En el caso particular de Brasil, no es preocupante la falta de tratados de libre comercio (TLC) con países desarrollados y emergentes. Su extenso mercado interno, que ha crecido muchísimo tanto en el número como en el poder adquisitivo de los consumidores durante el gobierno actual, ha tenido un importante rol en la superación de la crisis económica porque le permite absorber buena parte de su producción industrial, afirmó el académico brasileño Daniel Castelan, magíster en relaciones internacionales e investigador del Instituto Universitario de Posgrados y Pesquisas de Río de Janeiro (IUPPERJ). A continuación un resumen de la entrevista.
-La inserción internacional comercial de Brasil conducida por Itamaraty se centró desde 1993 hasta 2004 básicamente en la propuesta ALCSA (Acuerdos de Libre Comercio con Sudamérica). Logrados estos acuerdos, su postura fue lanzarse al mundo con alianzas estratégicas para captar inversiones y, a su vez, jugar en solitario como "global trader", con intereses que van más allá de lo económico. ¿Qué razones impulsaron al gobierno brasileño a adoptar esa política?
-Esa estrategia que comenzó desde el momento en que Lula asumió la Presidencia, apuntó a lograr una importante diversificación del comercio exterior de Brasil. Se abrieron nuevas embajadas, especialmente en África y Medio Oriente, para que los productos brasileños accedieran a otros mercados y no dependieran tanto de la demanda estadounidense, que representaba un 25% del total de las exportaciones en 2002. Al mismo tiempo, el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior promovió la participación exportadora de las pequeñas y medianas empresas, cuyas ventas a los mercados externos fueron creciendo sostenidamente. Los resultados han sido exitosos ya que hoy los principales destinos de las exportaciones están muy equilibrados: China con un 12%, Estados Unidos con 11%, Argentina con 9% y Holanda con 6%.
-En 2007 se suscribió un plan bilateral entre Brasil y Francia, lo que ha llevado a que funcionarios de Itamaraty mantengan reuniones de alto nivel con la Unión Europea (UE) fuera de las que el país mantiene como integrante del Mercosur. ¿Es factible un acuerdo comercial entre Brasil y la UE?
-Más allá que Brasil haya realizado algunas reuniones bilaterales con la UE y que una negociación comercial esté en la agenda del gobierno de Lula, es muy difícil que se plasme un acuerdo entre Brasil y la UE, ni un TLC del tipo 4+1 porque los brasileños y sus socios en el Mercosur aspiran a mejorar el acceso de materias primas agrícolas, lo que demandaría que Europa recortase los subsidios a ese sector. Por ese motivo, el gobierno francés, que tiene mucho peso en la UE, rechazó recientemente la decisión de que se restableciera la negociación de un convenio de libre comercio con el bloque subregional sudamericano ya que pondría en riesgo la sostenibilidad de la agricultura francesa.
-¿No le llama la atención esa postura de Francia?
-Ambos países son socios estratégicos en algunos temas relevantes, tales como la compra de aviones caza franceses para la Fuerza Aérea brasileña, el apoyo de Francia para que Brasil ocupe un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y un enfoque común favorable a la multipolarización del mundo. Sin embargo, la liberalización de los productos agrícolas no está en la agenda del gobierno francés.
-Entonces, ¿qué perspectivas de inserción comercial tiene Brasil a nivel internacional?
-La Ronda de Doha fue la gran apuesta de Brasil durante los ocho años de la administración Lula, pero las negociaciones se han estancado desde 2008 y las probabilidades de éxito son escasas. Es previsible que el gobierno brasileño deje de lado la estrategia de la búsqueda de convenios multilaterales en la OMC y tienda a negociar acuerdos bilaterales en materia comercial con economías importantes como, por ejemplo, México.
Ningún TLC
-¿Por qué Brasil no ha suscripto Tratados de Libre Comercio (TLC) con economías de diferentes continentes como lo ha hecho la mayoría de los países latinoamericanos, salvo sus socios del Mercosur, Ecuador, Venezuela y Cuba?
