Más comercio es más bienestar

JORGE CAUMONT

Desde la antigüedad el comercio entre las regiones contribuyó a la expansión del bienestar de distintas sociedades. La avidez por vender lo que se produce con eficiencia y comprar lo que se produciría a mayores costos que en el resto del mundo ha movido fronteras. Ha despertado el espíritu aventurero de reyes y presidentes, de guerreros y navegantes, de empresarios y trabajadores. El comercio eleva el bienestar general, en particular el de los países pequeños, pero también el de las naciones más importantes.

Sin tener que remontarnos a los fenicios o aún a épocas anteriores, encontramos más cerca en el tiempo, ejemplos de esfuerzos por aumentar el comercio expandiendo fronteras, para además esparcir conocimientos, ideas y creencias religiosas. Cuando Colón convenció a Isabel y Fernando para llegar a las Indias Orientales navegando hacia el oeste, abrió las puertas para un inmenso progreso de la sociedad mundial. La población del globo, estancada durante siglos, comenzó a expandirse a un ritmo impresionante. Primero se duplicó en tres siglos y luego cada uno, impulsada por el comercio y fundamentalmente por los descubrimientos agrícolas y las técnicas empleadas en las partes desconocidas del globo hasta los estertores del siglo XV. El descubrimiento de Colón, aunque él no supiera que había llegado a un nuevo continente, cambió algún tiempo después la impresión que del mundo todos tenían, hasta entonces, en sus mentes. El comercio mundial comenzó a crecer a un ritmo impresionante y asimismo el bienestar general. Hubo perdedores, los musulmanes monopolistas del tráfico comercial desde Calcuta, pero los ganaderos fueron muchos más.

La historia continúa mostrando significativos esfuerzos, hasta hoy, de productores, comerciantes, autoridades oficiales e incluso de organismos multilaterales, por expandir ventas y compras en el exterior. La historia muestra también los fracasos de aquellas naciones que han creído que la autarquía es una organización económica apropiada para lograr mayor bienestar. Los intentos de muchos países desarrollados y emergentes, incluso los latinoamericanos, por superar la crisis de los años treinta cerrando sus fronteras, son elocuente demostración que la política de encierro comercial es inoperante, costosa y desemboca inevitablemente en una frustración difícil de compensar rápidamente con posteriores aperturas comerciales. Grupos de presión se oponen a la apertura y el desempleo inicial —aunque luego se revierta favorablemente— que provoca un cambio de política de orientación liberal. En muchos casos el cambio se ve condenado al fracaso por las situaciones creadas, por los compromisos previamente asumidos. No obstante, el slogan "vivir con lo nuestro", bien difundido por un economista argentino y cepalista —Aldo Ferrer—, aunque no tenga sustento empírico "prende" entre los grupos que se oponen a la apertura y entre los que confunden nacionalismo con comercio.

INTEGRACION REGIONAL. La convicción de que los mercados domésticos se saturan de la producción nacional costosa, ineficiente y de mala calidad y que las exportaciones no crecen castigadas por los impuestos a las importaciones, que se constituyen en un gravamen a las ventas externas, induce a la concreción de convenios comerciales. En primera instancia bilaterales, como en el caso de nuestro país con Argentina y Brasil, y posteriormente a acuerdos más extendidos, de dudosa repercusión favorable para los consumidores, Alalc, Aladi, Mercosur, etc. Estos intentos por mejorar el bienestar a través del comercio, ante la expectativa de un mercado ampliado en número de habitantes de las regiones involucradas, tienen éxitos relativos. Que haya muchos habitantes no implica, dado su escaso poder de compra, alcanzar mayores corrientes comerciales y la especialización en la producción a la que se llega no es la más eficiente. Generalmente se culmina transfiriendo ingresos de consumidores locales a los socios comerciales, usando más reservas que las necesarias para adquirir lo mismo en los lugares en los que se produce más eficientemente, perdiendo incluso recaudación impositiva.

