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Historias de mujeres refugiadas: Soma, Atenas, Grecia

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Soma, MSF
Portrait of Soma Sediqi and her husband. Soma Sediqi and her husband are from Kabul. They have two baby children. “Life in Afghanistan was impossible. Every day there was violence and bombings. There was no future for our family and no medical treatment for me. When you leave your place, you get to a point where you cannot go back. I have met people who said they would rather die than go back. I would never want to go back. Fear of explosions and bombs cannot be compared to anything.” "We arrived in Lesbos in June 2018. Moria camp was horrible and scary. I was afraid all the time. Every day was a traumatic experience." The family stayed in a container with 20 other people for five months before being transferred to Athens. But after they received refugee status, they were told to leave their accommodation. We didn’t expect this. They surprised us. One day we just saw someone else in our room and they told us ‘we have moved all your stuff to the entrance of the hotel'. My son has a severe medical condition that affects the normal development of the kidney. My husband was born with polio, an infectious disease that resulted in the complete paralysis of his left leg.” Despite the eviction, the young parents managed to enroll in the Helios programme and they moved to an apartment in Athens. However, the programme only lasts six months, and so the family will soon face the streets again. “We borrowed money from everyone we know. We needed to give one month’s rent in advance and one month’s deposit, in total 700 euros. The rent is 246 euros while we get 396 per month. Mostly the fridge is off, the light is off, we try to not use electricity. And soon we will have to leave this place, too. I am very thankful for many things and I have met many great people in Greece. There are things that work well in this system. But the government should see us as people and not as numbers.”
Enri CANAJ/Enri CANAJ/MAGNUM Photos for MSF

Mujeres

En el marco del Día del Refugiado, Médicos sin Fronteras acerca las historias de valientes mujeres que han tenido que huir de sus hogares y que aún enfrentan obstáculos en una vida en tránsito.

Soma, MSF

En este momento hay más de 79 millones de personas que se han visto forzosamente desplazadas de sus hogares en todo el mundo. Durante su tránsito en búsqueda de seguridad, deben enfrentar grandes peligros para escapar de la violencia y la persecución.

Médicos Sin Fronteras (MSF)trabaja con poblaciones en movimiento a lo largo de todo el planeta: en los lugares de origen, en las principales rutas migratorias, y en los campos de desplazados y refugiados. Los equipos de MSF proporcionan atención médica y de salud mental, acceso a agua potable y suministros de primera necesidad.

En el marco del Día del Refugiado, MSF acerca las historias de tres valientes mujeres que han tenido que huir de sus hogares, arriesgando todo para poder encontrar seguridad para sus familias, y que aún hoy, deben enfrentar constantes obstáculos mientras se adaptan a una vida en tránsito.

Soma, Atenas, Grecia

La violencia y el conflicto obligaron a Soma y a su familia a huir de su hogar en Afganistán.

Pasaron cinco meses viviendo en el superpoblado campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, donde compartieron un contenedor con otras 20 personas. Luego, Soma, su esposo y sus dos hijos pequeños fueron trasladados a un alojamiento en Atenas donde residen actualmente.

Vivir en Grecia como refugiados ha presentado nuevos desafíos para Soma y su familia. El acuerdo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía -un conjunto de políticas destinadas a evitar que los refugiados, migrantes y solicitantes de asilo crucen a Grecia desde Turquía-, ha provocado que miles de mujeres, hombres y niños terminen atrapados indefinidamente en condiciones espantosas en Grecia. Y en 2019, una nueva ley más estricta redujo la ya limitada capacidad de los solicitantes de asilo para obtener atención médica.

El último golpe a la población de refugiados de Grecia se produjo durante la pandemia, cuando las autoridades intentaron descongestionar los campos de refugiados desalojando a más de 11.000 personas desplazadas por la fuerza de sus alojamientos, incluida Soma y su familia.

"No esperábamos esto", explica. “Un día, encontramos a una persona dentro de nuestra habitación que nos dijo: 'Hemos trasladado todas tus cosas a la entrada del hotel'”.

Durante años, MSF ha pedido a las autoridades griegas que brinden alternativas seguras y dignas a los campos de refugiados, que permitan el acceso a procedimientos de asilo justos y garanticen una atención médica adecuada adaptada a las necesidades de las personas que huyen de la violencia, los conflictos y el trauma. Hasta que eso suceda, los equipos de MSF proporcionan servicios de salud esenciales a las personas desplazadas tanto en las islas del Egeo como en el continente.

Soma y su familia han encontrado apoyo temporal a través de un programa local, pero solo dura seis meses. A pesar de esto, Soma está decidida a encontrar un futuro mejor para sus hijos y se niega a mirar atrás.

“Cuando sales de tu lugar, llegas a un punto en el que no puedes regresar. El miedo a las explosiones y las bombas no se puede comparar con nada".

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