"Los ahorros de energía están en todos lados, desde la compra y la selección del energético ideal al uso final que se le da", asegura Ernesto Elenter, Ingeniero Mecánico, Gerente del área de Consultoría de eficiencia energética de SEG Ingeniería, una firma especializada en procesos de eficiencia energética y reducción de costos. Asegura que a los empresarios uruguayos les cuesta tomar decisiones de inversión que darán su retorno a largo plazo.
Elenter considera que en Uruguay hay "una revolución energética en silencio", que va a ser más visible en breve "y nos va a alejar medianamente de la dependencia del petróleo". Asegura que la fuerte apuesta en materia de energías alternativas, si bien ha arrojado buenos resultados en eólica y menores en biomasa, son un beneficio enorme para el país. Hoy existen proyectos de energía eólica por mil megavatios que "se van a notar" de aquí al 2014 o 2015.
Usos y costos. La matriz energética en el sector industrial en Uruguay, según el Balance Energético Nacional (MIEM) del año 2010, muestra una participación muy importante de los residuos de biomasa (53% del total) con una clara incidencia de mega emprendimientos, como el de UPM. Un 17% del total corresponde al uso de electricidad, 13,2% a leña y carbón y 8,6% a fuel-oil. El resto se reparte entre gasoil, gas natural, supergas y otros energéticos.
Para el caso del sector comercio y servicios, la electricidad representa el 69,8%, diesel y gasoil 14,4%, leña y carbón el 7% y el 4,8% gas natural.
En SEG ingenieros confeccionaron un indicador de la inflación energética para el sector residencial y otro para el sector industrial, "que consiste en ver el mix de la canasta energética y aplicarle el precio de cada uno, para ver su evolución en el tiempo", explica.
"La inquietud nace por observar que teníamos como insumo los precios mayoristas pero sobre la energía, la información existente era algo confusa, por lo que decidimos seguir el comportamiento de la canasta energética en el entendido que en la mayoría de las empresas y los hogares se combina más de una fuente de energía".
De acuerdo con esa información que se comenzó a recopilar en 2008, el índice de precios de energía industrial creció 35,6% entre junio 2008 y junio 2012, a una tasa anual de 7,9%, levemente por encima del Índice de Precios al Productor de Productos Nacionales (IPPN) del INE, que mide los precios mayoristas en general. Para los precios de la energía residencial, el comportamiento indica una suba de 34,85% en los cuatro años medidos, un 7,8% de tasa anual de crecimiento, similar al Índice de Precios al Consumo (IPC) del INE.
Una visión cultural. Históricamente, en Uruguay los costos energéticos fueron considerados un costo rígido. "La cultura de que la factura energética era algo así como un impuesto, que se pagaba sin pensar mucho en cuanto se podía incidir en ese costo -sostiene Elenter- y la realidad es distinta, se puede incidir en todos los energéticos y en todos los usos de la energía".
Añade que "siempre se puede mejorar la eficiencia. Si la energía representa solo un 2% para una empresa, no importa; todo lo que pueda ahorrar es ganancia, es utilidad que un empresario se guarda en el bolsillo, por tanto no hay que descuidar ese tema".
Una encuesta de la Dirección Nacional de Energía del año 2008 entre industriales, mostraba que, a pesar de considerarse importante el costo de la energía, solo el 8% de las empresas reconocía contar con responsables energéticos en su plantilla relacionados con el uso racional de la energía. Altos costos, falta de financiamiento y desconocimiento eran algunas de las respuestas cuando se les preguntaba por los obstáculos existentes para alcanzar la eficiencia energética.
Dos condiciones básicas que se deben cumplir para mejorar el uso de la energía son: a la hora de comprar la energía, elegir la más adecuada y después, en cada uno de los usos que se le da, lograr que sea más eficiente. ¿Cómo se logra? "Nosotros estamos en el tema, tenemos ejemplos sobrados de casos de éxito donde, por ambos lados, se puede mejorar mucho la ecuación".
Hay un ejemplo muy elocuente de sustitución de energéticos, dice Elenter "que es el de pasar de calderas a fuel-oil a leña, que muchas empresas uruguayas ya han hecho y que significa un ahorro de 50% en los costos". En el sector servicios es donde todavía hay más empresas con esa decisión pendiente, asegura el experto.