ADVERTENCIA BRASILEÑA. El reciente intento del gobierno brasileño por evitar que nuestro país busque individualmente fuera del Mercosur su mejor destino comercial, al margen de las intenciones políticas que pueda tener el mayor socio del grupo, no debe evitar que apuntemos a las áreas más convenientes para la expansión del comercio. Aceptar la propuesta brasileña de que es mejor negociar con Estados Unidos en grupo y no individualmente, sería limitarnos en nuestra capacidad de crecimiento. Sería limitar nuestro potencial exportador, al restringir posibilidades al desarrollo del ingenio y de la capacidad empresarial que tanto tiempo ha estado dormida en nuestro país. Debemos intentar una alternativa para lograr un mayor nivel de inversión, local y extranjera directa.

Vasco da Gama rompió el monopolio musulmán de la intermediación comercial entre el este asiático y el oeste europeo. El descubrimiento de Colón permitió saber que el mundo era mucho más grande y ofrecía mayores posibilidades comerciales y oportunidades de crecimiento de las naciones. Tomando en cuenta esos ejemplos, ya lejanos, es que nuestro país responde bien a las inquietudes e insinuaciones brasileñas buscando su propio mercado comercial fuera de las fronteras de la región. En particular, es bueno que se distinga a Estados Unidos, a México, a Canadá y a la Unión Europea, así como al resto del continente americano en una alianza comercial como la que promete el Alca. También es bueno que se distinga a China, el país de mayor crecimiento en el mundo en la actualidad. Sujetarnos a la región, creyendo que por ser más tendremos mayor capacidad de negociación ante los grandes países desarrollados es no prestar la debida atención a numerosos ejemplos. No solo el de los países del sudeste asiático. Chile, por mencionar uno más cercano, ha mantenido una política comercial desde comienzos de la década de los setenta de amplia apertura al mundo y ha logrado pasar a ser un gran país exportador, diversificado en cuanto a producción y con recepción de inversiones que han redundado en un alto empleo de trabajadores. Su apertura al comercio mundial le ha permitido sobrellevar crisis mundiales recientes y sobre todo, las mucho más frecuentes crisis regionales, en particular las de Argentina y Brasil.

APORTE PUBLICO. Uno de los pocos aportes transformadores que puede hacer la actual administración es la apertura de los nuevos mercados a los que apunta. Sin embargo, los esfuerzos para ello no parecen tener la coherencia que demuestran otras administraciones exitosas en ese sentido. Corridas esporádicas y con amplia difusión mediática local, hacia Europa, China o Estados Unidos, sin el soporte posterior de una permanente negociación, o mezclando indecisiones políticas con condenas vanas o sin apoyo a las partes que más nos convienen, juegan en contra de lo que debe ser una estrategia meditada tendiente a lograr el fin apropiado.

En Europa y en el Nafta están las mayores oportunidades de nuestro país para productos no tradicionales, intensivos en mano de obra y en capital humano. Esos mercados tienen una muy buena capacidad adquisitiva, una demanda relativamente estable y una voluntad de pago no dañada por eventuales movimientos exagerados de sus monedas. Son, en definitiva, mercados más estables y más confiables.

En la actualidad, la relación dólar o euro contra el salario local da un margen saludable para intentar con mayor intensidad desarraigar la gran dependencia de la región y hacerla menos decisiva. Se evitarían los problemas que hemos vivido, por ejemplo, en 1999 a causa de la devaluación brasileña o en 2001 y sobre todo en 2002, por la inestabilidad argentina.

El gobierno debe mostrar no solo una mera disposición a aumentar el comercio exterior, sino una estrategia definida y con metas claras para abrirse al mundo. Desde el punto de vista macroeconómico debe preservar la estabilidad interna, rever la tributación local que grava directamente a la producción con tributos explícitos o implícitos —a través de las tarifas públicas por ejemplo—, y debe mantener un adecuado nivel de tipo de cambio real evitando la descompensación que provocan los movimientos de capitales con una apropiada política bancaria. Pero además, desde otros ángulos, debe consolidar lo poco logrado en el Mercosur y no desdeñar las oportunidades fuera de la región. Es cierto que las dificultades son enormes, pero la acción conjunta con el sector privado permitirá sobrellevarlas. El éxito exportador del sudeste asiático se basa en su apertura a las importaciones y en la decidida acción de respaldo de los gobiernos a la actividad privada, tanto macro como microeconómicamente hablando. Y el comercio de estos países no se concentra en la región sino que se extiende a todas partes del mundo.

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