Relato oficial, realidad y aprietes

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A pesar del relato oficial según el cual la economía argentina está resistiendo la crisis internacional, lo cierto es que diferentes indicadores muestran que ha entrado en un proceso de estancamiento con inflación.

El Índice de Producción Industrial (IPI) que elabora mensualmente la prestigiosa FIEL, muestra 6 meses consecutivos de caídas interanuales a partir de agosto del año pasado. En todo 2012 el IPI cayó el 1,6% respecto a 2011. Los sectores más afectados fueron la industria automotriz, la siderúrgica y minerales no metálicos.

La actividad de la construcción está casi paralizada y la actividad inmobiliaria literalmente paralizada por el cepo cambiario.

El insólito Indec informa que los shopping centers vendieron en enero de este año 26% más en pesos corrientes. Esto quiere decir que si tomamos la inflación real, sus ventas cayeron en términos reales.

Por el lado de las exportaciones, en enero de este año el descenso fue del 4% con relación a enero 2012, mientras que las importaciones de bienes de capital siguen liderando la caída en los diferentes rubros de importación. Por supuesto, el destrozo energético causado por el gobierno hizo que en enero las importaciones de combustibles subieran el 74% con relación a enero del año pasado.

Otro de los indicadores que muestran cómo languidece la economía, es el índice de demanda laboral, en este caso para la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En febrero, la demanda laboral cayó el 4,7% con relación a enero y la baja interanual fue del 23,1%. El índice de demanda laboral de febrero de este año está en el punto más bajo de la serie histórica que elabora la Universidad Torcuato Di Tella. Es más, en febrero pasado se ubicó un 13% por debajo de la demanda laboral de marzo de 2002, el peor mes del peor año de la crisis de 2001/2002.

Finalmente, la recaudación impositiva sigue sin poder superar la tasa de inflación real. En febrero, los ingresos tributarios subieron el 28,8% anual, casi empatando la inflación pasada y por debajo de la inflación proyectada para este año que tiene un piso del 30% anual. La recaudación de dos impuestos claves que reflejan el nivel de actividad también muestra una economía sin empuje. El IVA DGI, que es el que refleja la actividad interna, subió el 27% interanual y el impuesto al cheque el 24,6%. Ambos datos son en pesos corrientes. Descontada la inflación, los ingresos generados por estos dos impuestos muestran menos actividad y, seguramente, más evasión impositiva ante la intolerable carga tributaria.

Si tomamos el primer bimestre del año, comparado con igual período del año anterior, siempre en pesos corrientes, la suba fue del 26,4% para todos los impuestos, del 23,4% para el IVA DGI y del 25,8% para el impuesto al cheque.

Podemos decir que mirando diferentes indicadores, el relato oficial de que el modelo soporta la crisis internacional no se ajusta a la realidad. Y no es porque la crisis internacional afecte tanto a la economía argentina, sino que son los disparates económicos que comete el gobierno los que están frenando la economía. El mundo tiene abundante liquidez que busca destinos en el sudeste asiático y en América Latina, aunque claro, Argentina al igual que Venezuela, quedan fuera de las consideraciones de los inversores externos.

DÉFICIT Y EMISIÓN. Curiosamente, el gobierno venía demorando demasiado en dar a conocer el resultado fiscal de diciembre 2012. Recién un par de semanas atrás presentó la planilla de los gastos e ingresos, base caja, del sector público nacional. Al ver el déficit fiscal de diciembre se entiende por qué demoraron tanto en dar la información. El déficit fiscal de diciembre se disparó a $ 33.000 millones, acumulando en el año un déficit fiscal de $ 78.533 millones. De acuerdo al PIB oficial, un 4%, pero como el PIB del Indec es poco confiable puede estimarse un déficit fiscal del orden del 6% del PIB.

Durante 2012, sin ser un año electoral, el gasto creció el 31,1% frente a una suba de los ingresos del 27,8% incluyendo ingresos de capital, lo que explica el crecimiento del déficit indicado.

Con este déficit fiscal, se entiende que la tasa de expansión monetaria haya crecido el 37% en 2012. Solo en diciembre del año pasado, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) largó al mercado $ 28.000 millones. Semejante emisión monetaria acelera la tasa de inflación y la suba del dólar marginal que cotiza cerca de los $ 8. Pero mientras el BCRA expandía la cantidad de moneda en el mercado, fundamentalmente para financiar al tesoro, entre el 28 de febrero de este año y el 28 de febrero de 2012 perdió US$ 5.059 millones de reservas. En otras palabras, el BCRA tiene cada vez menos reservas y cada vez más pesos en circulación.

El último balance del BCRA, al 28 de febrero, muestra que las reservas representan solamente el 29% del activo. El stock de letras intransferibles que le entregó el tesoro al BCRA a cambio de reservas también representa el 29% de los activo del BCRA. Si tomamos el stock de adelantos transitorios al gobierno, emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, vemos que representa el 22% del activo. Pero ambos rubros, en realidad, son activos incobrables, y alcanzan un monto del orden de los $ 297.000 millones. Si consideramos que estos activos tienen un valor cero de mercado, y que el patrimonio neto declarado por el BCRA es de $ 68.516 millones, la realidad es que el BCRA tiene un patrimonio neto negativo de $ 228.000 millones en números redondos. Es decir, ante el populismo impulsado por el gobierno, la última caja que le quedaba a mano era el banco emisor y terminaron por quebrarlo. Técnicamente, el BCRA está quebrado y la única manera que tiene de recuperar su patrimonio es devaluando, para hacer subir su activo en reservas y licuar su pasivo en pesos.

RIDÍCULA CONGELACIÓN. De todo lo anterior se desprende que el tesoro tiene un agujero fiscal fenomenal, seguramente será más grande este año en que se juega mucho en las elecciones de octubre, dado el proyecto hegemónico del gobierno.

El dinero para financiar el populismo no alcanza y solo queda emitir a marcha forzada, con lo cual el tipo de cambio real seguirá cayendo afectando las exportaciones y estimulando la sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones.

En el medio de este desborde de emisión monetaria y descontrol fiscal, el siempre destructivo Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, lanzó un congelamiento de precios que, inicialmente, iba a ser por 60 días y ahora, como no podía ser de otra forma, seguramente se extenderá en el tiempo.

¿Qué sentido tiene congelar los precios si el BCRA sigue emitiendo para abastecer a un tesoro que gasta a cuatro manos? Lo que se observa ahora y se profundizará en el futuro será el desabastecimiento de mercaderías, el racionamiento y la caída en la calidad de los bienes a vender. Una medida que ha fracasado tantas veces en la historia económica mundial que las autoridades parecen ignorar.

Redoblando la apuesta, el gobierno ahora amenaza con imponer una única tarjeta de crédito para comprar en los supermercados, y ya les ordenó no hacer publicidad en medios gráficos como La Nación y Clarín.

Los empresarios tienen miedo a que los expropien. Cuando a uno le dicen qué tiene que vender, a qué precio, qué tarjeta de crédito usar y dónde hacer publicidad, no hay que tener miedo a ser expropiado. La realidad es que ya fueron expropiados.

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