por JUAN CARLOS RAFFO
Usted es el responsable de que la multinacional india Tata Consultancy Services (TCS) se haya instalado en Uruguay, en Zonamérica precisamente…
Bueno, yo creo que soy uno de los tantos responsables de que Tata haya mirado hacia Uruguay. En general lo que ocurre es que nosotros empezamos a promover el país en este tipo de servicios que puede ofrecer. Sobre fines de 2000 hicimos la primera teleconferencia entre la Confederación de Industrias de la India y un grupo de empresas uruguayas, entre las que se encontraban Antel UTE, Zonamérica y empresas de software, para informarnos sobre el proceso que estaba ocurriendo en la India relacionado al software.
Ese fue el primer paso y luego intervino directamente la gente de TCS. En particular el presidente de TCS para América Latina, Gabriel Rozman (uruguayo), quien me vino a ver a la Embajada (uruguaya en la India), inmediatamente hicimos un muy buen vínculo y vinimos a Uruguay a una reunión con el entonces presidente Jorge Batlle. Allí se hizo lo que hay que hacer con los inversores: ofrecerle lo que necesite y expresarle que el país está dispuesto a dárselo. Así es como se mueve el mundo hoy.
¿Lo dice ahora como el encargado de evaluar oportunidades de negocios para TATA en el continente?
Estamos investigando posibilidades de inversión en América Latina y lo que nosotros vemos es que en todas la regiones, tanto a nivel de políticas de país o provinciales, pujan mucho por obtener inversiones. Hemos estado en Córdoba, en San Juan, en Paraguay, en Chile y en distintos estados de Brasil, y en todos lados hay un gran deseo por obtener inversión en una lucha a veces desigual.
¿Qué ventajas le han ofrecido?
De todo tipo. Exoneraciones de impuestos, regalos de terrenos, compromisos de compra futura; por ejemplo, si TATA se instala con una planta de camiones, nos ofrecen que el gobierno se compromete a comprar 2.000 unidades por año y eso ya es una base brutal.
Usted representa a TATA Internacional ¿a qué se dedica este brazo del holding?
Es el que colabora con las más de 85 empresas del grupo para estudiar tanto comercio como nuevas inversiones. El grupo TATA llegó a un nivel de desarrollo en la India que desde hace años se dio cuenta que tiene condiciones para ser una empresa global. Por supuesto que las prioridades son los países vecinos, el resto de Asia, Europa y también África. Tal vez la región más alejada física y comercialmente sea América Latina, pero como toda empresa que pretende ser global decidió abrir una oficina en la región; y cuando yo le comuniqué que me volvía a Uruguay al presidente del grupo, Ratan Tata, él me ofreció ser el embajador del grupo para América Latina para aconsejarles y abrir las puertas en los distintos países. Eso es lo que hoy estamos haciendo, analizando distintas posibilidades en Uruguay, en Argentina, en Paraguay, en Brasil, en Venezuela, tanto en comercio como en inversiones.
¿Cuáles son las principales oportunidades de negocio detectadas hasta el momento?
En términos de comercio se ha vendido hierro, ladrillos refractarios, cuero, entre muchos otros productos. En términos de inversiones, estas pasan por el desarrollo de la industria siderúrgica, una de las fortalezas del grupo, para lo cual estamos atrás de la materia prima, de la asociación o compra de plantas y también de nuevas explotaciones de minas. La proyección del grupo en este rubro es llegar a los 15 millones de toneladas para el año 2010 cuando en este momento la producción es de 6 millones de toneladas.
¿En Uruguay particularmente existe alguna oportunidad?
Estuvimos viendo, como en otros países de la región, las posibilidades para el sector automotriz; no en automóviles, sino en utilitarios, en camiones pequeños. En este momento están terminando una gira muy grande tres expertos en Marketing de TATA Cars por toda América Latina. Visitaron Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay, Perú, Chile, Colombia y Venezuela y vamos a tener un panorama. Soy bastante optimista respecto a las posibilidades de TATA en el sector de camiones y camiones pequeños, ya que hace dos años compró la división de camiones de Daewoo en Corea y además es un productor importante en la India con más de 300.000 unidades por año. Produce una variedad muy grande, desde ómnibus de pasajeros pequeños, grandes, medianos; camiones chicos y grandes de todo tipo.
Entonces, Uruguay es candidato en este sector…
Uruguay está por lo menos arriba de la mesa con cierta chance.
Señaló que los países e incluso las provincias son agresivos para captar inversión ¿nota esa actitud en Uruguay?
Se trata de medios; hay Estados o provincias que ofrecen cosas que uno es consciente que Uruguay no puede ofrecer. Ningún departamento uruguayo puede ofrecer comprar 2.000 camiones por año, son desventajas muy grandes. En cambio, otras ventajas que ofrecen otros países sí podrían ser imitadas por Uruguay, pero no veo la misma agresividad.
