SÚPERMUJERES

Graciela Mateo y Vanessa Estol: dos uruguayas a la conquista de los Himalayas

Una maestra jubilada y una Miss Uruguay lograron grandes hazañas este 2021: escalar el Everest. Ambas soñaron, se trazaron objetivos y los están cumpliendo.

Graciela Mateo escalando el Everest. Foto: Cortesía
Graciela Mateo escalando el Everest. Foto: Cortesía

Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.

La historia de Graciela Mateo (60) podría llenar las páginas de cualquier libro. Graciela es de Melo (Cerro Largo) tiene dos hijos y ocho nietos, sin embargo no es una abuela cualquiera. Después de trabajar toda su vida como maestra, la arachana sintió el llamado de la aventura y cuando se jubiló, a los 52 años, se lanzó a ella con todo.

Empezó haciendo bicicleta de montaña: tanto le gustó que impulsó a su marido y juntos cruzaron la cordillera de Los Andes. Más adelante, se animó a cruzar los Pirineos catalanes en bici, aprovechando que no conocía Europa. Se convirtió en campeona uruguaya de mountain bike en su categoría.

Más adelante, se animó al senderismo en el sur argentino, especialmente en el Chatlén (cerca de Calafate) y no paró y siguió hasta Chile a las Torres del Paine.

Cuando se acercaron sus 60 años se permitió soñar: ¿por qué no subir los Himalayas?. El sueño se cumplió y en abril la abuela aventurera llegó hasta el campo base del Everest a 5.364 m: “Cuando cumplí 60 empecé a manejar regalarme subir al Everest y decía ¿por qué no?”, confesó Graciela a Eme.

La maestra jubilada no entrenó con un profesor: “Me preparé sola, caminando y pedaleando. Hacía unos 30 o 40 km por día en la bici, salía temprano a veces con una amiga y otras sola. En Melo tenemos varios cerros y todos los días subíamos uno diferente. De tarde caminaba de 10 a 15 km. En mi casa hacía aeróbica y pesas. También practiqué yoga para aprender a respirar, sobre todo pensando en el tema de la altura”, agregó.

El viaje estaba previsto para marzo de 2020, luego se pospuso a noviembre y el grupo de 16 se disolvió. Sin embargo, la arachana seguía con ganas de cumplir su sueño: “Pensé, si me agarra el coronavirus me tocará en Melo o allá. Pero mi sueño de llegar al Everest es ahora y se me van a pasar los años. Llamé a una compañera (que no conocía) y ella se enganchó. A partir de ahí cuatro más se inscribieron y salimos los seis a nuestro viaje”, relató.
Después de un viaje largo, llegó a Lukla (Nepal) y comenzó la travesía. Tardaron 16 días en subir hasta el campo base del monte Everest.

Graciela aseguró que en su subida descubrió que todo la atrapaba: “El paisaje, la vida, la gente: todos te saludan y es una paz increíble”.
Y agregó: “Cuando llegué me morí de emoción. Fue impresionante.

Estuvimos en los campamentos de las expediciones, incluso conocí a un griego que era la persona más grande de Europa que iba a subir a la cumbre. También fuimos a la cascada de hielo, que es el lugar donde parten las expediciones a la cima”.

Graciela Mateo en el campo base del Everest. Foto: Cortesía
Graciela Mateo en el campo base del Everest. Foto: Cortesía

La melense destacó que la majestuosidad del Everest y el estilo de vida de los nepalíes la marcaron: “Son muy pobres, viven al extremo. Me impresionó la pureza de todo, está como intocado. Si bien son gente rústica, sencilla y humilde, cuidan todo y siempre están sonrientes”, destacó.
“Creo que fue el mejor regalo de toda mi vida, haber podido llegar con 60 años al campamento del Everest y tenerlo ahí todo para mi”, concluyó.

Ahora Graciela espera hacer una travesía que le quedó pendiente a causa de la pandemia: cruzar el desierto de Atacama en bici.

Vanessa Estol y Graciela Mateo. Foto: Cortesía
Vanessa Estol y Graciela Mateo. Foto: Cortesía

Encontrarse en el camino

Graciela Mateo y Vanessa Estol no se conocían hasta que los Himalayas las encontraron en el camino. “En uno de los puestos conocí a Vanessa Estol que llegará a la cumbre en los próximos días. Nos sacamos fotos y compartirmos un rato juntas. Ella iba con una gran expedición y con un sherpa muy experimentado”, contó Graciela Mateo. El Everest unirá a las dos mujeres uruguayas para siempre.

De miss a montañista.

La uruguaya Vanessa Estol (35) se radicó en México a en 2015 gracias a su participación en Miss Universo. Allí estudió psicología, se doctoró y empezó a seguir su pasión: el montañismo.

“Tengo un doctorado en psicología y además organizo grupos de trekking al campo base del Everest y montañas, especialmente para principiantes, en distintos lugares del mundo. Desde que hice mi primer cumbre en el Nevado de Toluca (México), pensé en algún día poder sentarme en la cumbre del Everest a ver cómo se ve el mundo desde ahí arriba”, relató a Eme mientras se aclimata para el ascenso el próximo 21 de mayo a la cumbre del Everest.

A diferencia de Graciela Mateo, Vanessa hizo un entrenamiento de muchos años para lograr la hazaña de subir a la montaña más alta del mundo: “Me preparé durante seis años haciendo montaña en distintos lugares del mundo. Estuve dos veces en la cumbre de Aconcagua por dos rutas distintas, fui dos temporadas a Bolivia, tres a Ecuador y esta es mi cuarta vez en Nepal (las dos anteriores subí montañas de 6.000 metros y una para hacer Manaslu, mi primera montaña de más de 8.000 metros)”, explicó.

Estol escala desde el 3 de abril ya que subir al Everest lleva cerca de dos meses debido hay que hay que aclimatarse por la falta de oxígeno.

“Esperamos llegar a la cumbre alrededor del 21 de Mayo pero depende del clima, parece existir una ventana ese día, estamos cruzando los dedos por qué así sea”, sostuvo.

Sobre esta nueva experiencia montañista, Estol aseguró que pasó por Khumbu icefall, fue de lo más impresionante: “Son un montón de serac (bloques de hielo gigantes que cuelgan) del tamaño de edificios, que se caen todo el tiempo. Es súper peligroso pasar esa cascada, pero a la vez es hermosa, me impactó demasiado. Ver salir el sol entre medio de esos gigantes azules fue una locura”, detalló.

Mientras se aclimata y espera ser la primera uruguaya en la cumbre, Vanessa tiene más sueños: “Mi proyecto es subir las 14 montañas de más de 8.000 metros del planeta. Esta sería mi segunda, me quedan 12 todavía”, concluyó.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados