OPINIÓN

Hacer imprescindible lo imposible

Liderazgo, convicción y esfuerzo para volver cumplible lo que aparece como imposible.

Foto: Pixabay
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A comienzos de 1817, el General San Martín se aprestaba a cruzar Los Andes sin el apoyo de Buenos Aires. Su propósito consistía en enfrentar, junto con tropas chilenas exiliadas en Mendoza, a las tropas españolas en Chile como parte de la Expedición Libertadora de Argentina, Chile y Perú. Tras obtener cierto apoyo del General Pueyrredón, en Córdoba, éste le escribió: “No me vuelva a pedir más, que lo que usted quiere hacer es imposible”. Tras agradecerle, San Martín le respondió: “Usted tiene razón, lo que quiero hacer es imposible, pero es imprescindible”.

A veces sucede que objetivos o propósitos que nos planteamos las personas (vale también para las empresas, para los países y para otras formas en las que los seres humanos nos asociamos) lucen imposibles, pero son imprescindibles. Y al asumirlos como imprescindibles, aparece la probabilidad, por menor que pudiera ser, de volverlos cumplibles. Pero, como en el caso de San Martín, para ello se requiere liderazgo, convicción y esfuerzo, entre otras virtudes que no suelen abundar, y mucho menos todas juntas.

La referencia viene al caso por el manifiesto empeño del presidente y su equipo económico de hacer el necesario ajuste fiscal, por la vía del gasto y no de los impuestos. Lo que comenzó a hacer, vía decreto, a poco de asumir, y que seguirá haciendo en la instancia presupuestal, ya con rango legal. Y está bien que lo haga, a pesar de la pandemia, pues esos ajustes nada tienen que ver con ella sino con gorduras, excesos y malgasto público. Naturalmente, el aumento del gasto vinculado a la pandemia, así como la pérdida de ingresos fiscales que esta conlleva, no dejarán ver en este año los progresos que se pudiera alcanzar con aquella estrategia. Pero más tarde o más temprano, se podrá pasar raya al resultado de esa gestión y se verá si habrá sido suficiente para poner al déficit en vereda.

Desde que en la campaña electoral el presidente y su equipo comenzaron a mencionar esa estrategia, señalé que sería imposible lograrlo. El presupuesto tiene vida propia, por la indexación y por la dinámica de algunos de sus principales rubros. Con un crecimiento económico tendencial en el eje del 2,5% y partiendo de un déficit de más de 5% del PIB (y de uno estructural de más de 4%), es imposible bajarlo rápidamente a una meta razonable (digamos, 2% del PIB) sólo con una estrategia “tradicional” de ajuste de gastos. Esto, además de la necesidad de realizar reformas estructurales con efecto en mediano y largo plazos.

Pasados algunos meses de ejercicio del gobierno, en vísperas de conocerse el proyecto de presupuesto y habiendo seguido la información emergente desde el gobierno, vuelvo a insistir con la imposibilidad de lograr lo que se ha propuesto, solo con los medios habituales.

Por eso lo de San Martín: hacer imprescindible lo imposible. No es por los medios habituales que se va a lograr el objetivo. Debe hacerse algo diferente a lo convencional. Y si esta instancia presupuestal no se aprovecha para ello, habrá otras oportunidades para hacerlo en cada rendición de cuentas.

No alcanza con “recortar” el 15% del presupuesto “recortable”: los gastos no personales, un octavo del total. Esos recortes tienen vida efímera porque los rubros recortados son como los resortes, que se comprimen y vuelven a su posición inicial en cuanto se los deja de presionar, salvo que vayan acompañados de cambios sustanciales que los vuelvan permanentes. Esta patriada no tendrá éxito si no se percibe creíblemente que el número de vínculos laborales con el Estado caerá con firmeza y pronto. Y esto (a la larga) sólo va a ocurrir si se deja de hacer cosas, si se cierran oficinas y si se eliminan trámites. No alcanza con un par de embajadas o consulados. Mucho menos ayuda la creación de un ministerio y varias nuevas agencias.

Ministerios… ¿acaso alguien en el gobierno se puso a pensar si mantiene sentido conservar la estructura actual que rige (con cambios menores) desde tiempo inmemorial? Un ministerio de infraestructura y uno de producción podrían reemplazar a cinco (ahora seis) de los actuales.

Los cuatro “sociales” podrían fundirse en dos, con el MEF asumiendo funciones de algunos de ellos. Con ocho ministerios, en vez de los 14 actuales, bastaría. Por otro lado, podría haber un solo ente regulador que reuniera a todas las agencias que tratan esa materia y lo mismo podría pasar con la promoción del país, sus inversiones y sus exportaciones. O con la investigación y el desarrollo, que en las últimas semanas han estado en las noticias por idas y vueltas en materia de recortes, lo que ha dejado en evidencia la dispersión de sus agencias y programas.

Los ejemplos referidos no bastarían para producir ahorros enormes ni mucho menos. Pero serían señales contundentes del cambio que se necesita. Y serían una piedra de toque ejemplar y creíble de una hoja de ruta de cambios en la forma de gestionar al sector público.

Pero parece que la cosa no va por ahí: hace algunos jueves Búsqueda atribuyó a una fuente oficial que está resultando difícil encontrar dónde cortar y que mueva la aguja del gasto global, lo que tiene preocupados a los jerarcas del MEF y la OPP, y a otra fuente que una cosa es encontrar una oportunidad de ahorro y otra implementarla.

El tiempo dirá, pero si no se lo asume como imprescindible (y se actúa en consecuencia, con todo lo que eso implica), será imposible.

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