Con los hijos

Mamá estimula: ¿Adaptación o resignación escolar? Consejos para que los niños se adapten mejor a la escuela

Claudia Guimaré nos propone ver cómo la primera adaptación importante, que para muchos niños se da en la escuela, es un aprendizaje fundamental para las adaptaciones futuras de la vida.

niño jugando
Foto: Pixabay

Volvieron las clases y con ellas, la alegría y la emoción, pero también a veces la ansiedad o los miedos. Y a pesar de las tan trilladas frases de “antes no se estilaba tanta adaptación e igual salimos bien”, hoy día parece haber casi unanimidad –por suerte- en la defensa de que exista un período de adaptación en los centros educativos, gracias a una mirada mucho más respetuosa de los ritmos de cada niño, que reconoce la importancia del apego e intenta brindarles la mayor seguridad afectiva posible en la generación de nuevos vínculos.

Si a todos nos provoca nerviosismo o ansiedad empezar un trabajo nuevo con compañeros a quienes aún no conocemos, o nos estresa mudarnos de casa o ni que hablar de país, o cambiar de profesión, etc, imaginémonos lo que le puede llegar a provocar a un niño o niña, abandonar su pequeño universo conocido, cerca de sus padres o cuidadores y quedarse “a gusto” en un nuevo lugar y con perfectos desconocidos.

Adaptarse no es cosa simple. Y como en todo en la vida, la primera adaptación importante, que para muchos niños se da en la escuela, es un aprendizaje fundamental para las adaptaciones futuras que enfrenten en la vida.

Por ello es fundamental ejercitar nuestra paciencia y empatía de forma especial con nuestros hijos en este período, ya que cuanto más pequeño es el niño, más asociará esta separación de sus padres o cuidadores, con abandono (sobre todo cuando son muy pequeños y ni siquiera manejan nociones de tiempo como para entender que “es por un ratito nada más y ya vuelvo”) y por ende más tiempo les llevará adaptarse.

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Sí, es normal.

Lo primero que debemos saber es que la adaptación escolar, no es algo natural. Por el contrario, lo natural es que todo bebé humano llore, se angustie, se asuste e intente por todos los medios no desprenderse de su madre o de su cuidador.

Y esto, como explica Nancy Balaban, autora de “Niños apegados: niños independientes”, no es sinónimo de dependencia sino que es un comportamiento innato de apego, parte de nuestro instinto de supervivencia que nos ha programado para evitar peligros no quedándonos solos jamás. Así que cuando alguien con ganas de “aconsejarte” revolee los ojos y te diga “Uf qué apegado a tí que está! Cómo le cuesta separarse!”, respira hondo y responde: “Gracias. Se nota que tiene un apego seguro no?”

¿Cuánto demora la adaptación?

Lo que cada niño necesite. Félix López Sanchez, autor del libro “La escuela infantil: observatorio privilegiado de las desigualdades”, explica que por lo general, la amplia mayoría de los niños pasa por tres etapas en la adaptación: la negación (en la que aparece el rechazo a la idea de la separación y los “pataleos” y llantos), la ambivalencia (cuando “va perdiendo vigor la protesta y aparece una alternancia imprevisible en la que el niño está bien con periodos de ansiedad, rechazo con sollozos, angustia… pero empieza a aceptar la ayuda que le ofrecen” y que para este autor dura en promedio entre 1 semana y 1 mes) y por último, la aceptación (cuando el niño acepta los cuidados y participa), aunque como sabemos, cada niño es único y hay que respetar los tiempos de cada uno.

Por ende, no intentes forzarlo a acelerar sus tiempos o probablemente sólo le generarás más inseguridad, más miedo y más aprensión, y terminarás alargando aún más el proceso. Necesitan generar nuevos vínculos y eso, no se logra de la noche a la mañana. Es preferible que se tome su tiempo pero que los genere de forma sólida.

¿Es mejor que no te vea?

No. Si algo te da miedo o te genera cierta inseguridad y además tan sólo tienes 2, 3 o 5 años, imagínate si encima te fuerzan a enfrentarlo de golpe y sólo, sin ningún ser querido que te acompañe! Los jardines más respetuosos permiten el ingreso al aula de los padres por el tiempo que le sea necesario a cada niño. De esa forma se sienten más tranquilos, se abren más fácilmente en lo social y enfrentan mejor las dificultades. Algo similar a cuando visitan al pediatra. Nunca irían más tranquilos si entrasen a la consulta solos.

¿Si no llora ya está?

No necesariamente. Ángeles Gervilla, autora de “Didáctica básica de la educación infantil. Conocer y comprender a los más pequeños” dice que muchos niños pasan más que por un período de adaptación, por uno de “resignación” y que no exteriorizan los síntomas típicos de protesta pero en su interior aún están luchando con esta separación de papá y mamá y por ende, pueden manifestar otros cambios en su conducta a los que debemos prestar atención para estar ahí para ellos. Estos cambios pueden ser desde la aparición de pesadillas, volver a pasarse a la cama de los padres (si ya la habían abandonado) o mostrarse más sensibles e irritables ante cualquier evento.

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¿Qué hacer para ayudarlos?

