La startup que mejora la productividad agrícola con ayuda de las abejas e innovación

La argentina Beeflow ya captó US$ 15 millones de inversión, opera en Argentina, EE.UU., México, Perú, Chile y Brasil y trabaja con gigantes del agro

Matías Viel. Fundador de BeeFlow.
Matías Viel. Fundador de BeeFlow.

A Matías Viel le llegaron mensajes de inversores de EE.UU. y Europa por un hecho que no vio venir. «Estaba paseando al perro escuchando la columna de (Javier) Milei y de repente escuché a Beeflow», le escribió uno de ellos. La mención -en una nota en The Economist, firmada por Javier Milei y Federico Sturzenegger, sobre regulación y competencia empresarial- lo tomó por sorpresa y admitió: «Fue un reconocimiento enorme. Pero para nosotros es muy importante seguir siempre con los pies en la Tierra».

Cuando Viel habla de Beeflow, su empresa especializada en mejorar la polinización agrícola a través de ciencia aplicada a las abejas, vuelve una y otra vez a una idea: todo empezó porque quería emprender con sentido. «Quería hacerlo por algo que generara un impacto positivo en el mundo y contribuya a resolver grandes problemas», resumió.

Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de San Andrés, su carrera pasó por Despegar, una startup de venta de autos en Brasil, y la agencia de marketing Bullmetrix. Pero en 2016, durante un período de búsqueda personal, un café con Matías Peire -fundador de la aceleradora de biotecnología GridX- le cambió el rumbo.

Peire le abrió la puerta a un universo que no conocía: investigación argentina de primer nivel, mucho de ella publicada en papers, pero sin convertirse en soluciones para el mundo productivo. Lo invitó a conversar con científicos y allí conoció a dos investigadores del Conicet, y luego al científico Walter Farina. Con ellos identificó un problema enorme, poco atendido y lleno de oportunidades: la polinización.

Beeflow.  Se propuso profesionalizar la polinización apoyada en la ciencia.
Beeflow. Se propuso profesionalizar la polinización apoyada en la ciencia.

«Empecé a buscar empresas que estuvieran desarrollando conocimiento o tecnologías vinculadas a las abejas y no encontré nada. Entonces pensé ‘tengo que salir al campo’. Durante 2016, me dediqué a viajar a tomar mate con productores de Río Negro, Tucumán, Mendoza y Entre Ríos: tenía que entender muy bien el problema y cómo piensan, para luego desarrollar un modelo de negocio. Y todos repetían lo mismo: la polinización era clave para los frutales, pero se manejaba de forma ‘intuitiva’», explicó Viel.

Beeflow se propuso profesionalizar la polinización apoyada en la ciencia. Su diferencial: combinar colmenas especialmente manejadas, nutrición que mejora el rendimiento de las abejas en frío y dos tecnologías licenciadas de grupos científicos argentinos, que optimizan el comportamiento de los insectos hacia las flores que importan para el cultivo.

«El 70% de los cultivos del mundo depende de las abejas para transformar flores en frutas. Y había un gran problema de biodiversidad en el mundo: las abejas estaban muriendo», explicó.

La primera prueba fue en 2016, en una plantación de kiwis en Mar del Plata. Viel se ocupó desde manejar las colmenas hasta alimentar a las abejas con moléculas desarrolladas. El resultado validó el negocio: un aumento de más del 40% en la producción.

Visión global

Con esa validación en la mano y de cara a la contratemporada, Viel se focalizó en el hemisferio norte: aplicó a IndieBio -una de las aceleradoras de biotecnología más importantes del mundo- y se trasladó a California. Allí repitió el ritual de los mates, con productores estadounidenses. Los resultados también fueron positivos. La polinización profesionalizada podía mejorar entre 10% y 40% el rendimiento de cultivos de almendras, arándanos y cerezas.

Hoy, Beeflow opera en seis países -Argentina, EE.UU., México, Perú, Chile y Brasil- y trabaja con más de 50 compañías en 11 cultivos. Su equipo está formado por 28 empleados permanentes y llega a casi 80 durante las temporadas agrícolas.

El plan para 2026 incluye consolidar la operación en esos países actuales y alcanzar la rentabilidad, con una facturación que supere los US$ 10 millones. Conseguido este objetivo, el paso siguiente es expandirse a Europa y comenzar a explorar oportunidades en Asia hacia 2028 donde varios de sus clientes ya operan.

Para Viel, la residencia en EE.UU. fue clave para acceder a financiamiento de los principales fondos de inversión que invierten en tecnología y así expandir más rápidamente la compañía.

Desde entonces, Beeflow levantó más de US$ 15 millones en inversiones. Su primer respaldo fue de GridX; luego se sumaron fondos agrícolas de EE.UU. y, más recientemente un fondo vinculado a Elon Musk.

«En 2018 hicimos nuestra primera ronda de inversión, por US$ 3 millones, que nos permitió empezar a expandirnos en EE.UU. En 2021, lanzamos una serie A, con la que pudimos acelerar la expansión más allá y volver hacia América Latina», precisó Viel.

Laura Ponasso
La Nación / GDA

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