Habrá agricultura regulada

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Palabras más, palabras menos, así se expresó el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca aludiendo a la política que según parece será la prioridad número uno de su gestión. Y dicho así el tema debe preocupar, porque según cómo se la implemente, esta política puede ser útil, o una simple acumulación de más trámites, o una intromisión muy grave en las decisiones individuales, producto de una vocación oficial al intervencionismo en la esfera privada al que hay que resistir todos los días.

CONFUSO. Así es el actual discurso del MGAP, confuso, pero en buen sentido. Los ministros anteriores así como las primeras expresiones del actual, planteaban la condición absolutamente imperativa del ministerio para hacer cumplir, dentro de cada predio, lo que a juicio del gobierno fuera lo más correcto. Pero esto mismo siempre en base a criterios de discutible ciencia y, mucho peor, desplazando totalmente al ciudadano en sus decisiones dentro de su propia casa. Leo ahora al ministerio sobre esto temas y no me queda claro si se sigue con este tipo de arranque liberticida, que luce algo más moderado. Más bien tiendo a pensar que el ministerio hará un esfuerzo en sensibilizar a los productores acerca de los cuidados que se deben tener en el uso del suelo, en particular cuando este se intensifica. Y esto -difusión de buenas prácticas, educación- no me parece mal. Incluso el ministro ha dicho que el gobierno no dirá qué cultivos plantar, lo que hubiera sido ya de un intervencionismo increíble.

No obstante y en sentido contrario a las afirmaciones anteriores, se anuncia que la agricultura estará totalmente regulada, y que los productores deberán presentar planes de uso y manejo de suelos que alguien aprobará no se sabe en base a qué. Y aquí hay dos áreas de reflexión que jamás se deben dejar de lado. Una, la más importante, la que debe ir por delante del tema de la conservación de recursos naturales, es la jurídica. El gobierno debe responder siempre en base a qué está dispuesto a limitar la libertad de elección, incluso el derecho a equivocarse, de los ciudadanos productores rurales. No puede ser que en base a una discrecionalidad que se anuncia será uno a uno en cada plan de uso del suelo, cada productor deba pedir permiso al gobierno acerca de cómo rotar sus cultivos -si quiere hacerlo-, cómo plantar, cómo hacer las cosas mejor. Desplazar el centro de las decisiones productivas para someterlas a un humillante, desgastante y costoso caso a caso, es propio del decaimiento del Estado de Derecho que denunció el economista Talvi y tanto molestó al Presidente. Si todos los productores deben presentar miles de planes todos los años para que caso a caso alguien los autorice, se habrá herido gravemente la libertad económica que es en nuestro régimen jurídico un derecho que solo puede limitarse con arreglo a la ley y en función del bien común, algo que difícilmente pueda sostenerse como vinculado a planes de uso, por más que estén firmados por profesionales. En definitiva, para hacer agricultura habría que conseguir una "receta".

CAÑA DE AZÚCAR. No puedo imaginar que la obligación que se quiere establecer lo será solo para las empresas grandes, o solo para las que siembran soja. Supongo que si no se quiere agraviar el derecho, esos planes le serán exigidos a granjeros tanto como a agricultores grandes, a propietarios o a arrendatarios, a plantadores de soja, de papa, cebolla o de caña de azúcar. Dicho sea al pasar, el ministerio como promotor del cultivo de caña, al que llamó buque insignia del país productivo, por coherencia debe aclarar primero los planes de rotación que le pedirá a los productores de caña, un cultivo que no solo se rota poco, sino que se cosecha la planta entera, y que realiza una extracción de nutrientes que también ha generado desastres ecológicos en Haití y otros países de esas latitudes.

De manera que salvo que se quiera arruinar el principio de igualdad ante la ley y exigir solo a unas pocas empresas, me imagino miles de papeles a ser estudiados por un MGAP que no sé cómo los procesará, a menos que solo pida la "receta", que amenaza también convertirse en un avance corporativo, en este caso de mis colegas.

Pero si dudoso es el derecho del gobierno de limitar las opciones que cada uno elija para el uso y manejo de sus suelos, peor es imaginar sus ideas en la práctica. Cómo hará un productor: ¿establecerá lo que va a hacer los próximos cuatro años? Si cambia de opinión, ¿deberá volver a pedir permiso? Solo imaginar administrativamente esto me parece insólito: cómo resolverlo por parte del MGAP, cómo controlar su veracidad, cómo hacerlo con todos los agricultores. No puedo creer que todo termine como en las farmacias, que para operar deben contratar un químico, que es un impuesto, y nadie sabe para qué.

PROPIEDAD. Pero además, si dudoso es el derecho de meterse hasta ese punto en la vida de los ciudadanos, hay que señalar que salvo por principio muy generales, no hay para cada opción de cada chacra, una ciencia inequívoca en base a la cual juzgar conductas privadas en el uso del suelo. No es así. Y menos en la actualidad, con transformaciones permanentes en los modos de producir. He sido testigo de discusiones totalmente opuestas entre especialistas de estas áreas, discutiendo acerca de las mil opciones complejas que se pueden presentar, y además no hay dónde acudir técnicamente para laudar en esos casos; no es la Facultad de Agronomía de la UdelaR a la que se le pueden reconocer muchos atributos favorables, pero no el de la infalibilidad.

Por fin hay que recordar que el peor enemigo del suelo no es ni ha sido el agricultor; han sido las políticas agrícolas que obligaron a la sobreexplotación del suelo: la granja de Canelones, el trigo o la remolacha con precios políticos, ahí se generan valores mayores al costo de oportunidad de la conservación. La mejor decisión para el cuidado del suelo es la definición precisa y respetada de los derechos de propiedad. No es el cuidado de los recursos naturales una función que se realiza mejor desde los gobiernos; nunca ha sido así. Unos derechos de propiedad bien difundidos y respetados, junto a una gran difusión de las mejores prácticas para lograrlo, allí está la clave del éxito general aunque existan casos particulares de quienes no cumplan con la regla. Por ellos, solo por ellos, no resulta lógico limitar de modo selectivo la libertad de hacer dentro de la casa de cada uno.

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