-Brasil, al igual que el resto del Mercosur, ha estado alejado de esa política porque no existe consenso interno sobre la aproximación con las grandes economías, ya sea Estados Unidos, Europa, Japón, etc. Por eso, sólo ha suscripto un TLC del tipo 4+1 con Israel y acuerdos de preferencias comerciales con Cuba, India y Sudáfrica, que cubren productos de los sectores menos sensibles de los países firmantes. De la misma manera, el gobierno de Lula ha intentado expandir sus ventas a mercados donde es menor la competencia industrial, como el Mercosur y otros países en desarrollo.
-¿Hasta cuándo Brasil podrá sostener una estrategia comercial diferente a la que rige las relaciones comerciales de muchos países del mundo?
-En el caso particular de Brasil, no es preocupante la falta de tratados de libre comercio (TLC) con países desarrollados y emergentes. Su extenso mercado interno, que ha crecido muchísimo tanto en el número como en el poder adquisitivo de los consumidores durante el gobierno actual, ha tenido un importante rol en la superación de la crisis económica porque le permite absorber buena parte de su producción industrial. De este modo, las empresas brasileñas pueden ir mejorando, sin demasiada urgencia, la calidad y cantidad de sus productos manufacturados.
EE.UU. y China
-¿En qué punto se encuentran las relaciones comerciales entre Brasil y Estados Unidos?
-En los últimos años, Brasil ha discrepado con Estados Unidos en algunos temas importantes. Se puede mencionar el apoyo brasileño a la expansión del foro económico G-8 al G-20, que inicialmente fue rechazado por Washington, y la solicitud de Brasil a la OMC para aplicar sanciones pecuniarias al gobierno norteamericano dada su negativa para eliminar los subsidios ilegales al algodón, que finalmente obtuvo un fallo favorable compensando con US$ 300 millones los daños sufridos por los productores y exportadores brasileños. Como el actual crecimiento económico de Brasil se traduce en su política exterior, las relaciones diplomáticas entre ambos países se han vuelto más maduras y se manejan en un plano más igualitario. Sin embargo, un TLC brasileño-estadounidense no se vislumbra por el momento.
-¿Tampoco está interesado Brasil en negociar un TLC con China que tiene un mercado potencial extraordinario?
-Un TLC con China no está en la agenda del gobierno brasileño. Quizás tampoco haya interés de parte de los chinos. Existen intereses opuestos en Brasil con respecto a ese tema. Los productores agrícolas quieren un acuerdo de preferencias aduaneras con China que les daría ventajas para colocar sus commodities en un mercado inmenso y demandante. Pero los industriales brasileños se resisten a un TLC por temor al ingreso de productos manufacturados chinos a precios extremadamente bajos. Por eso, la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) prefiere apuntar a los acuerdos bilaterales en la región, especialmente con México.
México
-Teniendo en cuenta la tradicional rivalidad comercial entre Brasil y México, ¿cree factible la suscripción de un TLC entre ambos países?
-Durante sus primeros años, el gobierno de Lula no tomó con mucho entusiasmo la propuesta de un acuerdo bilateral con México, especialmente por su apuesta a las negociaciones en la OMC. En cambio, el sector privado, especialmente la FIESP, sí apoya la firma de un acuerdo de comercio preferencial con México, que no sería un TLC como los que Colombia y Perú han firmado con Estados Unidos. Aun cuando se llegara a negociar un convenio de ese tipo, habría que definir cuidadosamente las reglas de origen para los productos de algunos sectores sensibles de la economía brasileña. Se tendría que especificar un porcentaje importante de componentes nacionales para que no se introduzcan bienes intermedios de terceros países, básicamente de Estados Unidos, en las manufacturas mexicanas que ingresen libres de gravámenes a Brasil. De lo contrario, nuestro mercado se abriría indirectamente a la industria estadounidense.