El largo plazo. La experiencia del gas natural es un ejemplo de la necesidad de pensar a largo plazo en materia energética y tomando en cuenta todo el menú de opciones. A pesar de ser un proceso con muchas dificultades y que dejó a algunas empresas en muy mala situación años atrás, el gas natural puede ser una buena opción, si se toma en cuenta la posibilidad de un mix de energéticos.
Para Elenter, "muchas empresas que han hecho elecciones flexibles han tenido buenos resultados; por ejemplo, una caldera que le permite quemar gas o fuel-oil y al lado una caldera que quema leña, aprovechando todas las oportunidades: si hay gas barato queman gas, si se encarece pasan al fuel-oil, y si no, trabajan con la leña. La inversión es mayor, pero los retornos son mucho mejores", sostiene.
"Sabiendo que es muy difícil predecir los precios de los energéticos, hay que tener siempre varias alternativas a mano", subraya.
En ese aspecto, sostiene que existe un debe en la cogeneración de energía. "Somos muy débiles en ese sentido. Se trata de generar a partir de un mismo combustible, dos formas de energía al mismo tiempo. Por ejemplo, con una turbina a gas natural generar electricidad y agua caliente. Se puede hacer con gas, con leña o con combustible líquido".
Sin embargo, son muy pocos los casos de empresas que aplican estos procesos. "Quizás ahí hay un desafío para el gobierno para propiciar un incentivo a la cogeneración, que tiene la particularidad de generar energía en forma eficiente ahorrando petróleo y divisas y brindando más competitividad a las empresas".
Mayor audacia. A nivel de los usos de la energía, "tenemos que trabajar en muchas áreas donde se pueden alcanzar ahorros realmente significativos, con retornos sobre la inversión muy altos y períodos de repago bastante bajos".
Elenter entiende que el sector empresarial merece "un tirón de orejas", porque muchas veces reclama para procesos de eficiencia energética períodos de repago extremadamente bajos. "Si se va a invertir en un motor o una caldera se pretende cubrir ese costo en menos de uno año, y no siempre se puede", indica.
En materia energética hay decisiones que determinan una fuerte inversión al inicio, pero los beneficios se extienden por muchos años, "pueden ser 10 o 20, pero a veces cuesta verlos", asegura.
Un ejemplo es la iluminación, incorporar Led es caro, puede necesitarse de dos años o más para el repago, pero las lámparas duran 20 años, la tasa de retorno es excelente; si se toma el trabajo de hacer el cálculo, difícilmente encuentre una inversión que le dé esas tasas de retorno. Hay que pensarlo en esos términos", insiste.
Respecto de la iluminación Led, Elenter comenta que la Intendencia de Maldonado está dando un paso importante en ese sentido, al lanzar una licitación para cambiar todo su alumbrado público. "Son 30 mil lámparas, las ofertas que se presentaron, que fueron cinco, permitían ahorros del 50% de la electricidad, pasando de lámparas tradicionales a otras de mucho menor consumo: o las lámparas Led o lámparas de inducción magnéticas, ambas tecnologías probadas y muy eficientes. Además, la Intendencia de Flores ha comprado un lote de 500 lámparas de inducción magnética para instalar en la ciudad de Trinidad. Es un ejemplo válido también para las empresas".
La energía eólica. "Todas las posibilidades" se abren a partir de las energías renovables, sostiene Elenter, "tanto para el autoconsumo como para las nuevas iniciativas que permiten que las empresas generen para su abastecimiento propio y para venderle a UTE".
Destaca que en autogeneración de energía eólica hay un caso líder, "el de Engraw, una firma que se dedica a lavar lana y que instaló un molino de 2 kw, antes de que saliera la nueva normativa, amparado al esquema anterior de vender excedentes al mercado mayorista".
Pero un decreto de mayo de este año, "si bien falta aclarar algunos aspectos vinculados con el cálculo de los precios", permite nuevas alternativas: "una de las novedades es que se puede generar energía fuera del predio industrial. Si, por ejemplo, una empresa está instalada en las cercanías de Montevideo y allí no hay buenos vientos, esta nueva normativa permite instalar el molino en otro lado, alejado del establecimiento, ponerlo a producir para autoabastecerse. Pero además, aunque la empresa se dedique a un ramo totalmente distinto, le puede interesar agregar una nueva unidad de negocio a partir de venderle a UTE parte de lo que produce".