¿Esa agresividad debería ser pública o privada?
Yo creo que debería ser una definición política. Este tipo de cosas, como donar un terreno o exonerar un impuesto, no las hace un privado, sino que las hace un gobierno; entonces, es una definición de estrategia de promoción de inversiones a nivel público. De alguna manera yo pienso que Uruguay hace lo que puede, pero probablemente pudiera hacer más, pudiera demostrar más interés. Cuando nosotros viajamos al exterior y mencionamos al grupo TATA notamos una reacción inmediata de las autoridades y ese reflejo sinceramente no lo vemos en el Uruguay.
Usted conoce de cerca a los empresarios indios ¿qué los diferencia de sus pares uruguayos?
Hay algo que es imposible que el empresario uruguayo lo tenga: la mentalidad de que todo es posible. Y todo es posible porque tienen un mercado interno gigante y cuando no tienen el mercado interno tienen la productividad y los precios para vender al exterior. Entonces, para un empresario indio cualquier proyecto de cualquier naturaleza es posible, mientras que para un empresario uruguayo es exactamente lo contrario.
¿Sólo por cuestiones de mercado doméstico o el uruguayo es intrínsecamente más negativo?
Creo que las condiciones del mercado, lo que hemos padecido en términos de crisis y las dificultades que tenemos en esta asociación con el Mercosur, en la cual pensamos que tenemos un mercado de 200 millones de habitantes y muchas veces ese mercado no existe, nos hace muy temerosos, nos hace tener mucho cuidado con todo lo que uno vaya a emprender. Es muy difícil comparar esas realidades porque las situaciones que tiene que vivir un empresario y otro son totalmente diferentes. Por supuesto que en la India hay una clase empresaria de primerísimo nivel mundial; hay empresas en la India que tienen estudios a 50 años plazo y nosotros no tenemos estudios a dos años plazo. Entonces, son países que por su dimensión, su peso específico, por lo que piensan que van a ser dentro de tantos años, se animan a proyectos muy importantes. Por ejemplo, una empresa en la India está analizando un proyecto de U$S 11.000 millones, el equivalente al valor de 11 o 12 puentes Buenos Aires-Colonia.
Cuando nosotros en TATA hablamos de producir 15 millones de toneladas de hierro en 2010, estamos hablando de crecer 25% año sobre año y esas son cifras casi imposibles de comparar con lo que tenemos en la región. Eso nos da una dimensión diferente de la mentalidad empresarial; de todas maneras un baño de optimismo y de riesgo empresarial no nos vendría nada mal.
Se discute mucho si los embajadores uruguayos deben tener perfil político o comercial…
Yo creo que lo mejor es un buen mix, pero es realmente difícil conseguir que los embajadores puedan tener la formación técnica, empresarial, para poder tener un buen diálogo con el empresario y creo que eso no se entrena. Lamentablemente en el Instituto Artigas de Servicio Exterior se les hace estudiar toda la parte institucional, pero no hay un entrenamiento adecuado para convertir a esos futuros embajadores en buenos portadores y en buenos intermediarios de negocios. En lo que más tenemos que trabajar con nuestros diplomáticos es en ser captadores de inversión; se pueden vender productos, pero lo importante es convencer al inversor que venga a Uruguay. Y no es tan difícil; la prueba está en que desde un paisito de 3,3 millones de habitantes pudimos hacer venir a empresas de un país que tiene 1.100 millones de habitantes. Suena ridículo, pero a veces el tamaño tiene sus ventajas.
El embajador
Enrique Anchordoqui inauguró la representación diplomática uruguaya en la India hace seis años y allí se mantuvo como embajador hasta marzo pasado. Su gestión tuvo un fuerte énfasis comercial y esta fue clave en la instalación de Tata Consultancy Services en Zonamérica, en el joint venture de la automotriz Mahindra con Nordex y en la exportación de unidades potabilizadoras de agua a la India, entre varios otros proyectos concretados y en curso.
Ahora estrenó oficina en el World Trade Center de Montevideo, donde puso base para monitorear las oportunidades de negocio en América Latina para el Grupo TATA, su nuevo empleador
Como diplomático uruguayo corredactó el acta de Colonia, que modificó el Cauce luego de la dictadura y como ministro en la Embajada de Uruguay en Brasilia trabajó en la incorporación de Uruguay al acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil, que luego dio paso al Mercosur.
Estudió Integración Económica, tiene 66 años, está casado y tiene tres hijos.
Tata
El Grupo TATA comprende 91 compañías en siete sectores principales de negocios: sistemas de información y comunicaciones; ingeniería; materias primas; servicios; energía; productos para consumidores; y químicos. Con ingresos de U$S 14.250 millones en el ejercicio 2003-2004, el equivalente a 2,6% del producto interno bruto de la India, las empresas del grupo emplean a unas 220.000 personas. Tata International es el área que evalúa oportunidades de negocio para el grupo.