-¿Sobre qué bases Brasil podría negociar un acuerdo comercial con México?
-Si bien existe un impedimento formal para que los países del Mercosur suscriban TLC en forma individual, hay que tener en cuenta que las negociaciones están en una etapa muy incipiente. Además, habrá que esperar el resultado de las elecciones presidenciales de octubre de este año. En caso que ganase el candidato opositor José Serra, podrían producirse algunos cambios en la política exterior comercial, aunque Itamaraty no es proclive a efectuar modificaciones bruscas en la política económica externa.
-Argentina y Brasil acordaron eliminar el dólar como moneda de intercambio comercial entre ambos países. ¿Considera que los resultados de esa decisión ameritan el uso de las monedas locales en las transacciones de bienes de Brasil con México y otros países?
-Esa iniciativa que se aplica entre Argentina y Brasil desde el año pasado es positiva porque favorece las operaciones de comercio exterior de los pequeños y medianos exportadores, ya que la conversión a dólares de los montos de las transacciones implica un costo más alto. Sin embargo, aún es muy bajo el porcentaje de operaciones realizadas bajo esta nueva modalidad. Tampoco se ha podido hacer una medición adecuada del crecimiento de la operativa con monedas locales debido a que el comercio argentino-brasileño cayó por los efectos de la crisis global en 2009. Aparentemente, el funcionamiento del sistema ha sido satisfactorio para los jerarcas del Banco Central de Brasil desde el momento en que se han llevado a cabo conversaciones sobre este tema con Chile y China. Sin embargo, no soy optimista en cuanto a un acuerdo de este tipo con el gobierno de Beijing porque el Banco Popular de China tiene una cantidad enorme de reservas en dólares y no le preocupa, en el corto plazo, la devaluación de la divisa estadounidense.
Venezuela
-¿Cómo calificaría las relaciones comerciales entre Brasil y Venezuela?
-El comercio brasileño-venezolano ha crecido muchísimo en los últimos años pese a que Venezuela no ha sido reconocido todavía como miembro pleno del Mercosur porque falta la ratificación del Senado paraguayo. También el ingreso de Venezuela al bloque subregional fue muy discutido en el Congreso brasileño, habiéndose alegado que la presencia del gobierno de Chávez haría más difícil el avance de los acuerdos comerciales con otros países, especialmente con la Unión Europea.
-¿Acaso no es valedero ese argumento?
-Le respondo con las palabras del canciller brasileño Celso Amorim: Brasil no logrará un acuerdo con la UE porque los europeos difícilmente van a levantar las limitaciones en el sector agrícola. No se puede denegar el eventual ingreso de Venezuela al Mercosur por el solo hecho de la antipatía que despierta Chávez en algunos sectores, dado que hay que considerar también los beneficios que puede reportar la integración de su economía al bloque regional. No hay que olvidar que los gobiernos pasan y los países quedan.
Serra propone flexibilizar el Mercosur
-En declaraciones, ante un grupo de empresarios, el candidato presidencial José Serra expresó: "El Mercosur es una barrera para que Brasil pueda hacer acuerdos comerciales… seguir cargando este Mercosur de la forma que está no tiene sentido; la unión aduanera es una farsa, excepto cuando sirve para impedir". ¿Es factible que, si Serra fuese el próximo Presidente, adopte una postura diferente a los anteriores gobiernos con respecto al Mercosur?
-Ante la paralización de la Ronda de Doha en el marco de la OMC, Serra se ha quejado de las rigideces que presentan algunos aspectos de la estructura del Mercosur, tales como las tasas del Arancel Externo Común, la imposibilidad de concretar acuerdos bilaterales, etc. Por lo tanto, el candidato del PSDB propone una flexibilización del organismo subregional, aunque no está claro cuáles son los cambios. Podemos imaginar, aunque el candidato no lo haya expresado públicamente, que Brasil podría buscar más autonomía para negociar acuerdos bilaterales.
