Por primera vez en la historia de la Real Academia Española un diccionario incorpora más de 1000 palabras propias de Uruguay. Esta vigésimo segunda edición, que en breve será publicada por El País en fascículos coleccionables, demuestra "una enorme influencia americana en el idioma", explicó el presidente de la Academia Nacional de Letras, José María Obaldía.
"Nosotros estábamos acostumbrados a ver durante muchos años el diccionario de la Real Academia Española con referencias a otros países, y a nosotros acá nos llegaban consultas y quejas de uruguayos que con razón decían que aquí también se usaban esas palabras o que aquí tenían una acepción diferente, y sin embargo no figuraban", recordó.
"Ahora no solo logramos eso, ingresar palabras que compartimos con otros países de América, sino también otras que son sólo nuestras", añadió.
Liso, portátil, bombear, prosear, relajar, son algunas de las palabras propias del idioma español que en Uruguay se emplean para significar un concepto diferente que ahora está reconocido por la Real Academia como válido.
Liso refiere a un vaso de cerveza de aproximadamente 200 centímetros cúbicos, que se sirve en bares y cervecerías. Portátil es una lámpara que se pone en la mesa de luz; bombear es igual a perjudicar a alguien deliberadamente; prosear es utilizado como sinónimo de conversar y relajar como sinónimo de insultar mucho a alguien.
Cada una de esas palabras tiene una historia propia y una evolución para adquirir ese significado en nuestro país, muchas de ellas desde hace más de 60 años, pero recién ahora han sido recogidas por el diccionario.
RELEVAMIENTO. En 1998 la Academia Nacional de Letras publicó un libro denominado "1000 palabras del Español del Uruguay", cuyo contenido fue incorporado prácticamente en su totalidad en la nueva edición del diccionario de la Real Academia Española.
Obaldía explicó que para recoger la información de todas esas palabras que se emplean en Uruguay con un sentido particular se ha hecho un relevamiento desde el origen mismo de la Academia de Letras, 60 años atrás. Se consultan todos los rincones del país y se sigue la evolución y sentido de un término, señaló.
Pero esta tarea no es exclusiva de nuestro país. Todas las academias de letras, que trabajan para la Real Academia Española y en los distintos países de habla hispana realizan la misma labor.
Las academias recogen esas palabras distintivas y su significado y consultan a sus pares de otros países para saber si ese mismo término se emplea y si se hace con el mismo sentido u otro distinto. Esa información se entrecruza y se agrupa y finalmente se tiene el material para una nueva edición del mencionado diccionario en un plazo entre edición y edición de unos 8 a 10 años.
Sin embargo, Obaldía destacó que la presente versión se ha visto enriquecida por las nuevas tecnologías informáticas que permiten una comunicación más fácil entre las academias y un rápido procesamiento de los datos.
"El diccionario de la Real Academia Española lo hacemos todos los que hablamos español, con participación de todas las academias. Porque existe un poco la idea de que esto se hace en España y rige para todos y esto no es así", subrayó. "El trabajo material se cumple en España, la escritura, la redacción y la impresión, pero el contenido es una elaboración conjunta de todas las academias", agregó.
Obaldía recomendó el uso de este diccionario cada vez que se tengan dudas sobre el sentido de una palabra o la forma en la que se escribe, sin embargo reparó en el hecho de que lo que está escrito en diccionario no son todas las voces que pueden emplearse. "El diccionario no es prescriptivo, da la confianza de que lo que está allí se puede usar, pero no prohibe, sino tendría que aparecer una última edición y nunca más se incorporarían cambios y eso estaría en contradicción con la evolución misma del lenguaje", concluyó.
Resistencia
Una de las palabras que se incorpora en esta edición del diccionario es "relajar" con el sentido de insultar mucho. Obaldía recordó que cuando comenzó a ser usada con esa acepción, en la década de los 50, las autoridades de la enseñanza habían recomendado "luchar contra ese significado desvirtuante del término", pero esa labor no tuvo éxito. Después de 50 años la acepción de esa palabra es reconocida por la Real Academia, "de modo que no se puede hablar de un lenguaje correcto, siempre dependerá de muchas cosas, como en este caso del tiempo", apuntó.