Mujeres que inspiran

María Eugenia Cruces: la capitana de Las Teras en el frente de ataque al coronavirus

Tiene 27 años y cursa el doctorado en Biología celular y molecular; además, es la capitana de la selección uruguaya de rugby y lucha contra el coronavirus como voluntaria en el Instituto Pasteur.

María Cruces. Foto: Cortesía
María Cruces. Foto: Cortesía

María Cruces (27) es la capitana de la selección uruguaya de rugby femenino, conocidas como Las Teras y, además, se encuentra en las primeras líneas del frente de batalla en la lucha contra el coronavirus en el país.

Hace algunos días, Cruces fue invitada por el podcast de World Rugby para compartir su testimonio y así se viralizó su historia. En ese marco, Cruces se hizo el tiempo para conversar con Eme sobre su experiencia con el deporte y como profesional de la bioquímica en la investigación sobre el SARS-CoV-2.

—Combinás dos profesiones: deportista y bioquímica. ¿Cómo fue ese camino?
—Estudié licenciatura en bioquímica de la Facultad de Ciencias y cuando arranqué la carrera me enganché un montón, así que lo hice bastante rápido. Al mismo tiempo empecé a jugar al rugby y, aunque por momentos tuve que dejar, siempre volví. Seguí la carrera, cursé la maestría y ahora estoy haciendo el doctorado en biología celular y molecular y trabajo en el Instituto Pasteur de Montevideo.

—¿Cómo empezaste en el rugby? No es un deporte común en las mujeres.
—Hasta que empecé a jugarlo no sabía que existía rugby para mujeres. No soy de una familia vinculada a ese deporte como sucede tradicionalmente y fue Luchi, una amiga, quien me lo comentó porque su hermano jugaba en el Círculo de Tenis del Prado y sabía que arrancaba el femenino. En ese momento le dije que no quería engancharme porque estaba con la carrera, pero me insistió, me dijo que era para mí y me enganché.

—¿Cómo llegaste a la selección uruguaya?
—Fue en un partido de un campeonato que tuvimos en el interior. Estábamos en el tercer tiempo y se me acercó Miguel Risso, entrenador de la selección en ese momento y me dijo que tenía que ir a unas jornadas en Paysandú. En el momento no entendí nada, pero luego de que me explicaron y decidí ir. Ahí conocí a jugadoras increíbles y viví una experiencia inmersa en el deporte todo el día. Después se armaron dos centros de práctica, uno en el norte y otro en el sur del país, pero la mayoría de las chicas eran de Salto y Paysandú y se complicó un poco con la distancia.

—¿Qué experiencias te marcaron? ¿Cómo llegaste a ser capitana?
—No me olvido más del primer sudamericano que fue, ni más ni menos, que en la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Estar ahí representando a tu país y en este deporte es increíble. Fue una de las experiencias más fuertes y emocionantes de mi vida. Desde ahí quedé más enganchada; muchas veces quise dejar pero no lo hice. El tema del capitanato fue bastante natural; en la selección soy una de las más viejas, no solo por la edad, sino porque tengo más sudamericanos y competencia. Al principio me costó, porque estaba mi capitana del Círculo, pero nos apoyamos mucho entre todas y el equipo saca lo mejor de mí.

El rugby tardará en volver

“No queremos ni pensar en el regreso del rugby. Estamos todas con muchísimas ganas, pero justo es un deporte de contacto y en el que la pelota se agarra con la mano, por lo que no nos imaginamos cuánto puede tardar”, confesó Cruces. Además, contó que hace algunos días entrenó por Zoom con otros seleccionados sudamericanos y fue alentador descubrir que todas pasan por la misma situación y tienen ganas de regresar.

—¿Cómo terminaste en el frente de batalla contra el COVID-19?
—Cuando surgió todo, yo circulaba bastante por el Instituto Pasteur y, por suerte, no tuve que entrar en cuarentena. Entonces tuve la oportunidad de estar en esas primeras reuniones en las que se plantearon las posibilidades sobre cómo podíamos aportar. Así que me ofrecí como voluntaria. Me tocó empezar a hacer diagnósticos y después también hice la transferencia tecnológica al Hospital Pasteur para que ellos pudieran procesar las muestras. Esa también fue una experiencia preciosa porque la gente nos recibió bárbaro y se formó un lindo grupo de trabajo. El intercambio con profesionales con distintas formaciones fue una experiencia enriquecedora.

—¿Cómo es tu tarea en los diagnósticos?
—En el instituto tenemos equipos de trabajo. Todos los voluntarios nos dividimos y cada uno se encarga de una etapa del proceso del ingreso de las muestras. En mi caso, estoy con esos trajes que nos ven trabajar porque me toca inactivar el virus. Es una parte en la que tenemos que tener más cuidado para la seguridad.

María Cruces. Foto: Cortesía
María Cruces. Foto: Cortesía

—¿Cómo ha sido el trabajo en estos meses?
—Trabajamos día por medio de lunes a domingo. Está buenísima la buena voluntad de todos. Por otro lado, hace un mes, junto con Jorge Rodríguez, comenzamos a trabajar en el Hospital Pasteur de lunes a viernes para armar un circuito similar. El martes fue la última vez que fuimos y vimos que todo estaba funcionando, así que estamos súper contentos porque colaboramos con un nuevo centro de diagnóstico.

—¿Cómo sigue la vida ahora?
—Estamos súper contentos de que esa tapa concluyó; el instituto está retomando sus actividades como lugar para investigaciones. Fue increíble y muy gratificante cómo un día, de la noche a la mañana, se convirtió en un centro de diagnóstico. Se transformó y todos nos adaptamos desde lo más básico, como tener marcado el trayecto por donde pasa el carrito con las muestras, hasta trabajar con personas de distintos laboratorios en equipo. Ahora, el plan es que en se vayan bajando las muestras, gracias a que hay más centros de diagnóstico, para que el instituto pueda nuevamente convertirse en un centro de investigación. De todos modos, se sigue trabajando en el tema del coronavirus. De a poco volverá esta nueva normalidad, porque tendremos que adaptarnos para seguir con nuestras actividades.

María Cruces. Foto: Cortesía
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