-Con esa propuesta, ¿no estaría Serra poniendo en riesgo a las exportaciones industriales brasileñas que se destinan en más del 90% al Mercosur y otros mercados latinoamericanos?
-Por eso, Serra ejerciendo eventualmente la presidencia de Brasil tendría que convencer a los integrantes de la poderosa FIESP que es más ventajoso firmar acuerdos bilaterales con países emergentes que poseen grandes mercados consumidores en vez de conformarse con una clientela segura, pero relativamente pequeña, en el Mercosur. De cualquier manera, son dos temas distintos. Uno se refiere a la zona de libre comercio, que presumiblemente no sería alterada; y el otro al arancel común, que impone la necesidad de negociar acuerdos conjuntamente con los demás miembros del bloque.
ficha técnica
Daniel Ricardo Castelan, brasileño, es licenciado en relaciones internacionales por la Universidad de Brasilia. Posee un máster en relaciones internacionales por la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro y cursa el doctorado en ciencia política en la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Se desempeña como investigador del Instituto Universitario de Posgrados y Pesquisas de Río de Janeiro (IUPPERJ). Fue investigador del Observatorio Político Sudamericano (OPSA-IUPPERJ) y profesor de Comercio Internacional de la Facultad de Economía y Finanzas del IBMEC.
Brasil elige los temas externos que puede solucionar
-Muchos analistas han expresado que el Mercosur es el "patio trasero" de Brasil. ¿Qué importancia tiene actualmente este tratado subregional en la política comercial exterior de Brasil?
-El Mercosur es importante para la economía brasileña ya que está entre los principales destinos comerciales de Brasil. No obstante, el gobierno Lula ha buscado otras opciones como, por ejemplo, desempeñar un rol político más activo con los BRIC en el FMI -donde espera, junto con Rusia, India y China, ejercer el poder de veto en sus decisiones- y con el G20 en la OMC para darle más fuerza al Sur en los temas económicos y comerciales.
-¿Cómo se explica la prescindencia que ha tenido el gobierno de Lula ante la actitud argentina de cortar el tránsito con Uruguay sobre un puente binacional durante más de tres años?
-Sin duda Brasil pretende tener un rol activo en Sudamérica, pero sólo elige los temas en los que puede intervenir y aportar una solución.
-¿Qué razones llevan a que Brasil acepte las limitaciones que le impone Argentina a las exportaciones de determinados productos?
-El gobierno de Lula ha escuchado las quejas de los sectores afectados y ha planteado esos problemas con mucho tacto diplomático para evitar que hagan retrotraer a ambos países a sus viejas rivalidades políticas y comerciales. Brasil comprende que las restricciones comerciales impuestas por el gobierno argentino obedecen a los efectos de la crisis global que se reflejan en su balanza comercial. En resumen, Argentina es un socio estratégico de Brasil en América del Sur, pero es, sobre todo, el destino más importante de las exportaciones industriales brasileñas.
-¿Tiene Brasil una política tan tolerante con otros países sudamericanos?
-La administración Lula ha exhibido una postura muy comprensiva con los países de la región. Basta recordar como resolvió el incidente con Ecuador por la expulsión de la empresa brasileña Odebretch que estaba a cargo de la construcción de una represa hidroeléctrica financiada con un préstamo de US$ 243 millones otorgado por el BNDES, el aumento de las compensaciones a Paraguay que pasarán de US$ 120 millones a US$ 360 millones anuales por la generación eléctrica de la represa de Itaipú, la aceptación de la suba del precio del gas natural fijado por Bolivia que se exporta a Brasil, etc. Sin embargo, no creo que sea una política de "tolerancia", sino que es la aplicación del interés brasileño por la integración, que sin duda requiere, en alguna medida, del apoyo de los países más grandes.