Las empresas de mudanzas y transportes de muebles ya sabían de su existencia pero no las habían visto en Uruguay. Ricardo Frechou (29), uno de los dueños Altilec, se encontró con estas máquinas en 2010 en España. Se trata de escaleras elevadoras, sobre tráiler o camión, con un cajón para carga que permiten realizar en 30 minutos y con un operario, lo que en un sistema de mudanza por cuerdas llevaría tres horas y varios trabajadores.
Se estima que en Montevideo son más de 20.000 las mudanzas anuales hacia apartamentos, sin contar la compra de artículos puntuales. Existen unas 50 empresas de mudanzas en la capital (sin contar el comercio informal) y más de 200 mueblerías. Frechou aclaró que a estas empresas, los principales clientes de Altilec, se les debe sumar el rubro de la construcción, ya que las máquinas se utilizan también para elevar materiales tipo ladrillos, aberturas y artículos de baño. También alquila a particulares.
Altilec tiene operativas dos de estas máquinas en Uruguay. Una llega hasta los 21 metros y soporta hasta 250 kilos; la otra alcanza hasta 31 metros y eleva hasta 300 kilos. El costo oscila entre los US$ 25.000 y los US$ 100.000, la más caras llegan a los 54 metros con 400 kilos. El precio de promoción actual es de $800 la hora de trabajo. «Nuestros costos, comparados con lo que puede ser una subida de cuerdas, son la mitad o menos de la mitad», indicó Frechou.
DESPUÉS DE LA IDEA
Durante su estadía en España, Frechou se puso en contacto con los representantes de estas máquinas y descubrió que la firma proveedora era alemana. El próximo paso fue viajar a ese país para contactarse con sus dueños. En noviembre de 2010 volvió a Uruguay y comenzó a darle forma al proyecto. «Empecé a hacer una investigación de mercado casera y a preguntarme cómo se podían traer. Armé un plan de negocios de cinco carillas, y se lo llevé al que ahora es mi socio en Uruguay, Alberto Fleurquin (29), y le encantó», recordó.
Una vez tomada la decisión restaba conseguir el dinero necesario para la inversión, que habían calculado serían unos US$ 200.000. La primera puerta a golpear fue la de un fondo de inversión argentino en el que tenían contactos, y dio resultado. Pidieron US$ 150.000, porque la cifra verdadera les parecía «mucha plata», y los recibieron a cambio de la mitad de la empresa. En diciembre de 2010 crearon Altilec.
«Ahí me fui a Europa y visité todas las fábricas. En ese momento no teníamos oficinas acá, lo que podíamos vender era una imagen. Me alquilé un buen auto, siempre vestido impecable, y fui a todas las fábricas», contó el emprendedor.
El negocio se cerró finalmente con la alemana Paus, una de las líderes en el rubro, que aceptó brindarle a Altilec la representación de la marca con exclusividad por cinco años para Uruguay, Argentina y Brasil.