Los sistemas fiscales tienen dos hojas. Los recursos, básicamente impuestos, y las erogaciones, el gasto público. Ambos ponen incentivos sobre la mesa que pueden ser buenos o malos, alinear acciones positivas o inducir comportamientos perniciosos para la sociedad. Esta es compleja por definición, los seres que la componen están permanentemente sujetos a estímulos de todo tipo y, de la fuerza relativa de los mismos deriva el accionar individual y colectivo. En general, el comportamiento de una persona debe verse como "su mejor reacción estratégica" a lo que piensa (o percibe) es el comportamiento de otras.
La semana pasada, tal cual nos tiene acostumbrados, el gobierno fue pródigo en discursos y anuncios, algunos de los cuales se plasmarán en proyecto de ley. Entre ellos se destacan nuevos cambios impositivos y cierta asignación de gastos, que tendrán sus efectos.
ANUNCIOS. La reducción de dos puntos del IVA en su tasa básica no será general, sino únicamente bajo determinadas modalidades de pago. Al mismo tiempo, se anunció la "devolución" del IVA en las compras que realicen los beneficiarios de la tarjeta del Mides y alguno más que se incluiría. También se anunciaron cambios en el IRPF que consistirían en subir el mínimo no imponible (MNI) en unos $ 2.200 dejando incambiados el resto de los límites, con la excepción que se propone reducir sustancialmente el límite de ingresos a partir del cual se abona 25% de tasa marginal y la aparición de una nueva franja donde dicha tasa sería de 30%, a la vez que se admitiría como descuento computable, con ciertos límites, la cuota que eventualmente abone una persona para el pago de su vivienda.
Previo a analizar el sentido de los cambios propuestos, me concentraré en el argumento esgrimido para subir las tasas del IRPF a los ingresos más elevados. El mismo fue expresado tanto por el ministro Lorenzo, como por el vice-presidente Astori y nadie les señaló su error. Aquel se resume: "en los sueldos más altos no es fácil distinguir qué es remuneración del trabajo y qué de capital, por tanto como la tasa que grava las rentas de las empresas (supuestamente del capital) es 30,25%, llevar el impuesto al 30% equipararía el tratamiento tributario". Dicho con todo respeto, pocas veces he visto tantos errores en una sola frase y lamento que la política partidaria haga que personas racionales digan cosas que, estoy seguro, saben erradas. En primer lugar, la tasa de impuesto a la renta de las empresas es 30,25% en la medida que el 100% de las utilidades se distribuyan. Como las empresas necesitan capital para crecer e indefectiblemente parte del mismo debe ser propio, salvo en casos excepcionales, el impuesto es menor a dicho porcentaje. Lo "normal" es que la tasa efectiva se sitúe sobre el 28%. En segundo término, el IRAE grava la combinación de capital y trabajo, no es una renta de capital puro, la cual está gravada entre el 0% y el 12% según el activo que la origine, de acuerdo a la ley de ajuste fiscal del 2006. En tercer lugar y lo más importante, los sueldos además del IRPF abonan otros impuestos. Si consideramos que los aportes personales, salvo el FRL (Fondo de Reconversión Laboral) vuelven a la persona porque sustentan su jubilación o el pago del seguro de salud (1), la situación al día de hoy es la siguiente: los salarios hasta $ 74.128 mensuales abonan 7,5% de aporte jubilatorio patronal, 5% de impuesto para financiar el Fonasa y 0,25% de FRL, en tanto por encima de dicho monto solo pagan Fonasa y FRL. Por tanto, con esta realidad ya en la actualidad un salario de $ 112.000 abona un impuesto marginal superior al 25% y en uno de $ 223.000, el impuesto supera el 30% (25% de IRPF, más 5,25% de Fonasa y FRL). Entonces la propuesta es bajar el límite a partir del cual se abone 30% de impuesto y pasar a otros a tasas superiores al 35% no puede venderse como "equalizador" de tratamiento tributario. Dicho esto, queda claro que "el desarbitraje de tasas" no es razón alguna, ya que carece de lógica que un titular de empresa haga la ficción de ganar un sueldo mayor cuando la tasa impositiva es superior a la que abona de IRAE como accionista. Además, los cambios en el decreto reglamentario de la, en su momento, denostada Ley de Inversiones, han hecho menos pesada la carga fiscal sobre la renta de empresas de sectores (comercio, agro, construcción, servicios) respecto al pasado.
