POR STELLA MARIS PUSINO
[spusino@elpais.com.uy]
Es abogado, español y tiene 53 años. Como presidente de Securitas en Iberoamérica cree que para su firma la inseguridad "es un buen agente comercial, pero no el leitmotiv del negocio", en virtud de que dependen de que a las empresas les vaya bien. A nivel local, la compañía cuenta con 9.000 clientes y 2.550 empleados y se esfuerza por retenerlos con mejoras salariales y "reforzando el vínculo entre el guardia y su supervisor". "El sindicato siempre reclama algo y está bien que lo haga. Es mandato de los accionistas tener buena relación con el trabajador", sostuvo. Viaja gran parte de su tiempo y lo aprovecha en los aviones para leer. Cuando puede se pone las botas y huye al campo con su familia: su esposa y su hijo de 23 años.
Cómo se inició Securitas?
Nació en 1934 como una cooperativa de serenos en un pueblito del sur de Suecia. Hacia la década de 1960, en un país avanzado desde el punto de vista social y en donde el concepto de lo privado existió siempre, comenzó a fusionarse con otras cooperativas y maduró como empresa. Se le buscó entonces un nombre en latín, porque no había cristiano que entendiera la palabra seguridad en sueco, y se eligió el logotipo de los tres puntos que representan la «s» del llamado de socorro SOS, en clave morse. Se extendió luego por los países nórdicos.
¿En sus orígenes sólo se dedicaba a la seguridad privada?
Al principio hacía también cerraduras pero luego fabricó los primeros sistemas electrónicos de seguridad. En esa década comenzó a expandirse por Europa, en 1984 comenzó a cotizar en bolsa, y en 1999 dio el salto al otro lado del Atlántico comprando la legendaria compañía Pinkerton, que ofrecía seguridad ya en la época del Lejano Oeste, en EE.UU. Para entonces, habían decantado tres áreas de negocio: vigilancia, transporte de valores y sistemas de seguridad, domiciliario e industrial.
¿Y cuándo llegó a Uruguay?
El mismo año, 2006, año en el que se separan esas áreas de negocios en compañías distintas. El transporte quedó en Loomis International, alarmas domiciliarias es Securitas Direct International, las industriales, en Niscaya y Securitas abarcando el área de vigilancia. Llegamos primero a Argentina a modo de prueba piloto, el día en que el presidente (Fernando) De la Rúa salía en helicóptero de la Casa Rosada, en 2001. Y luego, al ver que funcionaba, lo continuamos en Uruguay adquiriendo en el inicio dos compañías, la de vigilancia Secco, con 600 empleados, y la de alarmas Proguar, con 2.500 servicios de monitoreo y respuesta. Más tarde, en 2008, sumamos otras dos, Servicios de Seguridad SRL, con 900 funcionarios, y SATS SRL con 5.000 clientes.
¿Pero en los mercados emergentes los negocios siguen estando bajo la órbita de una sola empresa?
Sí, a excepción del transporte de valores que no explotamos pues precisa una estructura de capital distinta. Somos muy intensivos en mano de obra. En Uruguay tenemos 2.550 empleados full time y unos 9.000 clientes, 8.600 residenciales y 400 industrias, en todo el país, 80% centrado en Montevideo.
Luego de las últimas adquisiciones, ¿cuánto ha crecido la actividad en Uruguay?
En términos de facturación, casi el doble de lo que entonces se facturaba. Mensualmente $ 60 millones (unos US$ 3 millones). En los últimos años, además, el aumento de los salarios en el sector favoreció más el crecimiento. Hace cinco años un guardia ganaba $ 5 la hora, hoy $ 52. Sigue siendo bajo, pero haciendo 12 horas como ocurre en Securitas, con cuatro consideradas extras, cosa que no hacen todas las empresas del rubro en este país, un guardia llega a un sueldo nominal de $22.000, similar a los que paga la construcción o el sector retail. Cuando la tarea requiere más calificación, además, se dan incentivos sobre el laudo. Aún así, el sindicato siempre reclama algo y está bien que lo haga. Es mandato de los accionistas tener buena relación con el trabajador.
De cualquier modo, las tasas de rotación en el sector son altas...
