La cadena de comida italiana Spoleto es una de las franquicias más exitosas de Brasil. Sus fundadores, Eduardo Ourivio y Mário Chady, son citados como emprendedores modelo por entidades especializadas como Endeavor, por haber convertido su marca -en apenas nueve años- en un negocio de más de U$S 120 millones, con 177 restaurantes que incluyen México, España y Portugal.
Con un ambicioso proyecto de expansión internacional, la empresa contrató en 1999 -el año siguiente a su fundación- al bufete de abogados Montaury Pimenta, Machado & Lioce, especializado en propiedad intelectual, con la intención de registrar la marca en el mayor número de países posible; un proceso que, principalmente en América Latina, suele ser bastante lento. Fueron 20 procesos de registro en las naciones que consideraron los principales mercados del mundo, incluyendo países europeos y asiáticos.
Y fue así como descubrieron un gran problema. La empresa tenía un clon en Colombia, registrado en 2002, que los estaba procesando por querer entrar en el país con el mismo nombre. La compañía colombiana, que ya tiene 10 filiales en Bogotá y prepara una expansión a Cali y Medellín, no copió sólo el nombre, sino también el layout, el color code y hasta el mismo concepto: comida rápida italiana preparada por el cliente.
"Fue frustrante encontrar una situación como la de Colombia, porque había una planificación. El modelo de Spoleto fue concebido para ser un negocio multiplicable y la expansión estaba en el ADN de la empresa", dice Antonio Moreira Leite, gerente de Expansión Internacional de Spoleto, quien sigue de cerca un proceso que sus abogados mueven contra el pirata en la Justicia colombiana.
Éste es sólo uno de los casos que se repiten en América Latina. Antiguamente empresas regionales registraban y copiaban marcas estadounidenses, europeas y asiáticas, como ocurrió con 3M en México. Pero hoy aumentan los casos de piratas que copian marcas de Latinoamérica. El fabricante de bikinis brasileños Salinas ya realizó procesos contra copias de su marca en México y Corea del Sur, sin contar otros por imitación de sus estampas. Spoleto ya había sufrido con un caso similar en Portugal, donde ganó la causa tras tres años.
El camino de integrar. Pensando en esta clase problemas, organizaciones sudamericanas de registro de propiedad intelectual de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador Paraguay, Perú, Surinam y Uruguay iniciaron una campaña para integrar el proceso de información de registros de marcas y patentes a través de un portal (www.mercosur.int/sgt7), que funciona con administración rotativa de cada país. El representante por Uruguay es el director nacional de Industrias, Adalberto Fried.
paso a paso. Según Jorge Ávila, presidente del Instituto Nacional de Propiedad Intelectual de Brasil, que lideró la iniciativa, el portal sería el primer paso hacia la armonización en la legislación, que puede ocurrir a partir del próximo año, y que permitiría que un registro en un país valiera en los otros. Por ahora, el portal permite, por ejemplo, que un chileno sepa si una marca está registrada en otro país, y al mismo tiempo, acompañar su proceso de registro en Brasil.
"Eso acaba sirviendo como un estímulo para facilitar la vida de las empresas. Cuando comienza a trabajarse con un producto de mayor valor agregado, la patente y la marca son muy importantes. Es necesario que la región trabaje para un ambiente más favorable para los emprendedores", dice Ávila, destacando que es la marca la que protege la innovación en el proceso de negocio.
Luciano Deos, presidente de la consultora brasileña GAD, especializada en creación e implantación de marcas, cree que esta iniciativa lleva a un proceso de integración y puede permitir que las empresas se protejan en América del Sur, evitando un proceso complicado y oneroso. "Evitará el proceso de apropiación liviana de marcas, para tomarles beneficios o hasta venderlas", comenta.
Para Leonardo Leite, del bufete Demarest e Almeida Advogados, en So Paulo, la lentitud de los registros -que pueden demorar un promedio de dos años y medio- y sus costos -un promedio de U$S 250 en cada país- son desestímulos para los empresarios. "Muchos registros se pierden porque las empresas no quieren perder tiempo ni dinero", dice el consultor, para quien el registro de marcas en el país es muy bajo. "Brasil tiene una balanza favorable de productos que no tienen marca y los que tienen son exportados a países vecinos, que no son parte del protocolo de Madrid", dice Leite sobre el protocolo internacional que integra los registros de 80 países, entre ellos, Colombia, Cuba y Estados Unidos. (América Economía)