Alicia Guglielmo, administradora general Editorial Fin de Siglo

"El Estado debe dar acceso a la cultura"

Colaborar en la elaboración de datos de la industria en Uruguay, en la creación de una red de bibliotecas públicas y en el mercado, con más compras, son algunas de los reclamos. 

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Libros digitales. "Aún en Uruguay no hay masa crítica que haga rentable la inversión". (Foto: Leo Carreño)

Nació en Montevideo en 1963. Es economista por la Universidad de la República y docente en la Facultad en Ciencias Económicas de esa casa de estudios. Trabajó en tareas de investigación en el Instituto de Estadística de esa facultad y, contratada por el PNUD, en la Dirección General de Estadística y Censos, donde luego por concurso se convirtió en funcionaria. Integra desde 2005 el directorio de la Cámara Uruguaya del Libro por el Sector Editores, y la preside desde 2011. Reclama al Estado la elaboración de datos referidos a la industria del libro en Uruguay, su protagonismo en la creación de una red coordinada de bibliotecas públicas y como comprador para dinamizar el mercado, amén de su deber de contralor respecto del comercio ilegal y la piratería.

¿Cuándo comenzó a vincularse con el mundo editorial?

Fundamos Editorial Fin de Siglo en 1991, con mi esposo, Edmundo Canalda, como consecuencia de la marcha de otro emprendimiento, uno de los tantos que hemos encarado, en el que nos fue muy mal: la publicación de un semanario que se llamó "20/21, Información entre dos siglos". Teníamos excelentes periodistas y un proyecto periodístico serio, pero las cuentas no nos cerraban, no conseguíamos publicidad. La gente quiso seguir trabajando sin cobrar, pero a los dos meses no dimos más de angustia y cerramos. Entonces, algunos periodistas, Carlos Maggi, Carlos Peláez, Daniel Erosa, nos propusieron hacer una entrevista a Naná, la dueña del prostíbulo más famoso de Punta del Este. Se escribió de una manera muy especial, lo editamos en forma de libro, y se vendió como pan caliente. Con las tres primeras ediciones de Naná, la noche de los 500 amores liquidamos hasta el último peso que debíamos. Edmundo había tenido también experiencia en lo que fue Tupac Amarú Ediciones, una editorial vinculada al MNL (Movimiento Nacional de Liberación) y en Mate Amargo. Y así empezamos, después vinieron El Urucray y sus ondas, de Carlos Maggi, Historia Económica del Uruguay, de Claudio Williman, La locura uruguaya, de Gustavo Ekroth...

¿Cuál fue entonces el diferencial de la editorial?

Desde entonces hemos intentado ofrecer en cada una de las etapas que vivimos como empresa algo diferente para que el lector tuviera más opciones. Nuestra idea no era ni es competir con el mismo producto que otras editoriales hacen muy bien, sino con algo diferente.

¿Cómo es hoy este mercado?

El mercado uruguayo ha sido históricamente muy abierto, el uruguayo siempre leyó libros llegados de Inglaterra, Francia, o EE.UU., pero también ha tenido un consumo estable de libros producidos en Uruguay. El "Tercer informe nacional sobre consumo y comportamiento cultural", de 2014, da cuenta de esto. Una de las preguntas de la encuesta fue sobre la procedencia geográfica del autor del último libro leído: 21% de los encuestados contestó que lee autores uruguayos; 20%, latinoamericanos; y 23%, de otro lugar.

¿Cuántas empresas intervienen en la actividad del sector?

Según los estudios realizados para la elaboración de la Cuenta Satélite de Cultura, por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, el Banco Central y el Instituto Nacional de Estadística, el sector está conformado por una decena de editoriales nacionales, por ejemplo, Banda Oriental, Trilce, Ediciones de la Plaza y otras más pequeñas que cubren ciertos nichos de mercado, y que son más nuevas como Estuario, Hum y Criatura Editora, entre otras.

