El contexto internacional es incierto y los mercados financieros se muestran muy inestables. Queda la sensación que hay calma, pero no se sabe por cuánto tiempo. El disparador de una nueva crisis podrá venir de un nuevo problema en la deuda de un país europeo que arrastre las dificultades hacia los debilitados balances de los bancos o podrá venir de otro lado pero que hay riesgos de contagio, no quedan dudas. En el terreno macroeconómico, los esfuerzos fiscales han perdido fuerza o son insostenibles en el tiempo y la respuesta que queda y se ha anunciado es inyectar más liquidez en el mercado. Esto vuelve el problema hacia los restantes países que luchan entre el dilema de acumular reservas en dólares o dejar que su moneda se aprecie.
Con este panorama internacional, el foco del análisis económico se vuelve hacia la capacidad de la economía uruguaya para enfrentar un mercado de capitales internacionales con problemas. Por ello, proponemos mirar la deuda externa del país para entender cómo puede impactar un cambio en el escenario internacional.
El BCU publicó las cifras agregadas a junio del 2010 para la deuda que tienen residentes del país con entidades o personas no residentes. El total de deuda del sector público y el privado asciende a US$ 13.697 millones.
VALORES BRUTOS. La deuda del sector privado fue a mediados del 2010 de US$ 1.314 millones lo que representa apenas un 3,6% del PIB. Esta deuda ha evolucionado a la baja ya que antes de la crisis del 2002 se ubicaba en el 12% del PIB, subió hasta el 18% en el peor momento de la crisis y luego fue bajando gradualmente hasta ubicarse por debajo del 5% que se observa desde finales del 2007.
En el sector público, también presentan niveles menores los Gobiernos Departamentales que deben al resto del mundo US$ 113 millones y las Empresas Públicas que tienen un pasivo con no residentes de US$ 1.442 millones (3,9% del PIB). La evolución en este último caso ha sido creciente, fruto de inversiones y de la compra de petróleo crudo financiada por el gobierno de Venezuela. En el Gráfico N° 1 se observa cómo, antes de la crisis, la deuda se ubicaba en 2,5% del PIB y sube al 4,0% para luego bajar al 3,0% y volver en el último año a los niveles de la crisis.
Si bien la mayor parte de los pasivos del BCU son en moneda nacional y con residentes, también contribuye a la deuda externa del país. A mediados del 2010 tenía una deuda de US$ 598 millones (1,6% del PIB).
El principal deudor con el resto del mundo es el Gobierno Central, que registra a junio US$ 10.223 millones (27,8% del PIB). Antes de la crisis se ubicaba en niveles del 20%, escaló hasta casi el 70% y luego con la recuperación fue bajando gradualmente tanto en valor como en porcentaje del PIB, que volvió a subir expresado en dólares.
Dentro del sector público se pueden juntar el Gobierno Central, los departamentales y las empresas públicas para conformar el Sector Público No Financiero, en este caso el sector público sin contar al Banco Central. La deuda externa bruta llegó a US$ 11.788 y se compone por títulos públicos (58%); préstamos, principalmente de organismos internacionales (33%) y proveedores (9%). La evolución en los últimos cinco años muestra cómo se redujo la deuda con organismos internacionales cuando se le pagó al FMI la deuda (baja de US$ 5.000 millones en 2005 a US$ 2.600 en el 2006) y cómo ANCAP se endeudó con Venezuela (la deuda de proveedores pasa de US$ 100 millones a más de US$ 1.000 millones).
DEUDA NETA. A nivel de un individuo, familia o empresa es difícil que ocurra simultáneamente que sea deudor y acreedor de otra persona. Cuando se considera el agregado de los residentes de un país y se observa la relación económica con los no residentes, se llega a observar deuda con el resto del mundo por un lado y que el resto del mundo le debe a residentes del país por otro. Por lo tanto, para ver la magnitud de la deuda de un país con el resto del mundo se utiliza la variable en términos netos.
El problema de las variables netas es que no siempre se puede disponer de los activos para cancelar los pasivos. Un caso claro es el de una crisis sistémica a nivel global donde los activos que tiene un país pueden perder valor, ser reprogramados o caer en quiebra y no estar disponibles para honrar sus deudas. Es el problema del contagio por falta de liquidez o por insolvencia. El otro problema es que a nivel del país no siempre el que debe es el propietario de los activos externos y por lo tanto la variable neta no asegura un nivel de cobertura del pago de las obligaciones con el exterior.
El total de activos externos en poder del sector público (es difícil registrar lo que tiene el sector privado) se ubicó a mediados del año en US$ 8.686 millones, por lo que la deuda externa neta del sector público se ubica en US$ 3.690.
Pero esta variable que se ubica en el orden del 10% del PIB es engañosa porque no hay coincidencia entre quienes poseen deuda con el resto del mundo y quienes son propietarios de los activos con el resto del mundo. El Sector Público No Financiero tiene apenas US$ 385 millones de activos con el resto del mundo por lo que el grueso es parte de los activos del BCU (8.301 millones). Por lo tanto, en términos netos el gobierno tiene una deuda externa alta (US$ 11.393 millones) al mismo tiempo que el BCU es acreedor con el resto del mundo (US$ 7.703 millones).
En el Gráfico N° 2 se observa la deuda neta del Sector Público No Financiero y si bien ha habido una mejora desde la crisis, cuando se alcanzaran niveles del 70% del PIB, todavía se ubica en el orden del 30% del PIB, superior al 20% que se disponía cuando se logró el grado inversor como calificación de la deuda pública. De confirmarse el crecimiento del PIB y que las finanzas públicas evolucionan de acuerdo a lo programado por el gobierno, es posible que en cinco años se logren restablecer los niveles pre-crisis.
VENCIMIENTOS. El nivel de riesgo de la deuda externa en el contexto de crisis de financiamiento se ve a través de la estructura de vencimientos. El 70% de los vencimientos del sector público se encuentra luego del año 2016, por lo que no revisten un desafío para el corto plazo.
El 30% restante presenta una concentración leve de vencimientos el año que viene (US$ 702 millones) que baja al nivel de US$ 400 millones en los siguientes tres años. Por lo tanto, recién la próxima administración tendrá que hacer frente a vencimientos que, de acuerdo a la deuda contraída hasta el momento, superan los US$ 500 millones anuales.
Los vencimientos de deuda no se condicen con la disponibilidad de dólares y gran parte de la deuda es responsabilidad del Gobierno Central. En este sentido, durante los últimos meses el gobierno está comprando dólares en el mercado y para ello utiliza los pesos que consigue emitiendo nueva deuda en moneda nacional.
Si hay una nueva crisis de liquidez internacional, hacer frente a las obligaciones no representará una gran dificultad.