Parecería que la Presidenta ha dado la orden de terminar con el entuerto comercial con Brasil que desencadenó por acción u omisión, al permitir las poco razonables decisiones de la ministra de Industria Débora Giorgi y las ridículas medidas de su secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
Pero la algarabía no debería durar demasiado. Seguramente, el Gobierno volverá a cometer el mismo error de cerrar la economía a la competencia importada y con ello ganarse represalias como el "parate" de los embarques de soja por parte de los chinos o el cierre de la frontera brasileña a nuestras exportaciones de autos, o las demoras para cerrar el interminable acuerdo con el Club de París por las trabas argentinas al ingreso de las delicatessen alimentarias provenientes del Viejo Mundo.
NO ENTIENDEN I. Es que hay dos cosas que los que acompañan al ministro de economía argentino, Amado Boudou, o no entienden o disimulan muy bien sobre por qué las reservas del BCRA ya no crecen como antaño y su relación con la reducción del superávit comercial.
La primera es la caída en picada de la tasa de ahorro doméstica. Argentina ahorraba 27% del PIB en 2007 y en 2011 sólo 21% del PIB (6% del PIB menos), con un deterioro del ahorro del Estado de 2% del PIB y de 4% del PIB del ahorro privado. Dado que entre 2007 y lo que va de 2011 no ha habido ninguna caída ni de la recaudación de impuestos ni del ingreso disponible privado, el 100% de la caída del ahorro es por un boom de consumo doméstico (para el populismo lo único que importa es la cooptación de voluntades con fines políticos y para ello, no hay nada mejor que el "consumismo"). Dado que la fuga de capitales ha menguado (como proporción del PIB), la caída de la inversión ha sido menor que la caída en la tasa de ahorro doméstica.
Desde 2005, la situación fiscal no ha parado de deteriorarse a tal punto que hoy, con ingresos que superan a los de 2004 en más de $ 500.000 millones, tenemos un déficit del 2% del PIB (a pesar de una recaudación récord histórica en los 200 años de vida que Argentina lleva como nación independiente), sólo un 1% del PIB menos que en el recesivo año 2009. Sin crédito internacional y sin requerir del crédito interno (y no afectar negativamente la actividad económica) para financiar el desequilibrio en las cuentas públicas, el Gobierno recurrió a la confiscación de los ahorros privados (eliminó el sistema de capitalización) y el uso de las reservas del BCRA (además del financiamiento monetario).
Por otra parte, el sector privado también ha experimentado (y experimenta) una fenomenal expansión de su gasto. En primer lugar, están los excepcionales precios de los productos que Argentina todavía vende al mundo, que le dan más ingreso disponible para gastar. Segundo, el Gobierno sigue una política de tasas de interés bien negativas en términos reales (cuando se las compara contra la inflación) para que la gente no ahorre y se consuma "todo". Tercero, no nos olvidemos del tremendo impacto expansivo de corto plazo sobre el consumo interno del "inflador" salarial de la dupla Moyano-Tomada, que ha hecho que los salarios en dólares ya sean iguales a los de diciembre de 2001, antes de que el dólar se multiplicara por cuatro en el primer semestre de 2002.
Con gasto fiscal y privado en ebullición, hay un boom de demanda interna que trajo aparejado increíbles crecimientos de la producción industrial (está 50% arriba de los años buenos de la convertibilidad), el comercio, la construcción (aún sin obra pública supera en 70% al período 1996-1998). Obviamente que también provocó un salto espectacular de las importaciones, sin que haya implicado ni implique, ningún desplazamiento de la producción nacional a manos de la competencia importada. La mayoría de nuestras empresas siguen trabajando al límite de su capacidad instalada y generando ganancias altísimas. Y si aún así el Gobierno quiere proteger, es menos malo devaluar que cerrar la economía.
Es lógico que con semejante deterioro fiscal y consumismo privado (por la política fiscal, monetaria y salarial del Gobierno) la tasa de ahorro doméstica se desplome. Con algo de inversión, sin entradas de capitales y tipo de cambio más o menos fijo, el financiamiento de un eventual déficit de las cuentas externas se haría con reservas del BCRA.
NO ENTIENDEN II. La segunda cosa que el Gobierno no comprende es que la disminución en la tasa de ahorro doméstica que su propia política económica provoca, no impacta de manera uniforme sobre el saldo comercial (exportaciones menos importaciones) que Argentina tiene con los distintos países del mundo.
Depende de los precios relativos con cada uno de ellos (los tipos reales de cambio bilaterales), de cómo están en promedio durante el "modelo productivo" en comparación con la convertibilidad y de lo que ha pasado en los últimos meses dentro del programa inaugurado después del colapso del 1x1 a fines de 2001.
Durante la convertibilidad, Argentina se volvió muchísimo más cara contra Estados Unidos y Europa que contra Brasil, porque nuestro principal socio del Mercosur vivió una etapa de enorme inestabilidad de precios que causó una fuerte apreciación de su moneda en términos reales. Por eso la Argentina tenía déficits comerciales con Estados Unidos y el Viejo Continente, al mismo tiempo que superávit con Brasil. Convenía vacacionar en Miami en vez de Ipanema.
Desde la megadevaluación argentina de 2002, el tipo real de cambio bilateral contra Brasil no ha sido demasiado diferente del período previo a la devaluación brasileña de enero de 1999 (sólo el 15% inferior) porque ellos compensaron su baja inflación apreciando su moneda y nosotros compensamos la devaluación de la nuestra con una inflación récord mundial. Pero contra Estados Unidos y Europa hemos devaluado mucho en términos reales comparado con los noventa. El Primer Mundo se ha vuelto carísimo para nosotros, aunque cada vez menos porque la alta inflación en dólares que tiene Argentina, aprecia velozmente el tipo real de cambio (o sea que nos hacemos cada vez más caros o menos competitivos en dólares).
Por eso es que recién desde 2007 tenemos déficits comerciales con Estados Unidos, seguimos con superávits con Europa (decrecientes) y, sin embargo, contra Brasil hemos estado durante todo el modelo productivo con déficit (crecientes).
Después de 2002, todo el mundo se volvió caro para nosotros pero, relativamente hablando, uno de los países menos caros en el mundo para Argentina es Brasil. Por eso, mientras Argentina gaste cada vez más tanto en consumo e inversión domésticas (o sea, que crezca), lo más probable es que tengamos déficits comerciales crecientes con ese país: en 2011 a lo mejor llegaremos a los US$ 7.000 millones desde los más de US$ 3.000 millones de 2011.
LO ADECUADO. Cerrar la economía al comercio restringiendo importaciones, es hacerlo sobre las consecuencias y no sobre las causas del estancamiento en las reservas del BCRA. La manera adecuada (o sea, descartando una aceleración del impuesto inflacionario) para que vuelvan a aumentar las reservas a la velocidad de hace algunos años, es con moderación fiscal y monetaria, probablemente algo lejos del credo K y menos en un año de elecciones presidenciales.
Seguir por el camino del cierre de la economía, además de perjudicar al agro, a la exportación industrial, a los salarios reales y al empleo argentino, nos llenará de conflictos comerciales con todo el mundo, por más que sea la absurda panacea de la nueva versión del kirchnerismo, el de la agrupación de La Cámpora, grupete de choque del Gobierno que celebra con patético candor las supuestas ideas populistas de un ex Presidente argentino (Héctor Cámpora), títere del ya fallecido General Juan Domingo Perón, el cual lo usó para volver a ser Presidente por tercera vez en Argentina, allá por los fatídicos setenta.