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Se ha ido un gran liberal

Ramón Díaz. Foto: Archivo El País
ARIEL COLMEGNA

En 1972 escuché al Dr. Ramón Díaz en una mesa redonda organizada por el embajador Julio Lacarte. El tema en debate: la apertura comercial de Uruguay, un país muy cerrado entonces, al comercio global.

Señalaba el castigo que la prohibición a importar de aquella época provocaba a consumidores y a exportadores. Contrastaba su posición con la de los otros expositores que preferían mantener altos gravámenes sobre las importaciones y las exportaciones tradicionales y también altos subsidios a las no tradicionales. Por cierto lapso investigué el tema y comprobé que el Dr. Díaz tenía razón. Hoy pocos son los que sobre su punto discrepan.

No le vi más y le conocía solo por aquel debate, hasta que en julio de 1976, al mes de regresar del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, recibí un llamado suyo. Me invitó a escribir en la publicación de su creación. Su objetivo era salir mensualmente con una revista sustituyendo a los librillos anteriores con los que Búsqueda se había iniciado. No conocía yo a Danilo Arbilla a quien —me dijo— le había encargado llevar adelante la revista; ni tampoco a otros que convocaba como a Rodolfo Fattoruso, ni aún a otros que ya estaban y seguirían escribiendo en la nueva publicación tal como Ramiro Rodríguez Villamil (Kid Gragea) que con Arbilla son aún muy buenos contribuyentes de Búsqueda. Acepté y comencé a escribir ya en agosto de 1976.

Antes de la nueva etapa que se iniciaría en setiembre de 1981 cuando Búsqueda pasa a semanario, ya me deleitaba la racionalidad del pensamiento de Ramón. Me hacia recordar a mis profesores de Chicago: que es preferible el accionar libre de las fuerzas del mercado antes que la planificación e intervención estatal; que no hay "almuerzos gratis"; que toda acción se debe evaluar en un marco de costo-beneficio; que el gasto público es menos expansivo que el privado; que la inflación es un fenómeno monetario; que la política cambiaria tiene efectos macroeconómicos diferentes según sea el sistema cambiario y otras múltiples cosas más.

En 1980-1981, junto a economistas del BCU y de otros orígenes, asistió y aprobó los cursos de postgrado de Micro, Macro y Econometría organizados por el presidente del BCU José Gil Díaz, con profesores de la Universidad de Columbia —varios de ellos luego Nobel como Robert Mundell y Edmund Phelps—. Se le ocurrió después, ya con su postgrado, crear el Instituto de Montevideo, que funcionó exitosamente por varios años, que mostró una nueva alternativa y que tuvo su final cuando debió encarar la función pública al frente del BCU.

En 1982, como lo mencioné en otra columna reciente, el Dr. Díaz me invitó a una reunión de la Mont Pelerin Society en Berlín en la que se analizaron las consecuencias económicas y sociales de la aplicación de sistemas económicos diferentes en las dos Alemanias —una, economía capitalista, de libre mercado, y otra con planificación e intervención estatal y medios de producción propiedad estatal—. Ramón participó activamente en las discusiones, a la par de Milton Friedman y del propio Von Hayek, fundador de la Mont Pelerin —ambos Premio Nobel— y su conclusión —como la de la mayoría de los otros participantes— fue lo que ocurriría siete años después: caída del sistema soviético y unificación de Alemania. No imaginaba entonces que entre tantos reconocidos economistas internacionales, Ramón iba a ser escuchado y aplaudido en ciertos momentos, por la racionalidad de su análisis económico.

En 1989, en momentos en que el financiamiento con emisión monetaria del alto déficit fiscal llevaba a la inflación a tres dígitos, el presidente electo Dr. Luis Alberto Lacalle le ofrece la presidencia del BCU. El programa que realizó puso a la inflación en la quinta parte de lo que era al culminar el período de gobierno. Cuando acepta el cargo, Danilo Arbilla me comunicó que mis columnas podían seguir en Búsqueda pero que además, tenía en numerosas —resultaron numerosísimas— ocasiones que escribir el editorial del semanario. La tarea que se me asignaba "por culpa del nombramiento de Ramón" era difícil e intensiva en tiempo. Mi intención de imitar su estilo fue una ilusión. Desde la tercera semana y durante los veinte años siguientes no pude darle a los editoriales el vuelo del fundador. Es que como coincidimos hace ya tiempo con Alberto Bensión, Ramón era sin dudas el uruguayo de mayor cultura en las décadas finales del siglo XX.

Hay muchas otras instancias que compartí con el Dr. Díaz en las que se manifestaba siempre su preferencia por el liberalismo económico y político. Fuera en la década de los ´70 con gobiernos militares, o con gobiernos electos por el pueblo ya en las décadas siguientes. Fuera en sus escritos, conferencias o clases de Economía Internacional.

Cuando se habla del fundador de Búsqueda muchas personas piensan en un personaje conservador. En realidad fue un anti sistema porque fue liberal y no de última hora en materia económica. Lo fue desde una época en la que, como dice el Dr. Julio María Sanguinetti en su reciente libro, lo que se deseaba era la nacionalización (estatización) de actividades como la banca o el comercio exterior, el no pago de las obligaciones financieras externas, y —agrego—, la planificación económica central.

Por lo dicho y por muchas cosas más que quedaron sin decir, es que siento como irreparable, al igual que lo deben sentir los pocos economistas liberales que tiene este país, la pérdida del Dr. Ramón Díaz.

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Ramón Díaz. Foto: Archivo El País

JORGE CAUMONT

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