Pablo Coirolo nació en Las Piedras, vivió en EE.UU., volvió a Uruguay y se recibió de ingeniero agrónomo, pero nunca ejerció. Al terminar la carrera -y tras una experiencia breve en un campo de Durazno- decidió que tenía que aprender más sobre el costado de los negocios y viajó a EE.UU. a estudiar un MBA en la American University, en Washington. Corría 1992; Internet era una herramienta incipiente, de uso académico, y el uruguayo quedó fascinado con las posibilidades de esta tecnología, y con las computadoras NeXT que se encontraban en la universidad.
«En 1995 diseñé la página de la Escuela de Comunicaciones de la American University, poco tiempo después de que Tim Berners-Lee lanzara la World Wide Web. Ahí me metí en la tecnología y fue un camino de ida. Siempre me ha motivado aprender y hacer cosas nuevas», expresó Coirolo a El Empresario desde su casa en Suiza.
Esa experiencia lo marcó a tal punto que decidió cambiar su carrera. Hoy es experto en la tecnología blockchain, trabajó en empresas de la industria como aeternity y actualmente es miembro de la Crypto Country Association de Liechtenstein y fundador de Crypto Bay Montevideo («un espacio multidisciplinario para desarrollar el ecosistema» digital). Incluso, en la pandemia, puso su casa de veraneo en el balneario San Luis (a la que describe como su «cable a tierra») para que fuera una de las sedes de Punta Tech.
Veta emprendedora
Después de completar el MBA en EE.UU. volvió a Uruguay con su esposa, contadora con un máster en economía, que había recibido una oferta de trabajo. Él, en tanto, fue reclutado en 1998 por Telefónica para lanzar Telefónica Data Uruguay, la primera empresa de la compañía española en el país.
Habiendo sido pionero en la popularización de la telefonía móvil, dejó la multinacional para crear una startup de pagos móviles. Fue en 2004, casi 15 años antes de que se extendiera esta forma de pago.
«Encontré realmente mi pasión, que es emprender, el mundo corporativo no era lo mío. Pero fue una idea delante de la curva, me acuerdo que 10 años más tarde viajé a China y vi a la gente pagando con el celular un corte de pelo», recordó.
Más allá de que el negocio no prosperara Coirolo entendió que lo suyo era trabajar de forma independiente porque, además, le permitía compatibilizar su carrera con la de su pareja. Mientras ella ascendía dentro de Siemens, lo que le implicaba trasladarse a Argentina, Perú, Alemania y posteriormente Suiza, él podía hacer lo suyo desde cualquier parte del mundo. Considera a su familia como una de «nómades».
Universo Bitcoin
En 2014 desembarcaron en Erlangen, una ciudad cerca de Núremberg. «En Alemania me pasó lo mismo que en EE.UU. con Internet, pero con bitcoin», reflexionó el uruguayo.
Coirolo conoció la criptomoneda gracias a un amigo que lo invitó al Bitfilm Festival, dedicado a mostrar, a través del cine, usos innovadores de la tecnología. «Fue cuando realmente entré en todo el tema de blockchain y bitcoin. Y para mí lo interesante de esto es que vi que por primera vez podíamos transmitir valor a través de Internet. Había estado en todas las etapas de la evolución, desde que era solamente una fuente de información, luego comenzó con comercio, después vino la parte de social media. Y ahora por primera vez podíamos transmitir valor. Sabía que era revolucionario, que tenía un potencial enorme», añadió.
Al año siguiente, en 2015, replicó el modelo del festival en la Universidad ORT y dio la primera conferencia de bitcoin en Uruguay. Solo asistieron 15 personas, aunque para él fue exitoso, porque su plan era comenzar a transformar al país en un «hub del blockchain». En 2019, cuando colaboró en la organización de LA Bit Conf en Uruguay (fue la primera en América Latina) asistieron más de 1.000 personas de todas partes del mundo.
«Tenemos un Plan Ceibal, que es fantástico y crea nativos digitales. ¿Pero qué pasa cuando termina? ¿Qué oportunidades de trabajo damos después? Hay una escasez en el mundo de desarrolladores de software enorme, todavía más en lo que es blockchain. Pagando salarios exorbitantes. Entonces creo que hay una oportunidad de capacitar, generar empleo en Uruguay y crear incubadoras. Pero la parte legislativa tiene que acompañar eso», subrayó.
Coirolo cree que el marco legal es fundamental para estas nuevas tecnologías, por eso su nueva empresa, Light47, la fundó en Liechtenstein (país entre Austria y Suiza) donde desde 2016 trabaja en «la parte regulatoria de los activos digitales» junto al gobierno de ese país. «La Unión Europea está tomando parte de nuestra legislación para crear el marco normativo para toda Europa», remató el experto uruguayo.