

La inesperada confesión voluntaria de Roberto Roland precipitó el cierre del caso en la mañana del martes.

LOS HECHOS. Al cabo de dos extenuantes jornadas de audiencias la jueza Gloria Rodríguez dio un pormenorizado informe del caso. "Fue uno de los casos más difíciles y más desagradables de mi carrera", dijo la magistrada.

Rodríguez describió a Pablo Borrás como un homicida "muy decidido y muy frío" e incluso "pragmático". Cree que debido a los años que llevaba al resto de los participantes del crimen había conseguido tener cierto ascendiente, aunque no fuera reconocido como líder.

Las confesiones permitieron ajustar algunos detalles. El crimen fue cometido el martes 4 de marzo y no el miércoles como se creyó al principio, al comienzo de la subasta que duraría tres días y que despejaría la zona de vecinos. Alrededor de las 14.30 los cuatro llegaron en dos motos, se detuvieron ante la portera de "La Teoría" y bajaron. Golpearon las manos. Daniel Bentancourt (42) vino a atender a los visitantes. Pablo Borrás y Bentancourt se saludaron, y con la excusa de una breve visita entran al casco de la estancia. Según relataron más tarde, habían aspirado al menos una línea de cocaína cada uno, posiblemente con el objeto de inyectarse valor para lo que se disponían a hacer.

De pronto Borrás empuñó un revólver. "No surge que lo haya apuntado contra alguna de las personas, sino sólo que lo esgrimió", precisó la jueza. Su prima, Alicia Borrás Schwyn (32) fue sorprendida y reducida cuando se acercaba para ver quiénes habían llegado. Ambos fueron atados a un árbol con cuerdas de enfardar.

Luego fueron en busca del peón Higinio Mesa (74), que a esa hora terminaba sus tareas en el tambo. Él también fue tomado por sorpresa y maniatado. Alicia Schwyn (72) miraba la televisión e ignoraba lo que ocurría fuera de la casa principal. Al igual que los demás fue atada. El primero en ser presionado fue Daniel Bentancourt, a quien Borrás interrogó de manera insistente. Bentancourt negaba que en la casa hubiera dinero. Para demostrárselo a Borrás lo condujo al dormitorio y le mostró que tan solo tenía un billete de U$S 100 dólares y otro de $ 20. El gesto enfureció a Borrás y, posiblemente, desató la masacre.

Luego de ubicar a cada una de las víctimas en distintas habitaciones, Borrás presionó a Alicia Schwyn para que le revelara dónde estaba la llave de la caja fuerte. Su tía abuela guardaba la llave en el ropero de su dormitorio, por lo que no fue difícil hallarla.

"Estamos hasta las manos, hay que limpiarlos a todos", le dijo Borrás a sus seguidores. Fue él, armado con un cuchillo

de unos 30 centímetros de longitud de hoja, quien se encargó de matar uno a uno a sus cautivos: primero Alicia Schwyn, después a Daniel Bentancourt (al único que degolló), luego a Alicia Borrás y por último a Higinio Mesa.

El crimen estaba consumado. Los cuatro volvieron a montar en las motocicletas y huyeron por el mismo camino por el que llegaron. Para entonces eran las seis de la tarde.

LA REUNIÓN. Cuando Pablo Borrás ideó el plan para apoderarse del dinero, con el primero que habló fue con Lucas Martínez. Le plantea la posibilidad de participar en un copamiento a la estancia, pero éste no acepta. En cambio le recomienda a tres muchachos que podrían completar la partida: Roberto Roland, Darwin Andrés Irigoitía y Rubén Sánchez (alias Padilla).

Según las declaraciones de los implicados, cuando Borrás propuso su plan dijo que él iría armado y que actuarían a cara descubierta, lo cual instalaba "la posibilidad de tener que matar a los que estuvieran allí", relató más tarde la jueza.

"Tal vez algunos pensaron que era una remota posibilidad", apuntó la doctora Rodríguez. De hecho, y según testimonios recabados por El País entre familiares y la novia de Roberto Roland, éste rechazaba la idea de los homicidios.

De todas formas el pacto inicial de eliminar a todas las víctimas parece surgir claramente en la indagatoria. "Iban determinados a matar si era necesario", apuntó la magistrada.

LA CAÍDA. Unas 48 horas después de descubierto el crimen la Policía trabajaba intensamente en la búsqueda de los asesinos. El primer paso fue revisar los perfiles delictivos que se correspondieran con un cuadro como el descubierto en Puntas del Rosario.

Mientras los criminalistas de Policía Técnica comenzaban a procesar la multitud de indicios recogidos en la escena del crimen, dos comisarios pusieron sus respectivos equipos a la afanosa búsqueda de datos: el comisario Daniel Sena, de la comisaría de Rosario, y el comisario Leo Urrutia, de la de Nueva Helvecia. El domingo los investigadores ya tenían algunos indicios por demás llamativos.

El rastro del dinero fue lo primero que puso a los uniformados en camino a los culpables. El único de los cuatro que no había tocado uno solo de los U$S 4.000 que le tocó en el reparto fue Pablo Borrás.

Pero en cambio los otros tres no pudieron resistir la tentación y dejaron una estela de gastos abundantes de Colonia a Montevideo. Un Play Station 3, una computadora, una guitarra eléctrica, championes Nike de los más caros y varias visitas a prostíbulos de la capital.

Los gastos fueron abundantes, de hecho la Policía recobró U$S 9.400 de los U$S 20.000 que robaron de la estancia.

Un comerciante de Nueva Helvecia comentaría su sorpresa por el intento de cambiar alrededor de U$S 2.000 en su establecimiento, transacción que se negó a cumplir.

Las certezas. Pero no sólo hubo compras legales. A los oídos de los policías también llegó la compra de cierta cantidad de cocaína.

El lunes pasado todos estos indicios comenzaron a trazar el cuadro con las figuras de los, por entonces, cuatro sospechosos principales en el centro.

Según comentaron fuentes policiales, para entonces no estaba claro el papel de Pablo Borrás en los hechos.

Fue por esta razón, indicaron, que concentraron sus averiguaciones primarias en el entorno familiar de los Borrás Schwyn.

Lo que hasta entonces eran apenas convicciones, en las primeras horas del martes se convirtieron en certezas. Roberto Roland confesó voluntariamente todo lo ocurrido (ver nota aparte) y desencadenó el resto de las detenciones.

El juicio que comienza ahora profundizará sobre las motivaciones de fondo que convirtieron a Pablo Borrás Rodríguez en un asesino múltiple, frío, decidido y pragmático.

Una condena de hasta 30 años

El artículo 310 del Código Penal establece que el delito de homicidio es: "El que, con intención de matar, diere muerte a alguna persona, será castigado con veinte meses de prisión a doce años de penitenciaría".

En este caso la Justicia dispuso la aplicación de "circunstancias agravantes muy especiales": "Se aplicará la pena de penitenciaría de quince a treinta años, cuando el homicidio fuera cometido: 1°, con impulso de brutal ferocidad, o con grave sevicia; 2°, por precio o promesa remuneratoria; 3° por medio de incendio, inundación, sumersión, u otros de los delitos previstos en el inciso 3° del artículo 47; para preparar, facilitar o consumar otro delito, aun cuando éste no se haya realizado; 5° inmediatamente después de haber cometido otro delito, para asegurar el resultado, o por no haber podido conseguir el fin propuesto, o para ocultar el delito, para suprimir los indicios o la prueba, para procurarse la impunidad o procurársela a alguno de los delincuentes...".

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