Luego de un año “muy discreto” de los mercados si se exceptúa el comportamiento de las “Siete Magníficas”, 2026 debería ser momento para buscar activos valuados “más normalmente”, sostiene Mariano Sardans, CEO de la gerenciadora de Patrimonios argentina, FDI. El especialista no descarta la posibilidad de una burbuja, dado el “nivel irracional” en la valuación de algunas tecnológicas. Asimismo, advierte sobre la deuda soberana y “la escasa penalización" de los mercados a los países sobre endeudados. En un año donde los inversores “deberían ser más cautos”, destaca las buenas opciones que existen en los mercados emergentes. A continuación, un resumen de la entrevista.
—¿Cómo debería calificarse el año 2025 para las finanzas?
—Un año atípico, completamente, con las acciones de Donald Trump, desarmando todo lo relacionado con las relaciones comerciales; rompió, inclusive, la plataforma americana de venta, donde uno le compraba a EE.UU. a 10, algo que la empresa americana había comprado a 2; con el sello americano, la norma y la garantía americana.
Y en medio de eso, los chinos saliendo a vender al mundo en forma cada vez más agresiva. Empresas chinas que tenían como único cliente y destino EE.UU., de golpe se encontraron con que ya no podían vender aquello que cobraban 2 y EE.UU. luego lo colocaba a 10. Pero se dieron en cuenta que, sin Estados Unidos, le podían igualmente seguir vendiendo al mundo, ya no a 2, sino a 4. Y los restantes 6, se los quedan empresas, intermediarios y consumidores del resto del mundo. Trump, buscando un movimiento a favor de su país, terminó haciendo macanas. Finalmente, todo el tema de los altos aranceles se comenzó a desdibujar, pero a mi juicio fue un barajar y dar de nuevo para el mundo. Y los mercados también afectados por eso, de alguna forma.
—Si quitamos de en medio las tecnológicas, ¿cómo debería considerarse el año?
—Muy discreto. Un aspecto importante es que hubo una caída importante del dólar, que significó una revalorización de las demás monedas. Entonces, en términos de dólares, el resto del mundo creció muchísimo más que Estados Unidos. Cuando sacamos las tecnológicas, el resto del mundo creció mucho más. El mercado accionario, por un lado, pero también subieron las monedas del resto del mundo. Un doble empuje.
El mundo capitalizó mucho ese movimiento del gobierno estadounidense, un juego geopolítico que creo que le salió mal; el resto del mundo no reaccionó como Trump pensaba, y todos siguen haciendo negocios, con China a la cabeza, nutriéndose de tecnología americana, siguen copiando o haciendo ingeniería inversa, pero siguen avanzando.
—Pero China tampoco está en su mejor momento…
—Es cierto, tiene un gran problema demográfico, que también pega en el consumo, con caída de precios en el último año de dos dígitos, desde inmuebles hasta automóviles, bienes de uso en general. Similar a lo que ocurrió en Japón en los ´89 o ´90, inclusive con deflación ante la retracción del consumo. Eso se refleja también en los mercados.
—¿Todavía se percibe en los mercados el efecto generado por el empuje fiscal estatal en la pandemia, donde los países se endeudaron?
—Tanto como que parecen haberse cambiado las métricas deuda–PIB. Por ahora no parece haber indicios de que los mercados penalicen a los países sobre endeudados y tampoco que vaya a haber un cambio de estrategia por parte de los gobiernos, salvo algunas excepciones donde vemos gobiernos que apuestan a la reducción de impuestos y una baja del gasto, pero eso no es algo general.
En el mercado de deuda en general, ha bajado la tasa de todos los países en término de dólares y eso para todos, los que se portan bien y los que se portan mal. Sobra liquidez o faltan lugares donde colocar y no hay penalización para nadie.
—Esa liquidez tan importante, ¿dónde se origina?
—Tiene que ver con mucha emisión, quizás el efecto riqueza producto de que todo ha subido. Estamos en el percentil 99,2/99,5 en cuando a valuaciones históricas en el mercado americano. Estamos casi al mismo nivel de las valuaciones del período de las punto.com, una locura. Es un efecto riqueza muy grande, donde todo el mundo gasta, nadie penaliza a nadie.
—En ese contexto, hay una corriente de opinión que sostiene la eventualidad de una burbuja. ¿Es una posibilidad?
—Lo es. Nosotros hace rato que estamos preparados por el riesgo de una burbuja. Los clientes nos piden invertir en las siete magníficas, bien. Les advertimos, que hay momentos que uno invierte, y hay momentos en que se está especulando si sigue creciendo o se desploma. Todo revierte a la media, ajustado por la inflación, tarde o temprano.
Por eso, es importante tratar de ir hacia segmentos valuados más normalmente. Salvo Brasil, no hay cosas tan baratas en el mercado accionario. Nosotros venimos bajando más la ponderación de EE.UU. yendo hacia una cartera más global, con empresas sanas, valuadas, no en términos de futuras expectativas, donde todo debe salir perfecto hacia adelante, sino aquellas que están valuadas respecto de lo que producen hoy mismo. Cuando ajuste será para todos, pero unos ajustarán 50% y otros 7-8%. Eso es lo que uno debe esperar en un mercado de acciones, que es lo mejor a mediano y largo plazo, pero a costa de comerse volatilidad en el corto plazo. Un día ajusta, hay que estar preparado.