Es que el desempleo en este país es bajo y, nuestro trabajo, aparentemente fácil, tiene condiciones duras. Trabajamos cuando los demás descansan; no es sencillo. Depende además del nivel de exigencia de cada compañía, que en Securitas es elevado. Uruguay es uno de los países con mayor índice de rotación, ha mejorado muchísimo, pero es alto aún. Cuando cambian los índices de desempleo, véase por ejemplo España, nuestros índices de rotación son bajísimos. Tenemos que ser hábiles en retener empleados, porque es un recurso escaso y costoso porque brindamos entrenamiento y capacitación.
¿Y cómo logran retenerlos?
La clave, además del sueldo, ha sido generar un buen ambiente de trabajo, reforzando el vínculo entre el guardia y su supervisor. Antes, había sectores en donde el guardia para su supervisor era «carne con ojos», «el padrón 21384», o «pichis arreglados con los chorros», prejuiciosamente porque, en realidad, si hubo una decena de esos casos en todos estos años y en la cantidad de empleados, fue mucho. Ahora todos se consideran compañeros de trabajo y la gran mayoría es gente comprometida con su tarea. Ir logrando estos cambios ha sido un proceso fenomenal.
¿Queda algún prejuicio que erradicar en el tintero?
En todo el mundo una empresa de seguridad es algo oscuro, blindado, oculto. Nosotros luchamos contra esto. Somos personas normales, yo no he sido militar ni policía, somos gente de negocios, que gestionamos recursos humanos, que ponemos a proteger bienes y personas; finalmente, lo que hacemos con nuestros clientes es que ellos continúen con su proceso de trabajo, nosotros vivimos de que ellos abran por la mañana su negocio. Y esto es un cambio en la manera de ver las cosas, porque la seguridad pública va a existir siempre pero no va a llegar a todos los rincones. Además no es lógico que en la puerta de un banco haya seguridad pública, porque la seguridad en los bancos la tienen que pagar sus accionistas, no el Estado. Yo como ciudadano quiero que la seguridad pública me proteja en la calle.
¿Se opone a la existencia, por ejemplo, del servicio que brinda la policía local a privados?
Lo critico porque no me parece justo. Quiero que el policía esté luchando contra la delincuencia en la calle, entre otras cosas, porque con mis impuestos pudo aprender a combatir el delito público. Si el accionista de un banco quiere proteger más sus bienes, que pague por ello. Para eso está Securitas. Esto ocurre en todos los países del primer mundo y cuanto más se desarrollan menos existen esas «changas» como el 222 para la policía.
¿Estaría de acuerdo con el hecho de que una empresa privada gestione una cárcel?
Estaría de acuerdo con que una compañía privada gestione el control de acceso a una cárcel, no la disciplina penitenciaria. ¿Qué hace un funcionario de prisión, formado para rehabilitar presos, en un centro de control visualizando cámaras? No tiene sentido. Una empresa de seguridad será más barata y más eficaz controlando accesos, lo vemos en EE.UU., Inglaterra, Holanda, Suecia y Alemania. En España, por ejemplo, tenemos el control de accesos de la Academia General Militar.
¿Hay policías o militares en el plantel de empleados?
Teníamos seis policías y algún militar retirado. Algunos policías optaron por continuar con nosotros, pero esos colectivos ya no son fuentes de reclutamiento. Sí seguimos siendo fuente de primer empleo. Y para mujeres, que integran 20% de la plantilla de empleados.
¿Qué parte del mercado local abarca Securitas?
En vigilancia física, facturamos 400.000 horas al mes, con 2.200 guardias; Prosegur tiene 300.000 horas, con 1.600, y Grupo Cuatro tiene 900 guardias. Sigue luego ISS, que también tiene servicio de limpieza. En monitoreo y respuesta, los principales somos Securitas, Prosegur y ADT.
Decía usted que el 80% del negocio está radicado en Montevideo. ¿Será porque en el interior es otra la percepción social de la inseguridad?