La deducción de la hipoteca es algo bueno.
EFECTOS E INCENTIVOS. De acuerdo a lo conocido, el IRPF sobre salarios "largaría" con una tasa de prácticamente 15%, porque la franja de 10% sería casi inexistente, pero las partidas de deducción se tomarían al 10%. A su vez, el castigo al éxito aumentaría con lo que, o estas personas trasladan el impuesto hacia delante, cosa bastante probable dada su especificidad, o apenas las cosas mejoren en el exterior, comenzará otra vez la ola de emigración de los mejores talentos.
En el mundo, el IRPF suele comenzar con tasas entre el 5% y 10%, pero con un MNI bastante superior al que tenemos en Uruguay (en países con niveles de ingreso per cápita parecidos) y, además, las tasas crecen a partir de múltiplos de ese MNI. Aquí tendríamos el absurdo que el MNI pasaría a ser de $ 17.808 y, entre esa cifra y $ 22.260 se abonaría 10%, en tanto a partir de $ 22.260 y hasta $ 33.390 se paga 15%, pasando desde allí al 20%. Todo un récord. A vía de ejemplo en Chile no se abona impuesto hasta un ingreso individual de unos $ 26.000 al mes, pero se empieza con una tasa del 7% y para pasar al 10% se debe ganar más de $ 52.000. Algo parecido sucede en Argentina.
¿Quién terminará abonando el impuesto adicional? En general, racionalmente, a nadie le regalan el sueldo y por tanto deberíamos suponer que quien lo recibe genera valor al menos equivalente. Los talentos no abundan y, por ende, son bastante requeridos, lo que los dota de capacidad de negociación (escasa oferta) ya que las empresas suelen querer retenerlos. Esto hace que muchas veces se les compense con mayor salario el alza de impuestos. También normalmente las empresas que tienen personal superior tan bien pago suelen tener bastante personal y, entonces, el aumento de salario de 2 o 3 personas lo terminan pagando las decenas de dependientes que no tienen esa capacidad de negociar porque su servicio no es tan diferenciado. Por tanto, estos terminan ganando un salario inferior al que ganarían en ausencia del impuesto a sus superiores, lo que no necesariamente implica que su salario vaya a caer, lo normal en economías que crecen es que aumenten un poco menos y nada más. Si las cosas vienen mal, todo empeora y el traslado del impuesto del personal superior se dificulta, con lo que el país queda más vulnerable a la emigración de talentos. Una vez más, no quiere decir que todos se van, pero lo que es seguro es que quienes pueden llegar a acceder a esos cargos tienen más incentivos a emigrar, porque conocen su techo y éste, de por sí inferior al del resto de mundo, se reduce aún más con impuestos.
Respecto al uso del dinero, la devolución del 100% del IVA a los beneficiarios de la tarjeta del Mides era algo tan obvio como inconveniente. Seguir aumentando las transferencias monetarias a determinado grupo de personas sin ninguna contrapartida, hace crecer la "prima" a pagar a efectos que dichas personas quieran lanzarse a la "humana aventura" de valerse por sí mismas, como debe ser. De esta manera, a este grupo cada vez se lo margina más, se lo incentiva a mantenerse en la informalidad y precariedad, donde jamás podrán tener una productividad acorde para mejorar sus ingresos. El salto a la "nueva escala" es demasiado grande como para lograrlo y solo unos pocos lo pueden hacer.
Las transferencias monetarias son útiles y hasta necesarias en escala pequeña, con medida y razón, de lo contrario meramente contribuyen a reproducir la pobreza y restringir la voluntad individual, hasta extremos que podemos apreciar bien cerca, en la provincia de Buenos Aires, con los famosos planes y los "punteros" que reparten los planes.
El problema de fondo es que las políticas aplicadas apuntan al igualitarismo mediante transferencias de dinero y no a la equidad por medio de condiciones de base y, por tanto, afectan la libertad de la gente. La propuesta profundiza esta situación que, por mejor inspirada que esté, termina en una situación catastrófica para los beneficiados y el país, que habrá dilapidado recursos de manera infame.
(1) A partir de julio del año en curso el aporte personal al Fonasa tiene un tope, por lo que el impuesto implícito es menor y distinto para cada salario. Este cae a medida que el salario crece.