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Europa, los bancos y los riesgos de una recesión: malos presagios

Si después de Semana Santa la tensión financiera no se disipa, se pueden venir problemas mayores para Europa, advierte el economista español José Carlos Diez.

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José Carlos Diez, economista español.
José Carlos Diez, economista español.
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Luis Custodio

Si después de Semana Santa la tensión financiera no se disipa, se pueden venir problemas mayores para Europa, advierte el economista español José Carlos Diez. Destaca que los bancos centrales tienen margen para frenar la desconfianza, para lo cual deberían bajar las tasas de interés, que continuaron subiendo en los últimos días. “Estamos a tiempo para actuar”, subraya. No descarta una recesión en Europa, aunque la considera menos probable que lo que se advertía meses atrás. Considera que el precio del gas y la cotización del bono italiano a 10 años son dos claras referencias. “Si se mantienen estables, nos alejamos de la recesión”, indica. Más allá de la coyuntura de los mercados financieros, considera que el shock tecnológico y la revolución energética, amplificados por la pandemia, sumado a la guerra de Ucrania, derivan en un mundo más restrictivo y proteccionista. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Qué derivaciones puede tener en Europa la caída del Crédit Suisse?

—Es preocupante la situación actual. Hay dos cuestiones que no se pueden soslayar, que tienen que ver con el contexto. Hay un alto endeudamiento en Europa y comienzan a verse cosas que generan desconfianza al inversor. Cuando los mercados dejan de creer, se da el flight to quality de los inversores, ante lo que perciben como un panorama más riesgoso y en esa situación, es complejo renovar la deuda. Ahí es cuando se producen las crisis financieras, y yo creo que estamos en esa fase en estos momentos.

En el caso del SVB otra vez falló la supervisión, también fallaron las agencias de rating, acerca de la situación en que se encontraba el banco. En cuanto al First Republic, la intervención ha sido muy rara. Primero con liquidez, 30 mil millones de dólares, ahora parece que además necesita capital, no es clara esa situación.

En el caso del Credit Suisse también fallaron los controles, y yo creo que, además, se han roto algunas reglas básicas históricas en Suiza. Una, que en un país donde se pregunta periódicamente a sus ciudadanos hasta de qué color ponen las aceras o las farolas de la calle, ahora han prohibido la junta de accionistas, sacando un decreto donde la junta de accionistas de UBS no tiene que autorizar la compra y no puede ir en contra de esa medida. La sensación de fragilidad es tremenda. Y dos, le han hecho una quita del 100% a los tenedores de bonos contingentemente convertibles (cocos) y la deuda subordinada, y le dan 3 mil millones de euros de dineros públicos a los accionistas. El mercado de cocos en Europa ha funcionado muy bien como mecanismo de recapitalización de las entidades, y ahora se lo han llevado por delante. Si ese mercado no funciona y los inversores exigen subir el nivel de solvencia de alguna entidad, pues no tendrán más opciones que, o cortar el dividendo, lo que sería una caída en bolsa importante, o recurrir al dinero público.

—¿Cuánto incide en este panorama las decisiones de política monetaria que se han tomado en EE.UU. y Europa?

—Es verdad que los mercados están muy sensibles a las tasas de interés, y la suba de tipos ha hecho mucho daño. Yo creo que eso es lo que está provocando ahora el problema de fondo, porque hay muchas deudas al 0% que eran sostenibles, pero que al 5% no lo son y no se pueden pagar.

Ahora, también podría incidir favorablemente si se mueve en el sentido contrario: si los bancos centrales decidieran en algún momento de máxima tensión, bajar los tipos de interés, creo que el mercado podría reaccionar. Hay margen para evitar la crisis desde lo monetario. Dada la sensibilidad que los mercados han mostrado a la baja de tasas, si los bancos centrales bajaran los tipos y garantizaran liquidez, las bolsas deberían subir. Si la deuda es elevada, pero el precio de las acciones y del capital sube, pues, es sostenible.

