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Día de la Mujer: a 80 años del voto femenino

En marzo de 1938 las mujeres se volcaron a las urnas en Uruguay. Fue el comienzo de muchas batallas ganadas por el género femenino. 

Voto femenino en Uruguay. Foto: Archivo El País

En 1938, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, las mujeres uruguayas pudieron votar por primera vez en las elecciones nacionales que decidirían quién sería el próximo presidente. El 27 de marzo los uruguayos fueron a las urnas, votación en la que resultaría ganador el colorado Alfredo Baldomir.

¿Cuántas mujeres había inscriptas en el Registro Cívico en marzo de 1927? La edición de El País del día 27 de ese mes informaba que eran 168.942. La cantidad de hombres ascendía a 513.792. La columna titulada “Un palpite” aventuraba: “De las 168.942 mujeres votarán solamente el 55%”.

El sufragio femenino había quedado habilitado por una ley promulgada en diciembre de 1932, pero el golpe de Estado de Gabriel Terra de 1933 demoró la primera experiencia de las uruguayas en una instancia electoral. La semilla de esto hay que ir a buscarla a la Constitución de 1917, que establecía el derecho al voto de la mujer.

Uruguay ya tenía un antecedente en este terreno: un plebiscito celebrado en 1927 donde las mujeres pudieron participar. En esa instancia se buscó definir a qué departamento –se lo disputaban tres diferentes, Durazno, Florida y Treinta y Tres- pertenecería la localidad de Cerro Chato.

Una de las impulsoras del sufragio femenino en Uruguay fue Paulina Luisi, quien en 1908 se convirtió en la primera médica recibida en el país. Luisi fue también una pionera del feminismo local e integrante del Partido Socialista. Entre otros, fundó el primer Consejo Nacional de Mujeres, en 1916, y la Alianza de Mujeres, tres años más tarde.

“¿Qué es, qué busca, qué pretende el feminismo? Pues, sencillamente, cosas muy justas, muy naturales, muy sociales. Quiere el feminismo demostrar que la mujer es algo más que materia creada para servir al hombre y obedecerle como el esclavo a su amo; que es algo más que máquina para fabricar hijos y cuidar la casa; que la mujer tiene sentimientos elevados y clara inteligencia; que si es su misión la perpetuación de la especie, debe cumplirla más que con sus entrañas y sus pechos: con la inteligencia y el corazón preparados para ser madre y educadora; que debe ser la cooperadora y no la súbdita del hombre; su consejera y su asociada, no su esclava…” escribía Paulina Luisa en revista Acción Femenina de agosto de 1917.

Hubo que esperar cuatro años más, hasta las elecciones de 1942, para que las primeras cuatro legisladoras mujeres electas ingresaran al Palacio Legislativo.

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