La capacidad de un niño o niña para integrarse en un ambiente nuevo depende de su forma de ser, pero también de cómo se desarrollan las pautas de su adaptación y esto sí depende de los adultos a cargo. Es por eso que conviene que padres y cuidadores estemos informados y así prepararnos para cuando llega el momento, poder ayudarlos de la mejor manera.

Antes del comienzo de clases: anticipación y adaptación

Los niños reaccionan mejor a las cosas cuando les son anticipadas. Visitar el jardín o la escuela previo inicio de clases es sumamente positivo y de no ser posible, al menos pasar por la puerta, adelantarles lo que van a disfrutar allí, a quienes conocerán, qué cosas harán también.

Cuéntale las cosas lindas que viste dentro del edificio, cómo va a ser su clase, cómo se llamará su maestra o incluso algunos de sus compañeros si lo sabes, y así irás sembrando curiosidad y generando expectativa.

Cuéntale anécdotas graciosas de tu infancia en la escuela y de tu propia adaptación. Que vea que tú ya pasaste por eso y tienes hermosos recuerdos.
Días antes, de ser necesario, adapta sus horarios para asegurarte de que duerma bien y que así no llegue cansado, porque el sueño no es amigo de la buena predisposición ni en chicos ni en grandes.

Evita las prisas de último momento para salir de casa. Los chicos perciben nuestro estrés y se contagian. Date tiempo para poder desayunar o almorzar tranquilos, sin corridas para facilitar el buen humor y así evitar tensiones y llegadas tarde, ya que si llega después que todos los demás, seguramente se sienta más inseguro aún.

En el jardín

Aprovechar el trayecto para jugar a juegos de palabras puede ser otra herramienta espectacular y muy sencilla para distenderlos. Lo apliqué con mi hija, haciendo uso de algunos de los juegos que les recomendé en la nota sobre juegos para hacer en la ruta y me dio muy buen resultado. Jugamos a “venía un barco cargado de…” e inventamos categorías nuevas como “cosas que puedes encontrar sobre un árbol” (desde nidos hasta animales o frutas o cometas enredadas). El viaje se hizo corto y llegó encantada.

A los niños les cuesta entender cuánto es mucho o poco tiempo. Por ello, puedes remarcar que al reencontrarse harán algo divertido juntos y darle así una excusa por la que valga la pena la espera.

Al momento de la despedida no titubees. Los adultos somos quienes “marcamos el Do”. Tu hijo necesita percibir en tu voz y en tu mirada, que tienes confianza absoluta en que la pasará bien. De lo contrario pensará que tiene fundados motivos para desconfiar de si le va a ser fácil, si hasta su mamá lo deja llorando.

Nunca te vayas a escondidas sin despedirte. Por más duro que te sea, siempre será más duro para tu hijo o hija darse vuelta de pronto y constatar que tal como temía, lo han abandonado.

Después….

El esfuerzo no termina cuando logras dejarlo. Este proceso lleva días o semanas por lo que es importante que entiendas realmente cómo se siente, qué cosas le gustan, cuáles le angustian y pueda encontrar en ti un apoyo, un puente. Escúchalo y pregúntale como le ha ido, con quién jugó, a quienes conoció, cuál fue la parte más divertida del día, o qué tiene ganas de que se repita mañana. Si algo le angustia, préstale palabras para que lo pueda expresar. Tantea qué te parece que lo está afectando, empatiza, y sobre todo valida sus sentimientos.

Y jamás, pero jamás jamás, lo compares con otros niños que se estén adaptando más rápido. Nada nos dolería más que nuestro hijo nos comparase con otra mamá con tristeza o vergüenza. A ellos le pasa lo mismo.

Por último, recordemos que no sólo el niño debe adaptarse al jardín sino que el jardín se debe adaptar al niño y a nosotros como familia, por lo que el período de adaptación puede ser una excelente oportunidad para sondear del dicho al hecho, cómo se maneja el jardín, escuela o colegio en relación a la contención, el respeto, la empatía para con los chicos y si vemos que no es el lugar que esperábamos, tomemos cartas en el asunto.

Hay muchos temas que no salen en una primera entrevista y que uno como madre aprende sobre la marcha y que luego se convierten en un verdadero parteaguas sobre lo que queremos y lo que no para la educación de nuestros hijos fuera de casa. Temas como qué actitud y políticas tienen respecto del tema pañales, o sobre la práctica de mandar deberes, o la forma de calificar o de hacer o no competir a los niños etc, son también la forma de la institución de “mostrar la hilacha” en relación al respeto por los niños y sus necesidades. Aprovechemos el momento para ver si se adaptan o no a nosotros. Si comparten nuestras prioridades y valores.

Y recuerda, la adaptación es un proceso y para cada niño es diferente y a cada uno le lleva su tiempo. Y como dicen, “no hay niños difíciles, lo difícil es ser niño en un mundo de gente cansada, ocupada, sin paciencia y con prisa”.

conocé a nuestra columnista
Claudia Guimaré
Claudia Guimaré
La socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

Conocé cómo Mamá Estimula puede auxiliarte en la crianza de tus hijos.

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