El resto son multinacionales que importan desde las filiales en el exterior títulos de su catálogo internacional o editan y publican en el país. Luego, hay una producción que desarrollan instituciones educativas o centros de investigación locales. Algunas editoriales también distribuyen sus propias publicaciones y hay unas cinco empresas, según los estudios, que solo operan como distribuidores mayoristas. Por último, algunas editoriales también venden directamente al lector. En este eslabón, según el informe, existe una veintena de librerías, del tipo tradicional. No considera las que comercializan usados, ni supermercados o papelerías que venden libros como complemento a otros artículos. Estos tres sectores integran juntos la Cámara Uruguaya del Libro.

¿La Cámara cuenta con cifras de títulos que se editan y cantidad de ejemplares nacionales e importados se venden al año?

No, la Cámara no tiene previsto encomendar estudios en sus estatutos, ni capacidad económica como para hacerlo. Pero si los tuviera creo que no sería conveniente: me consta que la única manera de obtener datos confiables es que los recabe el Estado, porque, por un lado, es quien tiene la potestad de exigir al empresario que responda y, por otro, quien da garantía de guardar secreto respecto de la información que recibió. Lo que falta son más datos estatales, en la línea de los que surgen de la investigación para la elaboración de la Cuenta Satélite de Cultura.

¿Qué otros datos revela ese informe?

Son datos tendientes a establecer el valor que agrega el sector al Producto Interno Bruto (PIB) nacional. De él surge que la producción, en 2012, fue de US$ 39 millones y que el valor agregado bruto fue de casi US$ 22 millones. Dice que las editoriales aportan cerca del 30% y que en volumen de negocios, las editoriales presentan ventas al año por un valor de US$ 13 millones. Editoriales, distribuidores y librerías emplean unas 1.300 personas.

¿Cuál es el margen de ganancia en cada eslabón? ¿Es justa la proporción entre ellos?

¿Esos márgenes son públicos en otras cadenas de valor? No, no lo son. Aquí no hay buenos y malos: hay una cadena de producción y comercialización que surge en el autor y termina en el librero. Y cada uno en su rol aporta algo y recibe su remuneración. Aquí no hay nadie que se enriquezca mientras otro está siendo explotado. Porque la creación de un autor es algo totalmente distinto al libro que el lector verá en sus manos. El rol del editor no es corregir el libro, es transformar lo que el autor trae dándole homogeneidad, estilo...

Es convertirlo en un producto rentable.

Es convertirlo en un libro, en papel o electrónico. Para ello contratará una imprenta, diseñadores, correctores, tapistas, fotógrafos... Y la inversión será del editor.

¿Cuánto debe vender un editor para recuperar la inversión?

En general, de una edición de 1.000 ejemplares, la mitad cubre la inversión realizada. Recién ahí comienza a obtener utilidad. El editor y el autor son socios en todo esto. Si el libro no se vende, el autor no cobra y el editor tampoco. El distribuidor aporta la logística y el librero, la llegada al cliente. Cada uno tiene sus ganancias y también sus costos. Yo tuve mi propia librería en avenida Gianattasio, a un paso de Tienda Inglesa, y la tuve que cerrar. Me fundí. El problema en Uruguay es el tamaño del mercado. Con tiradas de 10.000 libros, el precio unitario sería inferior.

¿Influye la competencia del libro digital?

No, los e-books tienen un uso bajísimo en Uruguay. No hay demanda. Para nosotros, la venta online es un canal más, pero utilizamos una tienda argentina que se llama bajalibros.com, en donde hay muchos libros uruguayos.

¿A qué atribuye que la venta de e-books sea todavía incipiente?

Es un tema cultural. Donde vayas verás gente leyendo en papel. El e-book se ve más en gente que viaja porque puede tener, para cuando espera o se traslada, muchos libros en un dispositivo. Seguramente con el tiempo habrá librerías que empiecen a ofrecer libros digitales y en papel, y con impresión a demanda, licenciada, como ya ocurre en otros mercados, pero aún en Uruguay no hay masa crítica que haga rentable la inversión.

¿Temen a la compra en el exterior?

No. No tiene lógica económica comprar en el exterior, salvo que el libro no se encuentre en plaza.

¿Y qué ocurre con la exportación?

