Ataque de "locura", pero con alevosía

EDUARDO DELGADO

Corría el mes de enero de 2003. Miles de uruguayos sufrían fuertes los efectos de la crisis de 2002, por lo que decidieron permanecer en sus casas o tomarse unas vacaciones cortas. Un matrimonio de arquitectos estaba en consulta con la psicóloga de su hija, quien recomendó suspender transitoriamente las vistas del padre.

La pareja se había separado meses atrás, pero la tirantez en la relación venía desde 2000. El hombre tenía una personalidad difícil, con rasgos paranoides, obsesivos y narcisistas y "miraba a su esposa más que como a una compañera, como un objeto sexual que no accedía a sus requerimientos luego de que ésta recobrara su figura y tras haber soportado los desplantes y desprecios de su marido mientras era obesa", relató el juez.

En el consultorio, el hombre se mostró muy molesto ante la posibilidad de no ver a su hija. A fin de quedar solo con su esposa, el hombre le pidió un vaso con agua a la psicóloga. Cuando ésta salió del consultorio, sonó el teléfono móvil de la mujer: era su hija. Entonces el hombre la agredió con una navaja, provocándole heridas en el corazón, las manos y el cuello.

La mujer gritó desesperada a la psicóloga -"¡Me quiere matar!"-, por lo que ésta regresó al consultorio encontrando al hombre que, "totalmente desquiciado, tenía tomada a su esposa por la espalda con el brazo izquierdo por el cuello y en la mano derecha empuñaba una pequeña navaja del tipo suizo multifunción, la que le clavaba en los brazos y en el cuello", relata el expediente.

La psicóloga le gritó que dejara a la mujer y pensara en su hija. El hombre la soltó, se sentó, llamó a la Policía y buscó asistencia médica para su mujer. La intervención de la psicóloga y la tarea del personal de una emergencia médica y de un sanatorio fueron determinantes para que la mujer no falleciera.

La defensa del arquitecto fue ejercida por un prestigioso abogado, quien afirmó que su cliente no era consciente de lo que hacía durante el ataque y que su voluntad estaba alterada en ese momento, por lo que no se le puede imputar el delito de tentativa de homicidio, sino el de lesiones graves.

Sostuvo que si bien la intención inicial era el homicidio, existió un desistimiento voluntario del individuo. También acusó a la víctima de generarle celos, hacerse transferir bienes cuantiosos a su nombre y de "negarle el acceso sexual".

Pero diversas pericias realizadas al individuo señalaron que no perdió la conciencia cuando atacó a su esposa. "Es claro pues que el sujeto, al reconocer perdidos su mujer y sus bienes, y a punto de perder (transitoriamente) a su hija, perdió también los estribos (que no la conciencia y voluntad) y la emprendió contra su mujer, con un elemento que seguramente no debería haber llevado consigo", afirmó un tribunal. "En el caso, no sólo lo movilizó la posibilidad de perder el contacto con su hija, sino la presunta `estafa legal` de la que se sentía víctima y claramente, la actitud `vindicante` de la dama, que se presentó a la entrevista en short y musculosa (según la terapeuta), orgullosa de su nueva figura conseguida seguramente con mucho esfuerzo", añadió el fallo.

Para el tribunal, la tesis de la defensa "es tan cautivante y original como carente de apoyo legal".

Los ministros condenaron al hombre por tentativa de homicidio a tres años y seis meses de penitenciaria, con el agravante de la alevosía. La defensa presentó un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia, que lo desestimó.

Al filo de la ley

Homicidio en grado de tentativa

ficha

Tribunal de Apelaciones de 1° Turno.

Jueces: Jorge Rubial, Milka Núñez, Ángel Cal.

Fecha: 1º de febrero de 2007.

Redactor: Jorge Ruibal.

Situación: Hombre intentó asesinar a su esposa con una navaja y le provoca lesiones en el corazón, el cuello y las manos.

Fallo: El hombre fue condenado a tres años y seis meses de penitenciaria.

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