Estas opciones no son para todas las empresas. "Son inversiones muy abultadas -afirma- instalar un molino de 2 mil kw cuesta más de 4 millones de dólares, por lo que estamos hablando seguramente de las 100 empresas más grandes del país. Aunque el decreto también los tiene en cuenta, permite que se junten varias empresas para absorber mejor la inversión".
En el caso de una empresa de gran porte que puede recurrir a la Ley de Inversiones para la instalación de un aerogenerador, "se pueden obtener tasas de retorno cercanas al 30%, algo difícil de encontrar en otra área de inversión, tanto financiera como industrial".
"Es la gran ventana de oportunidad que tiene el país en materia de desarrollo energético a gran escala", subraya.
Concretamente, SEG Ingeniería desarrolló junto a una empresa alemana un proyecto que es el de mayor escala que se maneja hoy en el país. Va a estar instalado en la zona de Peralta, en Tacuarembó, para la generación de 100 megavatios, a partir de aerogeneradores de origen alemán.
La energía solar. En una escala menor, esas mismas tasas de retorno se pueden conseguir con colectores solares para agua caliente. "Acá hablamos de inversiones 20 veces menores y el ahorro y la eficiencia es importante", sostiene el especialista.
"A partir del recurso solar, que en Uruguay es relativamente bueno, en vez de usar fuel-oil o electricidad para calentar agua, usamos el sol. Esto está siendo muy utilizado en hoteles por ejemplo. Los márgenes son importantes".
Trasladado al plano doméstico, un hogar con una inversión de 1.500 dólares puede obtener un retorno de la inversión en 4 años, ahorrando cerca de 400 dólares por año con el agua caliente obtenida de los colectores solares. Asegura que ese cálculo puede extrapolarse a hoteles, restaurantes o clubes deportivos.
La salvedad existe para el caso de quienes usan caldera a leña, que sigue siendo más económica para calentar agua que las demás fuentes de energía.
En el plano de la energía solar, algo más avanzado son los paneles solares. Elenter dice que aún estamos lejos del desarrollo de la energía fotovoltaica, "pero nos vamos acercando con mucha velocidad. Es muy caro todavía y por esa razón en Uruguay hay unos pocos casos que se han desarrollado. En este caso, la rentabilidad es muy baja o directamente no cierran los números. Pero están bajando los precios de los paneles fotovoltaicos a nivel internacional en forma muy notoria, por lo que estimo que en uno o dos años posiblemente este sistema sea rentable".
Con la energía fotovoltaica se puede producir electricidad y canalizarla para alimentar diversos artefactos, a diferencia de los colectores solares que solo permiten calentar el agua.
Comparación de las tarifas
Pensando en un país abierto y con perfil exportador, realizar un análisis de los costos de la energía en comparación con la región resulta ilustrativo.
"En la comparación, Argentina está muy lejos en la tabla, con tarifas del orden de un tercio que el resto y eso responde a subsidios que distorsionan la comparación", advierte Elenter.
Los datos para energía eléctrica del sector industrial que publica SEG Ingeniería al mes de junio ubican a Brasil con una tarifa promedio país de 142 dólares por megavatio, Chile tiene 115 y en Uruguay es 127 dólares por megavatio.
En el gasoil, el costo en Uruguay es el más alto: 1,66 litros por dólar, contra 1,08 lt/dólar de Chile y 1,00 lt/dólar de Brasil.
Para la nafta, en Uruguay el precio es de 1,74 dólares por litro, frente a 1,47 en Chile y 1,33 en Brasil.
En gas licuado de petróleo hay una decisión política de mantener los precios bajos en Uruguay por considerarse un energético muy utilizado por las clases sociales menos pudientes. En este rubro, Uruguay es el más barato de la región, 1,24 kg/dólar, frente a 1,78 kg/dólar de Chile y 1,47 kg/dólar de Brasil.
"En conclusión, en combustibles líquidos somos caros, en electricidad hay una situación mixta y en supergas bastante baratos", afirma el experto.