—Cuando se refiere a que llega el momento donde “no es invertir sino especular”, ¿este es el punto en el que están las tecnológicas hoy?
—Sin dudas. Si uno mira las valuaciones, para justificarlas todo debería salir perfecto en 20 años. Es factible, pero poco probable.
Pero vale la pena marcar que seguimos teniendo un efecto rebaño, todos siguen colocando en esas empresas. Allí incide menos el inversor inteligente que evalúa los comportamientos. Al final del día, hay que seguir el flujo, terminamos siguiendo el rebaño. Como gerenciador, no podemos dejar de estar ahí, de todas formas.
Lo que sucede generalmente es que el inversor sigue disfrutando de ese flujo que es favorable, pero cuando se llega a valores irracionales, hay que ir desensillando.
—¿Hay puntos de contacto de aquel momento de las punto.com con el presente?
—Están en la misma evaluación. Recordemos que cuando las punto.com, se hablaba de saltos a nivel tecnológico que al final sucedieron, pero pasaron muchos años para que ello ocurriera. Ahora podría estar pasando lo mismo, que todo lo que va a ir generando la IA, llegará, pero no en forma inmediata. Aún no se está viendo todo eso en dinero. Todavía no se está ganando lo que se preveía que iba a ganar. Eso ya nos está indicando que las valuaciones no tienen mucho sentido.
—¿Cuáles fueron las mejores opciones financieras que se pueden haber tomado durante 2025?
—Emergentes en general. Sin dudas, fue una buena alternativa, con la caída del dólar y que los flujos fueron más a China, el resto de Asia y otros emergentes.
Brasil fue una muy buena opción en ese contexto.
—¿Este es un año para ser más cautos?
—Puede haber un ajuste. En general, la composición de renta fija y renta variable en un portafolio tiene que ser reflejo de lo que uno está dispuesto a soportar en la cartera total. Pongamos un 30-40% en acciones, después allí dentro decide si pone más o menos tecnológicas, etc. O sea, si baja, en un año como este, el nivel de volatilidad en esa porción de la cartera.
La cartera de un cliente argentino generalmente tiene entre 20-25% en acciones; el uruguayo un poco más conservador, 20-22%; el brasileño arriesga más, va hasta un 35%. Hay que acordar con el cliente cuánto es la volatilidad que está dispuesto a soportar, dado su perfil, y las condiciones del mercado.
Pero no hay cartera ideal, cada inversor tiene la suya.
—¿Argentina podrá salir en breve a los mercados y comenzar a captar inversión?
—Argentina va bien, pero le cuesta perforar los 550 puntos básicos del Riego País.
Hay una generación de argentinos, los de 35 años, que nunca sufrieron una incautación de depósitos o la estatización de sus jubilaciones; esos son los que hoy confían. Pero al resto les cuesta, y hay muchos aún no quieren saber nada. Es cuestión de confianza, pero antes de que confíen los de afuera, son los propios argentinos que tienen que volver a confiar e invertir, comenzar a dar vuelta esa realidad.
—En relación a Uruguay. ¿Las novedades tributarias generan consultas en el inversor?
—A pesar de algunos ajustes o cambios tributarios, Uruguay tiene una excelente imagen ante los inversores, que se la ha ganado a lo largo del tiempo.
Entonces, yo no veo al inversor sacando el pie del acelerador. Puede estar atento a estos cambios, pero difícil que sea tan fuerte esa señala en lo negativa que lo lleve a cambiar su opinión sobre una decisión ya tomada y una inversión en curso.
Por otro lado tenemos a una buena cantidad de extranjeros que han llegado por la vacación fiscal. Allí también hubo cambios, veremos qué pasa con ese flujo de extranjeros que optaban por venir acá.
En Uruguay cuesta cambiar algo, eso puede generar algún problema en ciertos rubros, pero hay cosas en las cuales no cambiar es un activo, beneficiándose ante los problemas que han tenido los vecinos durante muchos años.
—¿De qué forma cambió el rumbo de los mercados lo ocurrido en Venezuela al comienzo del año?
—En los primeros dos o tres días hubo mucho alboroto del lado de los inversores, queriendo comprar activos venezolanos destrozados, desde bonos hasta inmuebles o cualquier activo que fuera venezolano. Pero en realidad Venezuela no puede aportar más que esto, la estructura petrolera venezolana está destrozada, y para exportar se necesitarían inversiones fenomenales. A partir de allí, la cotización del petróleo volvió más o menos al nivel previo.
Como siempre, primero la euforia y luego el golpe de la realidad; muchos inversores preguntando por activos venezolanos. Les decimos que sean cautos, que esto de la recuperación venezolana va para largo, llevará mucho tiempo para que se reactiva de verdad, que no busquen retornos inmediatos porque no es lo que seguramente pase. Pasó la locura de esos días, pura especulación, y ahora todo volvió a la normalidad.