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Tiene 33 años y se hizo millonario con Dogecoin, la criptomoneda que empezó con un meme

Glauber Contessoto encarna el perfil de un nuevo tipo de inversor: solía trabajar duro y ahorrar con esfuerzo mes a mes, pero en febrero destinó todos los ahorros de su vida a una riesgosa apuesta

Glauber Contessoto
Glauber Contessoto. Tiene 33 años y trabaja en una empresa de medios de comunicación de hip-hop de Los Ángeles.

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En febrero, cuando Glauber Contessoto decidió invertir los ahorros de su vida en Dogecoin, sus amigos tenían preocupaciones. «Todos decían, estás loco», recordó. «Es una moneda de broma, un meme. Se va a estrellar».

Su escepticismo estaba justificado. Después de todo, Dogecoin es una broma: una moneda digital iniciada en 2013 por un par de programadores que decidieron simular la locura de las criptomonedas creando su propio dinero virtual basado en un meme sobre Doge, un cachorro de Shiba Inu que habla.

Pero Contessoto, de 33 años, que trabaja en una empresa de medios de comunicación de hip-hop de Los Ángeles, no es un inversor ordinario de compra y retención. Es uno de los muchos aficionados que se han lanzado a los mercados en los últimos meses, usando aplicaciones de negociación de acciones como Robinhood para perseguir ganancias descomunales en apuestas especulativas y arriesgadas.

Contessoto apostó al Dogecoin en febrero. Maximizó sus tarjetas de crédito, pidió dinero prestado usando una función de negociación de márgenes de Robinhood y gastó todo lo que tenía en la moneda digital. Así, invirtió unos US$ 250.000. Luego, miró obsesivamente su teléfono mientras Dogecoin se convertía en un fenómeno de Internet cuyo valor eclipsaba al de empresas de primera línea como Twitter y General Motors.

Dogecoin
Dogecoin

¿El valor de sus posiciones de Dogecoin hoy? Unos US$ 2 millones. Contessoto es reflejo de un nuevo tipo de inversor hiper-online que prospera con la economía de la atención digital.

Tarde para Gamestop

Un afable fanático del hip-hop barbudo que se conoce con el sobrenombre de Jaysn Prolifiq, Contessoto es un inmigrante cuyos padres llegaron a EE.UU. desde Brasil cuando tenía 6 años. Cuando era niño vio a su familia en apuros por dinero y juró hacerse rico.

En 2019, comenzó a comprar acciones en Robinhood, la app comercial sin comisiones. Se apegó a compañías grandes y conocidas como Tesla y Uber, y cuando esas operaciones hicieron dinero, compró más. En enero de 2021, observó fascinado cómo un grupo de comerciantes en Reddit impulsó con éxito el precio de las acciones de GameStop, exprimiendo a los fondos de cobertura que habían apostado contra el minorista de videojuegos y ganando millones para sí mismos en el proceso. (Entró, pero llegó tarde y terminó perdiendo la mayor parte de su apuesta).

Poco después de la saga GameStop, Contessoto navegaba por Reddit cuando vio una publicación sobre Dogecoin. Había oído hablar de ella. (Elon Musk, que es para los fanáticos de Dogecoin algo así como el Papa Francisco para los católicos, lo había llamado la «criptografía de la gente».) A medida que investigaba más, se convenció de que la imagen jocosa y accesible de Dogecoin podría convertirlo en el próximo GameStop.

«Tiene la mejor marca de todas las criptomonedas», dijo Contessoto. «Si pones frente a mí todos los símbolos de Ethereum, Bitcoin, Litecoin, todo parece super de alta tecnología y futurista. Dogecoin simplemente se ve así: Hola chicos, ¿qué pasa?».

Se imagina que quienes inviertan en criptomonedas por primera vez podrían optar por algo divertido y reconocible, y que Dogecoin podría convertirse en una especie de rampa de acceso al mundo del dinero virtual. «Algún día todos estaremos comprando y vendiendo cosas con memes, y Dogecoin liderará el camino».

Por extraña que parezca su tesis de inversión, es difícil discutir los resultados. Incluso después de un tropezón reciente tras la aparición de Musk en Saturday Night Live (cuando bromeó acerca de que Dogecoin era una «estafa» ), este sigue siendo un comercio muy lucrativo. Un dólar invertido en esa divisa el 1º de enero valdría US$ 203 hoy, mucho más que una inversión comparable en Bitcoin, Ethereum o cualquier acción del S&P 500.

Una cama elástica

¿Qué explica la durabilidad de Dogecoin? Si bien algo puede atribuirse al aburrimiento de la pandemia, puede haber más fuerzas estructurales en juego. En los últimos años, el alza del costo de la vivienda, la deuda récord de préstamos estudiantiles y las tasas de interés históricamente bajas dificultan que algunos jóvenes imaginen lograr estabilidad financiera ascendiendo lentamente en la escala profesional y ahorrando dinero cheque a cheque como lo hicieron sus padres.

En lugar de escaleras, buscan camas elásticas, inversiones volátiles y arriesgadas que podrían darles una ganancia inesperada que cambiara sus vidas de repente.

Contessoto es un gran caso de estudio. Gana US$ 60.000 al año en su trabajo: una vida digna, pero no como para pagar una casa en Los Ángeles, donde el precio promedio es de casi US$ 1 millón. Conduce un Toyota destartalado y pasó años viviendo frugalmente.

Todavía sin casa a su nombre, cuando recuerda cómo solía perseguir la riqueza, trabajando duro, recortando gastos, ahorrando algo mes a mes, ve un sistema que está manipulado contra la gente común.

«Siento que esos expertos de la televisión, la generación anterior del dinero y la riqueza antiguos, tratan de asustar a la gente para que se mantenga segura y nadie se vuelva demasiado rico», afirmó. Su nuevo lema, dijo, es «el dinero asustado no hace dinero».

Muchas cosas sobre la filosofía de inversión de Contessoto revolverían el estómago de un asesor financiero tradicional. Pero lo más salvaje de todo es que, a pesar de sus espectaculares ganancias, aún no ha cobrado sus millones de Dogecoin. Cree que el precio de la moneda seguirá subiendo y no quiere perder ganancias futuras vendiendo demasiado pronto.

Glauber Contessoto
Economía de la atención y nuevo perfil de inversor
Este tipo de inversores, en su mayoría hombres jóvenes, no se comporta racionalmente en el sentido anticuado del Homo economicus. Eligen inversiones no en función de sus fundamentos subyacentes o de estimaciones de analistas de Wall Street, sino con criterios más flexibles, como lo graciosos que son, lo futuristas que parecen o cuántas celebridades tuitean sobre ellos. Su filosofía es que en el mundo actual saturado de medios, la atención es el bien más valioso, y que cualquier cosa que atraiga una gran cantidad debe valer algo. «Los memes son el lenguaje de los millennials» y «ahora vamos a tener un meme emparejado con una moneda», dijo Contessoto.
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