El proceso desinflacionario del 2025: ancho de banda y velocidad

Más allá del dato agregado, el análisis de cuántos precios empujan la inflación y a qué ritmo lo hacen aporta claves para evaluar la solidez del proceso desinflacionario observado en 2025.

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La inflación se debilitó a lo largo de 2025, cerrando el año calendario en 3,6%, uno de los registros más bajos observados en Uruguay en las últimas décadas. El dato resulta históricamente llamativo para la memoria local, que ya se acomoda a treinta y un meses consecutivos en que la inflación se ubica dentro del rango meta de la autoridad bancocentralista y en varios de esos meses, con un cumplimiento hacia niveles cada vez más bajos. Este contexto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿qué nos dice la forma en que se está dando este proceso desinflacionario sobre su grado de persistencia?

Responder si la inflación baja es permanente o transitoria exige algo más que observar el índice general. Requiere entender cómo se está formando el nivel de precios, qué precios están empujando —y cuáles no— y bajo qué condiciones macroeconómicas se está dando esa dinámica. El análisis de las causas no permite ofrecer una respuesta definitiva, pero sí aporta elementos clave para evaluar la solidez o fragilidad del escenario actual.

La definición de inflación y el ancho de banda micro

La inflación se define como el aumento persistente en el tiempo del nivel general de precios de una economía. Tanto es así, que otra definición, implícita en la anterior, remite a la función del dinero como unidad de cuenta: la inflación expresa la pérdida del valor del dinero en tanto una misma cantidad de bienes y servicios debe comprarse con una mayor cantidad de dinero.
Pero en definitiva, ese “nivel general de precios”, que en la realidad se conforma por una inabarcable cantidad de referencias en bienes y servicios, es acotado hacia indicadores, que usualmente refieren a índices de precios como el índice de Precios al Consumidor (IPC), o los deflactores de Consumo o del PIB. En el caso de los IPC, que agregan una canasta acotada de bienes —en el caso de Uruguay son más de 350 precios relevados— resumen comportamientos heterogéneos a nivel microeconómico, por lo que un mismo valor agregado puede responder a dinámicas muy distintas.. Inflaciones persistentes suelen asociarse a aumentos ampliamente difundidos y mecanismos de inercia, mientras que procesos más acotados tienden a ser menos inerciales, aunque más sensibles a cambios en el entorno.

Más allá del promedio, la inflación puede pensarse como un proceso de transmisión desde los precios individuales hacia el nivel general. En el caso de Uruguay, el IPC releva cada mes cerca de 40.000 precios, que luego convergen en la metodología que plantea el INE. Ese proceso tiene dos dimensiones clave: el ancho de banda, que refleja cuántos precios contribuyen a la suba del índice —y por tanto cuántos no—, y la velocidad, asociada a la magnitud de esos ajustes.

En 2025, ambas dimensiones se ubicaron en niveles inusualmente bajos. El gráfico 1 da cuenta de la extensión de la difusión de los precios relevados —a nivel de productos— hacia el índice general de precios, mientras que la inflación —incremento del Índice Precios al Consumidor— se explicaba con incrementos del 90% o más de los productos, en estos últimos años ese porcentaje disminuyó hasta un 77% en 2025. El ancho de banda se redujo.

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Por otro lado, referido ya no al ancho sino a la velocidad, el gráfico 2 nos da idea de cómo ha sido la intensidad de la difusión de los precios. Por ejemplo, los precios que suben a un ritmo de más del 10% interanual, pasaron de representar un 35%-40% del total de productos en la pre-pandemia a empezar a perder peso, hasta representar un 8% de la canasta de productos en diciembre de 2025. Esto se complementa con una mayor cantidad de precios que caen en un porcentaje mayor al 10%, pasando de ser un porcentaje chico de la canasta de productos a ser cerca del 6% de la canasta de productos en diciembre pasado.

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Por tanto, el ancho de banda fue reducido y la velocidad moderada, con predominio de aumentos en rangos bajos y menor presencia de subas de dos dígitos. Esta combinación sugiere baja inercia inflacionaria, aunque también mayor sensibilidad a cambios en el entorno. Por tanto, debemos plantearnos que nos dice la macro, más allá de entender este despliegue micro de transmisión planteado.

¿Qué nos dice la macro?

El estrechamiento del proceso inflacionario estuvo fuertemente asociado a la desaceleración de los precios transables no alimenticios. Estos bienes, sensibles al tipo de cambio y a los precios internacionales, mostraron variaciones particularmente bajas, que incluso, cuando vemos el gráfico 3, su incidencia sobre la inflación total no aparece visible en las barras. Otra contribución al estrechamiento proviene de las frutas y verduras, que tuvieron una mínima incidencia negativa durante 2025.

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A su vez, la dinámica observada de precios ha sido consistente con un entorno de demanda interna débil y una actividad que evoluciona en torno al potencial. Mientras esta condición persista, la inflación baja resulta coherente con el ciclo, aunque una recuperación más vigorosa podría acelerar la velocidad de ajuste y ampliar el ancho de banda del proceso.

Y ante esto: la política monetaria

Frente a este panorama, la política monetaria busca interpretar lo anterior y lograr que la inflación converja a la meta de inflación, utilizando a la tasa de interés como herramienta de política. La Tasa de Política Monetaria ha venido reduciéndose, de forma que interpreta estas pocas presiones inflacionarias.

¿Qué nos dice la forma de la desinflación sobre su persistencia?

Si bien un enfoque micro requeriría un análisis de aquellos 40 mil precios relevados mensualmente, y de esta forma avanzar hacia temas de como las empresas fijan precios, poder analizar el “enfoque micro” a nivel de producto permite definir el ancho de banda e intensidad que caracterizan a ese concepto, a veces tan abstracto, que es el “nivel general de precios”. Y de esta forma, permitirnos un nuevo ángulo o una nueva capa de análisis para agregar a la respuesta de la pregunta, que en este caso intenta evaluar el grado de persistencia de los niveles bajos de inflación que vemos en la actualidad.

La evidencia microeconómica muestra un proceso de ancho de banda angosto y baja velocidad, con pocos precios empujando el nivel general y ajustes de magnitud moderada. La concentración de la desinflación en los precios transables no alimenticios y la influencia del contexto externo introducen un componente cíclico, dependiente de variables como el tipo de cambio y los precios internacionales.

La debilidad de la demanda interna, y un marco de política monetaria creíble refuerzan esta lectura, al reducir el riesgo de una reversión abrupta. Existen oportunidades para reafirmar algunos logros estructurales, no obstante las oportunidades son reversibles.

- Economista Ramón Pampín, Manager en PwC

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