La inseguridad para nosotros es un buen agente comercial, pero no es el leitmotiv de nuestro negocio. Dependemos de las empresas y de que les vaya bien, cuanto más tienen más necesitan proteger; si les va mal prescinden de nosotros. No vendemos más si hay mayor inseguridad social. A lo mejor en la alarma domiciliaria sí influye, porque uno protege su casa basándose en sensaciones muy personales, y es posible que de no poder pagar muchos servicios, no se renuncie a tener alarma. Hoy 80% del negocio se genera en vigilancia física de clientes industriales y 20% domiciliarios.
¿Hacia dónde se va en materia de seguridad?
Hay varios factores que dirigen este negocio. Uno es la economía pura y dura: PBI alto, nosotros felices; PBI bajo, nosotros sufriendo. Otro: los recursos humanos son escasos, caros y cada vez más difícil de especializar. Por tanto, la tendencia del sector es utilizar más tecnología, que viene a favorecer el rubro. Otra tendencia clara es que los estados tienen cada vez menos recursos, con lo cual la seguridad pública va cediéndole espacio a la privada para complementarse con ella. Pasa en todas las sociedades democráticas, porque en las que no lo son el concepto de la seguridad es absolutamente diferente. Y otra tendencia es hacia la profesionalización, ya no vale cualquiera para este negocio. Ya no somos el último recurso.
También se profesionaliza la seguridad pública. El tipo de delito de hace 20 años no es el de hoy...
Claro y no será el actual igual al de mañana. El especialista en seguridad pública tendrá cada vez mayor nivel. Igual que el privado porque ocupará sitios tecnológicos que antes se desconocían. Por ejemplo, un vigilante tiene que ser el primer escalón en el mantenimiento del sistema de detección de incendios. Esta es una tendencia muy clara, que nos complica, pero nos gusta el reto. Nos permitirá tener mejores profesionales.
¿Cuántos delitos no pudieron impedir sus guardias?
Dos incidentes en los últimos cuatro años, en industria. Y toco madera, no tenemos ningún guardia muerto. En monitoreo y alarmas no más que tres incidentes de reclamo. Hurtos consumados, un promedio de tres por día, en 9.000 clientes. No es mal ratio.
APUNTES DE CARRERA
1975
Comenzó trabajando en compañías de seguros, ejerciendo en distintos puestos vinculados a sus estudios de abogacía, una profesión que nunca ejerció.
1980
Se incorporó al sector de la seguridad privada en el Grupo Eulen, un facility manager español. Formó parte de esta empresa durante 14 años.
1995
Ingresó a Securitas cuatro años antes del desembarco de la compañía en EE.UU. Ocupó la dirección general de la División de Vigilancia en España hasta 2000.
2011
En este año la compañía sumó España y Portugal a la región América Latina, creando la iberoaméricana, y se lo designó presidente de esta región.
CIFRAS DEL NEGOCIO
80%
de la facturación se genera en la vigilancia física de clientes industriales. El resto en domicilios.
60
millones de pesos son los ingresos anuales, correspondientes a 400.000 horas hombre mensuales de vigilancia, realizadas por 2.200 guardias, en 400 empresas y con alarmas en 8.400 hogares.
«El paranoico es infeliz hasta dentro un búnker»
«Si eres tonto, una playa desierta te resultará insegura»
Los montevideanos en general dicen que aquí ya no se puede vivir tranquilo, que el tema de la seguridad está cada vez peor...
¿Pero comparado con qué?
Con su propia historia...
Ese es el problema. Son costumbres. La gente se queja: «Ah, yo antes dejaba la puerta de casa abierta». Es verdad. Pero es historia. La percepción de la seguridad es subjetiva. Es cierto, hay otro tipo de delitos. Pero lo único que debe el ciudadano es sentirse seguro de las medidas de seguridad que toma. Puedes poner cercos, rejas, perros, sales a la calle y te atracan en un banco. Hay que preguntar: ¿Qué quieres proteger? ¿Que te roben? Te equivocas. Y vas a tirar el dinero. Si quieres protegerte de una intrusión que te pueda dar un susto, protégete. Pero sobre todo, autoprotégete, sé prudente, no vayas a un barrio extraño con un BMW. Si eres tonto, hasta una playa desierta es insegura. Puedo recomendarle tecnología, pero el cliente debe bajar a tierra la sensación de inseguridad frente al valor que teme perder. Porque el paranoico es infeliz hasta dentro un búnker.