El libro está exento de impuestos, pero la circulación en la región es complicada. En Argentina hay muchas trabas no arancelarias para ello. Por otro lado, en el continente no nos conocemos. Dígame un autor ecuatoriano o una autora chilena que no sea Isabel Allende. Para fomentar el conocimiento de autores uruguayos en el exterior, el MEC tiene un programa de venta de derechos, Book from Uruguay, que marcha muy bien. Fin de Siglo vendió los derechos para la traducción al portugués y la comercialización en Brasil del libro de Alfredo García, Pepe Coloquios, y a una editorial catalana directamente nosotros, Mujica, de Miguel Ángel Campodónico, para comercializarlo en España.

¿Cuánto vale una licencia de este tipo?

Es un dato confidencial. El precio se negocia. Todo se negocia. El libro de Campodónico pagó no solo derechos de autor. Pagamos también a Mujica, en las primeras ediciones, cuando todavía no era presidente. Pero cuando comenzaron a dispararse las ventas, el libro ya va por la 24° edición, el mismo Mujica dijo "no quiero recibir más". Se quedó sólo con unos pocos ejemplares para regalo.

¿Qué es lo que a su juicio dispara la piratería y la venta informal de libros en Internet?

La venta de libros usados es antiquísima en Uruguay y no tiene nada de ilegal en el camino. Eso sí, el autor cobró solo la primera vez. Luego está la industria del delito. Y esto es una cuestión cultural. Fotocopiar es robarle al autor su creación y al editor su producto y es un delito. Para los libros de texto el daño es grave, porque hay muchos, de medicina, por ejemplo, que ya no llegan a Uruguay y hay autores nacionales que dejan de ser editados por la misma razón. El Plan Ceibal tiene en su biblioteca los textos de estudios de todas las materias del liceo, gratis. No hay ningún argumento que justifique fotocopiar.

En Argentina y en México, las ediciones pirata ya tienen nombre, son los "libros genéricos", un 30% más baratos. ¿También circulan en Uruguay?

Pues ahí es el Estado que falla, no puede permitirlo. Nunca vi esas copias en Uruguay, no me consta que circulen. La Cámara viene planteando el tema de la piratería desde hace años. En noviembre, lo hablamos con Miguel Ángel Toma, el actual jefe de gabinete de Tabaré Vázquez, y nos reconoció que "Uruguay está en falta". Hay una ley que hacer cumplir. Claro, el Estado debe garantizar el acceso a la cultura y proteger la creación. Pero la forma de hacerlo debe ser pensada entre todos, como ya se ha hecho en otras áreas. La gente tiene derecho a la salud y a nadie se le ocurre reclamar que los médicos trabajen gratis.

"Las bibliotecas, el gran debe que tenemos como nación"

¿Cómo podría contrarrestar el sector la pequeñez del mercado y asegurar un mayor acceso de la población al libro?

Si queremos hacer tiradas habituales mayores, a precios unitarios más bajos que los actuales, se necesita que el Estado sea un actor constante en la compra de libros.

No solo de texto, sino también de entretenimiento.

En nuestro país tienen baja relevancia las bibliotecas. Es el gran debe que tenemos como nación. En la región, Argentina tiene un sistema de bibliotecas muy potente, ni que hablar Colombia, que logró su proceso de pacificación desde las bibliotecas. Brasil tiene un sistema de acceso popular y gratuito a los libros de verdad impresionante. Nosotros estamos muy atrasados, tenemos bibliotecas que dependen de las intendencias, otras de la Biblioteca Nacional, las hay de Clubes de Leones. No existe un sistema nacional integrado que compre libros de forma sostenida y con buen criterio, elegidos por gente idónea y también por el lector. Para mí, para la Cámara del Libro, lo que falta hacer para dar un nuevo empuje a las bibliotecas y al sector, es instrumentar un sistema similar al que diseñó el MEC para los museos.

1989

Comenzó a dar clases en la Universidad, un año antes de obtener su titulo. Actualmente es profesora adjunta Grado 3, de la materia Estadística.

1991

Fundó junto a su esposo Edmundo Canalda la editorial, con la publicación del libro Naná, la noche de los 500 amores, escrito por Carlos Maggi.

2011

Es elegida presidente de la comisión directiva de la Cámara Uruguaya del Libro, también en el período siguiente, el actual, que concluye en agosto de este año.

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