El expresidente de Liberia Charles Taylor fue condenado este miércoles a 50 años de cárcel por el Tribunal Especial para Sierra Leona (TESL) por crímenes de lesa humanidad y se convirtió en el primer exjefe de Estado sentenciado por la justicia internacional.
Taylor, de 64 años, recurrirá la sentencia, según su defensa. El expresidente debería cumplir su pena en Gran Bretaña tras un acuerdo con el TESL pero sus abogados aseguraron que se quedaría en La Haya hasta que termine el proceso de apelación, que podría durar varios meses.
"El acusado es responsable de haber ayudado, impulsado y planificado algunos de los crímenes más odiosos de la historia de la humanidad", declaró el juez samoano Richard Lussick, durante una audiencia pública ante el Tribunal Especial para Sierra Leona (TESL), en Leidschendam, en la periferia de La Haya.
"Los efectos de estos crímenes sobre los familiares de las víctimas, así como sobre la sociedad en general, han sido devastadores", añadió el juez Lussick y dijo que el tribunal había visto llorar a numerosos supervivientes cuando daban su testimonio ante el TESL.
La acusación "recomendó" el pasado 3 de mayo una condena de 80 años de cárcel, algo considerado "desproporcionado y excesivo" por la defensa del expresidente, primer jefe de Estado condenado por la justicia internacional desde el tribunal militar de Nuremberg tras la Segunda Guerra Mundial.
"Es una buena noticia tanto para el gobierno como para el país. Es un paso adelante porque se ha hecho justicia", dijo el viceministro sierraleonés de Información, Sheku Tarawali, en nombre del gobierno de Sierra Leona.
Los jueces también estimaron que una pena de 50 años era "excesiva", recordando que Taylor había sido declarado culpable por haber desempeñado un papel clave en la realización de crímenes sin haber tenido el control "efectivo" de los rebeldes de Sierra Leona ni haber cometido directamente los crímenes.
Sin embargo retuvieron como circunstancia agravante el hecho de que Taylor "traicionara", según ellos, la postura de "confianza pública" en la que se encontraba como presidente de Liberia, así como el hecho de que en ningún momento mostró remordimiento.
"La opinión del tribunal según la cual la posición de Taylor como jefe de Estado es una circunstancia agravante en su culpabilidad envía una señal fuerte a otros líderes al más alto nivel", dijo Annie Gell, de la ONG Human Rights Watch, en un correo electrónico transmitido a AFP.
El abogado de Taylor, Courtenay Griffiths, consideró por su parte en una conferencia de prensa tras la audiencia que "en la práctica, Charles Taylor morirá en prisión".
En Freetown, víctimas de la guerra civil de Sierra Leona celebraron la condena en la sede del Tribunal Especial para Sierra Leona, donde cientos de personas se reunieron frente a unas pantallas gigantes para seguir la sentencia.
"Se cierra el telón para Charles Taylor. Espero que sus actos le atormenten mientras que languidece en la cárcel", dijo Al Hadji Jusu Jarka, cuyos brazos le fueron amputados por los rebeldes.
El TESL, encargado de juzgar a los responsables por las "atrocidades" cometidas en Sierra Leona desde el 20 de noviembre de 1996, no pronuncia penas de cadena perpetua ni de pena de muerte, sino que fija cierto número de años de cárcel.
El 26 de abril, Charles Taylor, presidente de Sierra Leona entre 1997 y 2003, fue declarado culpable de los once cargos de los que estaba acusado, entre otros violación, asesinato y saqueo, perpetrados entre 1996 y 2002 en Sierra Leona. Él se declaró inocente.
Según los jueces, Taylor "ayudó e impulsó" una campaña del terror con el fin de controlar Sierra Leona y poder explotar sus diamantes, durante una guerra civil marcada por numerosos actos de canibalismo y mutilaciones y que dejó 120.000 muertos entre 1991 y 2001.
A cambio de los diamantes, el ex presidente entregó armas y municiones a los rebeldes sierraleoneses del Frente Revolucionario Unido (RUF), desempeñando así un papel "crucial" en los crímenes perpetrados por estos últimos, según los jueces.
LA JUSTICIA TARDA. La fiscal principal del Tribunal Especial de Naciones Unidas para Sierra Leona (SCSL), Brenda Hollis, asegura que la sentencia de este miércoles contra el ex dictador liberiano es un hito histórico, aunque la justicia internacional no puede "como quijotes, ganar en solitario la lucha contra la impunidad".
En entrevista con dpa poco después de conocerse la sentencia contra Taylor, la fiscal estadounidense comentó que siente "satisfacción" a pesar de que en sus alegatos había solicitado una pena de 80 años, "proporcionada", según comentó, a los crímenes que se le atribuyen en la guerra civil de Sierra Leona, a fines de los los años `90.
