OPINIÓN

Los temas clave del año nuevo

Una larga lista: la recuperación de la actividad económica, la inflación, el empleo, los salarios y las tarifas, el tipo de cambio, las decisiones monetarias y el impacto de los vecinos.

Foto: Pixabay
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Hay varios temas que en mi opinión ya están sobre la mesa y que seguirán estando sobre ella a lo largo del año próximo, dando lugar a una importante incertidumbre acerca de cómo se desarrollarán las cosas en la economía de nuestro país en ese año.

Uno, ¿cuáles serán el timing y la velocidad de la recuperación de la economía? La expansión reciente del virus en nuestro país, deja aún más optimistas de lo que ya eran, a las proyecciones presupuestales de actividad económica e ingresos fiscales. Se sabía que el empleo se recuperaría con rezago respecto a la actividad de la economía y esto ahora puede demorarse todavía más, dando lugar al mantenimiento de cifras mayores a las habituales en los beneficiarios del seguro de desempleo y a una mayor lentitud en la recuperación de los ingresos del BPS. Por lo tanto, el PIB, el empleo y el déficit fiscal entran en la zona de mayor incertidumbre referida.

Dos, ¿cuál será la velocidad de caída de la inflación? De acuerdo con los últimos datos, de noviembre, la inflación se ubica en 9,6% y la subyacente, según mi estimación, en 9,4%. El quiebre de la indexación salarial debería contribuir a su desaceleración, pero las expectativas (recientemente divulgadas) de los empresarios, que tienen la “ventaja” en sus pronósticos por ser formadores de precios, y que la ven en 8,5% en los próximos 24 meses, la vuelven difícil de bajar. Serán claves otras señales que se den desde el gobierno, en materia de salarios públicos y tarifas de las empresas estatales. Debe tenerse presente que cuanto más rápido caiga la inflación, mayor será el impacto fiscal negativo (por la memoria de las reglas de indexación, fundamentalmente pero no sólo, de las pasividades) y menor será el deterioro en el salario real.

Tres, ¿cuáles serán los aumentos de los salarios públicos y de las tarifas de las empresas estatales con vigencia primero de enero de 2021? En los salarios regidos por el Presupuesto, además de los aumentos específicos por incisos o categorías, para 2021 se dará un aumento general que será restrictivo, totalizando un aumento medio que estará varios puntos por debajo de la inflación de 2020. Esto incidirá favorablemente en materia fiscal en 2021, pero también en 2022, dado que las pasividades de ese año se ajustarán por la variación de los salarios en 2021. En cuanto a las tarifas de las empresas estatales, con incidencia en el IPC y en las finanzas públicas, los ajustes anuales de enero también estarían por debajo de la inflación de 2020.

Cuatro, ¿volverá la indexación de los salarios privados tras el “año puente” que finalizará el próximo 30 de junio? Es un hecho que, tras este impasse, volverán a negociarse salarios en los Consejos, con vigencia a partir del 1° de julio de 2021. También resulta claro que los trabajadores querrán comenzar a recuperar lo más rápido que sea posible la pérdida de este período. En cuanto a los empresarios, habrá que ver cómo manejarán el trade-off entre rentabilidad y conflictividad, máxime cuando se muestran escépticos con que la inflación baje como espera el Gobierno. ¿Y éste? ¿Cómo jugará sus cartas? Los nuevos convenios, ¿serán como los últimos del FA, con aumentos nominales a cuenta y gatillos y recuperaciones? ¿Se volverá a la indexación? Allí el Gobierno tendrá su chance de quebrar las expectativas inflacionarias de los empresarios, pero no le será fácil si ambas partes de la negociación se ponen de acuerdo. Al igual que en el caso de los públicos, los aumentos salariales privados de 2021, definirán el aumento de las pasividades en 2022.

Cinco, ¿cuándo y cuánto empezará el BCU a apretar en materia monetaria y cuánto sentido tendrá que lo haga? Hoy día, las tasas “cortas” de las Letras del BCU están razonablemente alineadas con la tasa de política monetaria (4,5%) y todas ellas son consistentes con una política monetaria expansiva. No es así con las tasas “largas” de las Letras, que semana a semana siguen induciendo a un cambio de portafolios. El Gobierno se ha jugado a que la política fiscal sea restrictiva de modo que la monetaria no lo sea tanto. ¿Y si la política fiscal no resulta tan restrictiva como se planeaba? ¿Y si la inflación subyacente tarda en bajar más de los que el BCU esperaba? En ambos casos los “halcones”, que han estado por ahora en cuarteles de invierno, volverán por sus fueros. ¿Tenemos por delante, entonces, otra vez al escenario del FA, con el BCU induciendo a la apreciación del peso como único instrumento para abatir la inflación?

Seis, en tal caso, ¿cómo se manejará el trade-off entre inflación y tipo de cambio real? ¿Dónde quedará el necesario impulso requerido por los sectores “malla oro” a que se ha referido el presidente Lacalle Pou? ¿No se alivianará el altísimo costo en dólares de agregar valor en Uruguay?

Siete, ¿cuándo vendrá la apertura de fronteras con los vecinos, en particular con Argentina? Será una vez que se calme el virus, pero, ¿será en 2021? En tal caso, ¿a qué altura del año? ¿Y cómo estará la brecha entre el oficial y el blue entonces? Cuando ello ocurra, si entonces se mantiene la actual relación de precios bilaterales con nuestro vecino, la apertura de las fronteras será un enorme shock negativo sobre la actividad económica, la recaudación de impuestos, y el ingreso de los hogares, ya sea por el lado del salario o del empleo.

En fin, más dudas que certezas en un año que se nos viene encima.

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