—Pero por el contrario, las tasas han subido…

—Es un momento de gran tensión, especialmente en el mercado de deuda privada. Si durante un mes hay dificultades, donde no funcionen bien los mercados de emisiones, bueno, todavía puede ser manejable. Ahora, si eso persiste, ya tenemos la crisis financiera montada.

Llevamos un par de semanas, si después de Semana Santa seguimos viendo tensión, pues, va a ser muy duro. En estos días se comparaba la operación de First Republica con la de Bear Stearns, que en 2008 fue salvada por JP Morgan; la verdad, no es un buen recuerdo eso. Sobre todo porque después de Bear Stearns vinieron Fanny Mae y Freddie Mac y luego les siguió Lehman Brothers, City Bank, Bank of América… todo encadenado.

—¿Deberíamos pensar en un riesgo de encadenamiento también en esta crisis?

—Insisto, Yo creo que la Reserva Federal tiene margen para bajar las tasas y frenar la desconfianza, sobre todo la caída de las bolsas. Si eso se revierte, con una suba sostenida en los mercados, la posibilidad de crisis financiera se aleja.

Me defino como pesimista en esta situación porque no me gusta lo que estoy viendo, pero creo que hay margen para actuar. Estamos a tiempo.

—¿Europa entra en recesión en 2023?

— La probabilidad de una recesión existe, aunque creo deberían ocurrir más cosas feas que las que estamos viendo. Si la tensión en el sector financiero se mantiene más de un mes, podría empezar a generar un contagio en el crédito real a empresas y familias.

Ahora, previo a esta coyuntura generada en el mercado financiero, ya se advertía el riesgo de una recesión en Europa, aunque no con las fuertes probabilidades que se le adjudicaban el año pasado. Europa redujo en el invierno un 20% su consumo de gas y nadie pensaba que eso era posible sin una recesión. Estamos en una estanflación suave, y parece que el escenario recesivo, salvo en Alemania y en algún otro país concreto, podría evitarse.

El otro riesgo que me preocupa es el del endeudamiento. Hablábamos antes del grado de exposición del sector privado, pero los países también están en problemas. Veamos a Italia, con 150 puntos del PIB de deuda. La prima del bono italiano está estable, ligeramente por debajo de los 200 puntos básicos y ese parece ser el umbral de dolor. Si uno lee correctamente esta situación, como en algún otro caso europeo, es lógico pensar en el riesgo de una crisis de deuda. Sin embargo, los inversores no parecen verlo, porque están comprando el bono italiano a 4,5% a 10 años, con una inflación cercana al 10%. Los inversores no creen en la inflación proyectada, estiman que la política monetaria les protegerá.

Repito, dos indicadores que hay que seguir de cerca cuando hablamos de riesgo de recesión en Europa: el precio del gas y el bono italiano.

José Carlos Diez
José Carlos Diez advierte sobre los riesgos de recesión en Europa
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—Más allá de los riesgos puntuales que podemos observar hoy en el sistema financiero, las características de esta época parecen ser los hitos inesperados y la incertidumbre…

—Estamos en una nueva era, que empezó con el shock tecnológico de Internet y la digitalización, indudablemente, acompasado con otros cambios muy fuertes como la revolución energética. Esas dos revoluciones generan mucha tensión e inestabilidad geopolítica y social, pero también abren una gran oportunidad para países pequeños, como Uruguay.

—Esos cambios que ya se venía dando se precipitan con las necesidades impuestas por la pandemia…

—Con la pandemia empezamos a ver con mayor claridad los efectos. El mundo sufrió una crisis económica autoinfligida, desconocida y muy difícil de gestionar. En el plano económico se disparó una reacción desde la política monetaria desproporcionada, que provocó una salida con una fuerte recuperación cuando llegan las vacunas, que rompe una dinámica normal de deflación, que se basaba en dos componentes globales: uno, la revolución tecnológica, donde cada vez se produce con menos coste, y dos, la incorporación de China en particular y los demás países asiáticos, que han bajado el salario medio mundial. Lo que rompe por primera vez esa dinámica deflacionista de más de una década es la recuperación tan intensa de la pandemia, provocada por la política monetaria global.