"Siento satisfaccción y también un enorme grado de humildad, porque realmente aprecio la fortaleza y la valentía de la población de Sierra Leona para atreverse a testificar ante la justicia internacional sobre los horrendos crímenes cometidos", comentó Hollis. "Hoy es un día de victoria para el pueblo de Sierra Leona sin dudas. No obstante, vamos a estudiar al detalle la sentencia y después determinaremos si apelamos o no. A pesar de todo, la sentencia no puede restaurar los miembros amputados (de las víctimas) ni curar sus heridas", comentó Hollis señalando que "los fiscales proponen, y los jueces disponen".
En las últimas semanas, la justicia penal internacional se ha apuntado varios tantos. El pasado 16 de este mes comenzó ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya el juicio contra el ex general serbobosnio Ratko Mladic por genocidio, y esta sentencia del miércoles, no menos relevante, contra Taylor.
"Se trata de un gran paso adelante en la batalla contra la impunidad. El primer paso a escala mundial se dio en realidad cuando el (ex jefe de estado serbio) Slobodan Milosevic (fallecido en 2006) fue acusado (por el TPIY). Aunque en realidad, la batalla contra la impunidad se remonta hasta Núremberg (el proceso a la cúpula nazi en 1945 y 1946). El mensaje, hoy con más fuerza, es claro: nadie puede ya esconder sus crímenes amparándose en que ocupó tal o cual alta función del estado", dijo la fiscal.
"Sí, la justicia internacional a veces llega un poco tarde, es verdad. Pero digamos las cosas como son. La responsabilidad no está en los tribunales internacionales, está en los Estados que se niegan a detener y extraditar a criminales de guerra convictos, que les dan amparo. Hasta que los Estados no demuestren voluntad y capacidad de hacerlo, llevará más tiempo hacer justicia. Ratko Mladic no estaba precisamente en la cárcel del TPIY, hubo que presionar para que fuera detenido", recordó Hollis.
Los criminales van al "Hilton de la Haya"
La prisión de Scheveningen, junto al mar, a pocos kilómetros de La Haya, es por ahora el hogar de Charles Taylor.
Tras las paredes de ese centro de reclusión, conocido entre algunos guardias como `el Hilton de La Haya`, también hay otros criminales de guerra, como el serbobosnio Ratko Mladic (responsable de la matanza de Srebrenica) y el congoleño Thomas Lubanga, un señor de la guerra que traficaba con niños soldado.
Tribunales internacionales usan esta prisión, administrada por el Estado holandés, para mantener encerrados a quienes esperan juicio o están siendo procesados. Tras la condena, pocos se quedan en Holanda. Por un acuerdo, muchos gobiernos europeos ofrecen sus prisiones para que los condenados en estos tribunales cumplan condena. Taylor, por ejemplo, pidió cumplir la suya en una prisión británica, algo que Londres parece dispuesto a aceptar.
Scheveningen es una prisión con todos los lujos. En sus celdas de 10 metros cuadrados, Taylor y sus vecinos tienen derecho a leer prensa, ver TV por satélite, escuchar radio, trabajar en una computadora (sin Internet) y practicar ejercicio, para lo que cuentan con un preparador físico.
También pueden vestir su propia ropa y conversar entre ellos. El comedor incluye la posibilidad de pedir menús especiales "por requerimientos culturales o dietéticos". Además, los presos reciben visitas y pueden estar en una habitación privada con sus esposas o novias. EL TIEMPO
LA HISTORIA
Charles Taylor se alzó en armas en 1989 al frente del Frente Patriótico Nacional para la Liberación de Liberia (NPFL), en el que compartía liderazgo con Prince Johnson, para combatir al presidente Samuel D.Koe, que había alcanzado el poder en 1980 tras un golpe de Estado. Fue el inicio de una guerra civil que causó 200.000 muertos y que forzó al desplazamiento a la mitad de la población, y durante la cual Taylor tuvo el apoyo de la actual presidenta, Ellen Johnson-Sirleaf.
En 1997, Taylor obtuvo el poder tras vencer en unas elecciones presidenciales marcadas por el miedo. En 2003, fue apartado de la presidencia en virtud del acuerdo de paz que puso fin al conflicto de Liberia (que duró 14 años, entre 1989 y 2003), tras lo cual huyó a Nigeria.
Después de tres años de exilio dorado en la localidad costera de Calabar, en el sur de Nigeria, fue detenido en marzo de 2006 por la Policía nigeriana tras un intento de fuga. Ellen Johnson-Sirleaf había solicitado su extradición.
Lo detuvieron gracias al entonces presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, que había contribuido a facilitar su exilio en Nigeria como medida cautelar de apoyo al proceso de paz en Liberia.