Al golpear la crisis financiera a fines de 2008, Meccano, fabricante francés de juguetes, vio caer sus ventas. El gobierno intervino. En 2009, el Fonds Stratégique d´Investissement, fondo soberano creado por Nicolas Sarkozy, invirtió US$ 3.100 millones. "¿La fabricación de juguetes debe considerarse estratégica para Francia?", preguntó una radio. Meccano dijo que repatriaría empleos industriales de China a su planta central de Calais.
Los manejos de Francia con Meccano son parte de una renovada intervención industrial de países ricos. Estados Unidos ha dado miles de millones a bancos y automotrices, y el Estado asume participaciones en las empresas. Obama dijo en 2009 que el gobierno debe tomar "decisiones estratégicas respecto de industrias estratégicas". Su plan de estímulo, el año pasado destinó miles de millones a la innovación en sectores tales como energía renovable, trenes de alta velocidad y vehículos avanzados.
El primer ministro de Japón, Naoto Kan, dijo que quiere crear un nuevo "Japón SA", profundizando los vínculos entre las empresas y el Estado, y se anunció una estrategia para combatir las políticas industriales "cada vez más agresivas" de Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Francia, Alemania y Corea del Sur. Como Estados Unidos, los países europeos han sido generosos con los bancos y fabricantes de autos. La Comisión Europea dará a conocer una nueva estrategia industrial activa este año, que prestará más atención a la manufactura y menos a los servicios y las industrias del conocimiento. "La política industrial ya no es tabú" dice Mario Monti, ex comisario de Competencia. "Hay un revivir de la demanda por tales políticas". El gobierno francés lanzó una política fuertemente intervencionista, comprometiéndose a aumentar el producto manufacturero en un cuarto en cinco años. Sarkozy piensa ejercer un control más estricto sobre las compañías en las que el Estado tenga participación. Recientemente ordenó a sus ejecutivos informar a los ministros cada seis meses.
Inspirado por los franceses, el gobierno laborista británico creó en 2009 un Fondo de Inversión Estratégica, para orientar US$ 1.200 millones de dinero estatal a determinadas industrias y compañías. La coalición conducida por los conservadores ha rechazado lo que llama un "nuevo intervencionismo" en todo el mundo. Ha cancelado algunos préstamos, como el que se otorgó a Sheffield Forgemasters, siderúrgica. Pero gran parte del plan laborista se mantiene.
Países más pobres han tratado de promover industrias como una manera de acelerar el desarrollo. Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, dice que el Banco Mundial, luego de décadas de consenso de que la política industrial no funciona para las naciones en desarrollo, ahora recomienda su uso. Un reciente trabajo de Justin Lin, el jefe de economistas del banco, y una colega, Célestin Monga, examina cómo los gobiernos pueden identificar políticas con posibilidades de éxito y las cosas que probablemente fracasarán.
"Los gobiernos usan las herramientas de política industrial de manera muy poco más competente que en el pasado", dice Christian Ketels, de la Harvard Business School. Las lecciones del pasado son claras. Primero, cuanto más coincida con las ventajas comparativas de una economía nacional o local, tantas más probabilidades de éxito tendrá la política industrial. Segundo, la política tiene menos peligro de fracasar cuando sigue al mercado en vez de tratar de orientarlo. Tercero, la política industrial funciona de la mejor manera cuando un gobierno está tratando con áreas en las que tiene interés y competencia naturales, tales como la tecnología militar y la provisión de energía.