—¿Fue excesiva la reacción de los bancos centrales?

—Es que la Reserva Federal metió más dinero en circulación en el año 2020 que entre 2008 y 2010. Cuando comienza a darse la recuperación y la economía se encuentra con todo ese dinero en circulación, dinero que se transforma en consumo y en inversión, pues hay un shock inflacionario que es lo que estamos pagando hoy.

Es un shock parecido al de los años ´80, pero con menos intensidad. En los ´80, la inflación en Asia estaba en dos dígitos y ahora China tiene un 2% de inflación. Ha exportado un poco de inflación con el encarecimiento de los fletes y las restricciones Covid-Cero, pero ahora todo eso se va normalizando. Se levantaron las restricciones sanitarias y el coste de fletes, que tanto impactó en el comercio mundial, está en valores menores a 2021. Hubo un fuerte impacto en el precio de las materias primas, que luego se moderó, pero creo que puede volver…

—¿Podemos esperar un nuevo impulso en los precios de las materias primas?

—El impulso al alza se detuvo debido a la coyuntura china, donde se mezclaron los efectos de las restricciones covid con una grave crisis inmobiliaria, que impactó también en los bancos, junto con una caída de la producción industrial. Pero ahora, levantadas las restricciones es altamente probable que tengamos otra vez precios de materias primas al alza.

—Después de la pandemia y el repunte inflacionario, comenzó la guerra en Ucrania…

—Esa es otra disrupción total inesperada. Hay un antes y un después de Ucrania, porque volvemos a un modelo bipolar, donde China se ubica próximo a Rusia. Más allá de los costos brutales de una guerra en vidas humanas y ciudades arrasadas, esto tendrá consecuencias comerciales, donde la globalización anterior a la pandemia y la guerra, dejará paso a un mundo con otras restricciones. Europa, en particular, ha empezado una fase proteccionista, muy suave, donde ya se estableció que todas las importaciones desde enero del año que viene que lleguen sin cumplir emisiones de carbono y que no cumplan normativa europea, van a tener que adaptarse para poder ingresar. Es una señal. Cuando la guerra comercial entre Trump y China, Europa se comió toda la desviación de comercio de las exportaciones chinas que iban a Estados Unidos, sobre todo Alemania, que hoy tiene un déficit de balanza comercial con China desproporcionado y creciente. Europa ahora ha reaccionado. Se prepara, además, a poner en marcha una política industrial más agresiva, como ha hecho también Estados Unidos. En ese contexto, pienso que también debería reaccionar América Latina. Con un fuerte impulso a la tecnología, buscando agregar valor, dejando liderar a las empresas en la inversión y no a través de medidas equivocadas como la sustitución de importaciones. Si no lo hace, seguirá perdiendo pie en un mundo muy complicado.

—En este juego de bloques y globalización restringida, ¿los países latinoamericanos pueden recuperar relevancia?

—Veamos; a Uruguay le va muy bien en la producción de alimentos, ¿verdad? Lo que tiene que hacer es transitar hacia un mayor desarrollo tecnológico. Es un gran exportador, una economía abierta y con una producción reconocida; son embargo, está muy lejos de la gran autopista del comercio que es el Canal de Panamá - Estrecho de Gibraltar – Canal de Suez, casi todo el comercio mundial pasa por ahí y el puerto de Montevideo está lejos, además en una zona que no tiene unidad de comercio y que no funciona como bloque. Entonces la revolución tecnológica y la revolución digital es lo que lo pueden acercar a ese mundo. Más contenido tecnológico, mayor innovación, reducen las desventajas competitivas.

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