JAVIER DE HAEDO
Se conocieron hace algunos días los resultados de la prueba PISA correspondientes al año 2009. Esa prueba, que en esta oportunidad se realizó en 65 países, tiene el propósito de evaluar el desempeño de los alumnos de 15 años de edad en las áreas de comprensión lectora, cultura científica y razonamiento matemático.
Al igual que en otros indicadores sociales y económicos, Uruguay se encuentra entre los primeros lugares en América Latina (segundo detrás de Chile), pero como el continente registra resultados malos, venimos a ser algo así como vicecampeones de segunda o tercera división. Uruguay quedó ubicado en el puesto 47 entre los 65 países participantes de la evaluación, es decir en el tercio inferior de la tabla de posiciones. Los resultados del informe muestran que en nuestro país el 42% de los estudiantes obtienen resultados insuficientes en las áreas evaluadas, situación que se agrava en los niveles socioeconómicos más bajos. Dicho sea de paso, la evaluación alcanza a quienes estudian y obviamente no alcanza a quienes trabajan y no estudian y a quienes ni estudian ni trabajan, que son un porcentaje elevado y creciente en nuestro país, lo que ciertamente deteriora aún más los resultados obtenidos.
La desigualdad entre diferentes contextos socioculturales es en nuestro país mayor a la que se observa en los otros países y en particular en aquellos de América Latina. Y en Uruguay la desigualdad es mayor en la educación de lo que lo es en otros indicadores, donde resultamos más igualitarios que los otros países del continente. Obsérvese, a modo de ejemplo, que de los estudiantes de contextos socioculturales desfavorables, casi el 70% no llegaba, al momento de realizarse esta prueba, al umbral de competencia en lectura, mientras que en el contexto muy favorable, ese porcentaje resultaba inferior al 8%. Una vez más, al igual que cuando analizamos los resultados del Índice de Desarrollo Humano, comprobamos que en nuestro país coexisten (y a pocos kilómetros de distancia, a cuadras en algunos casos) Finlandia y Angola.
Viene al caso destacar otro aspecto muy relevante de los resultados de la prueba PISA: no existe correlación, a diferencia de lo que uno a priori podría esperar, entre el PIB de los países y su desempeño en la prueba. Es decir que hay países con muy buen desempeño educativo a pesar de no ser países ricos y algunos de estos que son superados por países de menor desarrollo relativo. Lo mismo que vale entre países, vale hacia dentro de un mismo país, ya que se pueden encontrar experiencias con excelentes resultados en contextos socioculturales adversos, como Ernesto Talvi se ha encargado de enfatizar en sus últimas exposiciones públicas, en los casos de Harlem, en Nueva York, y del Liceo Jubilar de Casavalle, acá en Montevideo.
Entonces no es cuestión de dinero, o, al menos, sólo de dinero; es esencialmente cuestión del sistema educativo, del sistema de incentivos y del modelo de gestión. Es más cantidad de horas y es también más calidad de horas. Es también compromiso y capacidad del equipo docente e involucramiento de los padres. Es autonomía de gestión, como en el caso del Jubilar, que es un liceo gratuito para los estudiantes, al igual que los liceos públicos, pero financiado por el sector privado. Talvi mostró que los recursos asignados por estudiante en la enseñanza pública son suficientes para financiar la mejor educación disponible.
Por otra parte, la prueba muestra que en nuestro país, en el contexto sociocultural más favorable sólo hay instituciones privadas, mientras que en el menos favorable, sólo hay públicas. La conclusión es obvia: quien puede pagar enseñanza privada, huye de la pública y lo hace. Ciertamente no era así hasta hace tres décadas cuando había familias con alto poder adquisitivo que optaban por enviar sus hijos a escuelas y liceos públicos.
Estos resultados sólo pueden sorprender a quienes siguen creyendo que somos un país culto y educado porque casi toda la población es alfabeta. Y muestran que una gran proporción de nuestros jóvenes no va a estar en condiciones de desempeñarse satisfactoriamente en el mundo actual.
También pueden verse sorprendidos algunos distraídos que no entiendan cómo es posible que nuestro país no progrese en estas pruebas a pesar del creciente presupuesto asignado a la enseñanza pública. De hecho, Uruguay participó en los últimos tres ciclos de las pruebas PISA, de 2003, 2006 y 2009, y se lo observa estancado, sin progresar.
Es notorio que al cabo del gobierno pasado se llegó al objetivo de asignar el 4,5% del PIB para la enseñanza pública partiendo desde niveles considerablemente inferiores, tanto en el porcentaje como, especialmente, en el PIB. En el actual período se decidió mantener ese 4,5% pero sobre un PIB cada vez mayor, que se estima crecerá en el quinquenio más de 25%. O sea que, hablando en plata, en 2015 habrá un 25% más de recursos en términos reales, a valores constantes, que en 2010.
Pero es igualmente notorio que desde el gobierno no se optó por pedir a cambio de los mayores recursos, mejores resultados. No se utilizó un sistema de incentivos que premiara con más presupuesto a quienes obtuvieran mejores resultados. Allá fue el dinero a cambio de nada y entonces nada cambió, seguimos en 2009 igual de mal que en 2006 y que en 2003. Y en esta materia estar igual en un mundo crecientemente competitivo y que demanda cada vez más capacidades, es un enorme retroceso.
A partir de los datos que mensualmente informa el MEF en materia fiscal, podemos observar la evolución de los egresos correspondientes a los organismos docentes, tanto en remuneraciones como en gastos no personales y en inversiones. Entre 2003 y 2006 el gasto total en los tres conceptos subió 13% en términos reales y entre 2006 y 2009 subió un 46% también a precios constantes, por lo que entre los años extremos de la comparación el incremento real del presupuesto fue de 65%. Todo eso a cambio de nada y para conseguir estar relativamente peor que antes.
El argumento de la autonomía de los organismos públicos de enseñanza no es válido para no imponer metas y objetivos desde afuera de ellos, desde el poder político nacional. La autonomía es renga cuando no es autonomía financiera y quien da los recursos en representación de la comunidad puede y debe exigir resultados.
La educación debería ser el principal objetivo de las políticas públicas aquí y ahora. Algunos creen que cumplen con sus obligaciones votando asignaciones presupuestales que consideran suficientes y les pasan la pelota a las autoridades "autónomas" de la enseñanza pública. Éstas se muestran disconformes con la asignación dispuesta, y, sin mostrar resultados, siempre reclaman más. La mayor parte del presupuesto va a salarios, que ya no son sumergidos ni mucho menos, al menos en términos relativos. Los resultados de la prueba PISA vienen a ser como una auditoría externa al sistema educativo uruguayo y dejan en evidencia sus luces y sus sombras. En el caso del sistema público, como en el tango, sombras nada más…
Lamentablemente no da para ser optimistas. Mientras se mantenga el diseño institucional vigente no habrá progresos. Y diseño institucional no sólo implica lo que en sentido literal y popular se entiende por instituciones (organismos, dirección, etc.). Implica eso y también un diferente modelo de gestión, con mayor transparencia en materia de resultados, con premios y castigos y con autonomía a nivel de las unidades educativas, como las escuelas y los liceos, que compitan entre sí por los recursos asociados a cada estudiante que logren atraer en función de su propuesta. Esa es la verdadera autonomía que debería tener nuestra enseñanza pública.