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Los detalles del calvario que vivió Milvana recluida en un pozo

En el auto de procesamiento sobre el secuestro de la ginecóloga Milvana Salomone, se explican los detalles de cómo ocurrió el secuestro, el día a día del cautiverio, la negociación con la familia y su liberación.

Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Pozo donde estuvo secuestrada Milvana Salomone. Foto: G. Rodríguez
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur
Casa donde estuvo recluida la doctora Milvana Salomone Foto: Marcelo Bonjur

Milvana Salomone fue “tirada en un pozo” que tenía siete bloques de largo, cinco de ancho y una profundidad de 1,70 metros. Su altura tomando en cuenta los zapatos de plataforma que usaba el día en que fue secuestrada.

El pozo drenaba agua y tenía que evacuarlo con un balde que desde el exterior sus secuestrados usaban para enviarle comida, agua y otros elementos personales y de higiene.

Dormía sobre una cama precaria construida con bloques y sobre la que se había colocado un colchón. Su primera noche de cautiverio la pasó con el estómago vacío. Recién a la siguiente mañana se le alcanzó una taza de café caliente batido.

Los escalofriantes detalles del calvario que vivió Milvana y su familia durante 30 días se detallan en el auto de procesamiento de la jueza Dolores Sánchez, al que accedió El País.

El día del secuestro

El 17 de mayo, Milvana llegó en auto a su hogar en el Parque Batlle desde la ciudad de Florida. Nada le hacía pensar que había dos personas que la estaban siguiendo para secuestrarla. A las 18:50 horas, es abordada por los sujetos, ambos encapuchados, cabecilla de la banda de secuestradores.

Según lo declarado por Milvana ante la jueza, fue sentada “en la parte de atrás (de su vehículo)” para luego ser amarrada por uno de los captores. El otro secuestrador no podría arrancar el auto (era de caja de cambios automática) por lo que tuvo pedirle indicaciones a la propia víctima para manejarla.

En esas condiciones y sin poder percatarse de su entorno, Milvana llegó a un lugar que dijo era silencioso. Le tapan los ojos y la descienden de la camioneta. Camina unos pasos e ingresa a un lugar que le pareció una construcción precaria con “olor a portland”.

La dejaron sentada en una reposera durante unos minutos y luego fue “tirada a un pozo” que drenaba agua que ella misma debía evacuar con el balde que sus captores utilizaban para comunicarse con ella.

La "vida" en el pozo

A medida que pasan los días, Milvana nunca pudo verle la cara a sus captores. Y cuando hacía preguntas sobre su situación recibía respuestas en monosílabos y con voces distorsionadas. Logró que algunas de sus necesidades básicas fueran satisfechas.

La doctora declaró que le hicieron llegar “jabón, desodorante, crema de manos, champú” y periódicamente le bajaban un balde con agua caliente para que pudiese higienizarse. También le dieron ropa de cama, luz eléctrica, revista, diarios y libros. La radio estaba constantemente prendida y en otras oportunidades escuchaba la televisión. También comenzó a recibir alimento todos los días.

La negociación con la familia

El 30 de mayo, según el auto de procesamiento, uno de los captores llamó a un vecino de la familia para que avisara que el esposo de Milvana tenía que ir a una calle a retirar un sobre, pero al llegar no encontró nada.

Pasaron más días y el 4 de junio el esposo recibe un llamado de un celular, el que le indica que concurra a una casa ubicada en Joaquín Artigas (Canelones) para retirar de un buzón un sobre con tres cartas.

Esta vez sí las encontró y se las llevó. Pericias realizadas posteriormente confirmaron que habían sido escritas por la médica secuestrada.

En ellas daba una serie de indicaciones y decía a su familia que se encontraba bien. Las llamadas de los captores con la familia continuaron hasta que se acordó el dinero del rescate y el lugar donde debía ser entregado.

Finalmente el 12 de junio el esposo recibió una nueva llamada. Ahora quien lo hacía era otro de los captores que le indicaba que primero condujera hasta una escuela ubicada en el barrio Manga. Al llegar, lo enviaron a General Flores y Corrales, y luego a General Flores y Luis Alberto de Herrera, donde recogió un celular.

Luego vino otra llamada al nuevo aparato en la que se le indicó que fuera hacia Punta de Gorda, hacia el Molino de Pérez. En ese lugar tuvo que tirar un bolso con dinero (que tenía US$ 300 mil y el celular que retiró de General Flores y Luis Alberto de Herrera) a un motonetista que allí estaba y no vio porque se encontraba debajo de un barranco con un casco verde.

El 15 de junio vino una última llamada para informar que al otro día iban a tener noticias de Milvana.

La liberación de Milvana

Milvana relató en la sede judicial que “en la tarde del lunes fui sacada del pozo e instalada en la parte de arriba con los ojos tapados y auriculares pegados con cinta con música alta, hasta que a las 6:00 de la mañana (del martes) fui sacada del lugar y subida a un baúl de un auto”.

El vehículo resultó ser un Chevrolet Corsa gris alquilado. Las dos personas que lo conducían dieron varias vueltas hasta que finalmente la dejaron sentada en el borde de un camino, para luego darse a la fuga.

Pasaron varios minutos y pudo descubrirse sus ojos. Pudo ver una casa con las luces encendidas y hacia allí fue. Golpeó y fue atendida por los dueños de la misma, quienes avisaron a la familia donde estaban para que la pudiesen ir a buscar y reecontrarse con ella luego de casi un mes de sufrimiento e incertidumbre que felizmente llegaba a su fin.

Una decisión aleatoria

Otro detalle que surge del auto de procesamiento es el motivo por el cual decidieron secuestrar a Milvana. 

Los cabecillas planearon el secuestro y eligieron capturar a su víctima en Parque Batlle porque consideraron que es un barrio donde viven personas adineradas. 

Vieron la camioneta en la que iba Milvana y la eligieron a ella, en forma aleatoria.

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