El mercado mundial de los diamantes depende de una ilusión cultural

| Los artificiales son tan perfectos que engañan a los expertos y los industriales temen que se sepa y los precios se derrumben

Leo, un hombre calvo con acento israelí, atiende una de los centenares de joyerías de la Calle 47, el corazón del distrito neoyorquino del diamante. Leo se gana la vida determinando la autenticidad y el valor de los diamantes, y en este momento examina tres pequeñas gemas, cada una de menos de medio quilate siendo una rosada, otra incolora y la tercera, de una tonalidad verdosa, llamada marqués. Toma el cristal rosado, lo deposita cuidadosamente en el mostrador y lo observa con su lente de aumento para percibir cómo la gema refleja la luz y estudiar su claridad, forma y calidad del corte. Repite el procedimiento con las otras dos piedras. "Son auténticas", anuncia, entregando una tarjeta de presentación. "Son muy buenas, pero no ganará una fortuna con ellas. Regrese cuando tenga piedras más grandes".

La experiencia de Leo, afinada a través de los años de comprar y vender diamantes, ha fallado en esta ocasión. Las gemas que acaba de examinar no son producto de fuerzas naturales que han actuado durante millones de años, sino que fueron producidas en un laboratorio de Boston hace unos días. No obstante, Leo no es el único comerciante que ha sido engañado por un reportero de Newsweek. Isaac Shemtov, propietario del local No. 51 de un bullicioso mercado de diamantes al otro lado de la calle, observa las gemas y pregunta: "¿cuánto quiere por ellas?". Alex, quien tiene una oficina en el entrepiso del número 67 de la Calle 47 del Oeste, aparta su atención de un programa de televisión. "¿Trabajan con el FBI?", inquiere. Luego examina los supuestos diamantes con su lente de aumento. "No, no son sintéticos", anuncia. Diez cuadras al norte, frente a Carnegie Hall, Lee Rosenbloom, de Galerías Plaza, somete las gemas a una serie de pruebas para identificar circones cúbicos y moissanite, dos falsificaciones muy comunes. "Todas son buenas", asegura.

Este tipo de respuestas ha puesto nerviosa a la industria del diamante. Hoy día hay dos tecnologías para producir diamantes de laboratorio virtualmente imposibles de diferenciar de los cristales naturales extraídos de la tierra.

Apollo Diamond, compañía de Boston, ha desarrollado un método para producir diamantes perfectos en una cámara presurizada y pretende vender diamantes de color e incoloros a partir de este verano (boreal).

Gemesis, empresa de Sarasota, Florida, ha perfeccionado una tecnología que utiliza altas presiones y temperaturas para imitar las condiciones que dan origen a los diamantes naturales. Hasta hoy, Gemesis vende los raros diamantes amarillos y azules, hasta 75% por debajo del valor de mercado de los diamantes naturales a los que son prácticamente idénticos. Se sabe de, por lo menos, otras tres compañías que trabajan para mejorar esas tecnologías. Al parecer, la Madre Tierra ya no tiene el monopolio de la producción de diamantes.

IMPACTO CULTURAL. Se desconoce cómo esta situación afectará la posición del diamante en nuestra cultura. Numerosas civilizaciones, desde los romanos hasta los mogoles de India han codiciado esas gemas. Los reyes medievales de Europa los ostentaban como símbolo de virtud y los mercaderes renacentistas acumulaban diamantes como señal de prestigio. En tiempos modernos son la pasión de novias y científicos. ¿En qué medida el valor depende del lugar de origen?, ¿150 kilómetros bajo la superficie terrestre, para ser expulsados a la superficie durante miles de millones de años de actividad volcánica? ¿cuánto de su valor deriva del destello de la gema, consecuencia de la estructura cristalina octaédrica que refleja la luz de manera singular? Los diamantes, según George E. Harlow, autor de "The Nature of Diamonds" (La naturaleza de los diamantes) y curador de gemas del Museo de Historia Natural de Estados Unidos, parecen haber sido "creados por Dios". Pero ahora que los científicos pueden recrear la genialidad divina en sus laboratorios, ¿seguiremos apreciándolos en la misma medida?

Mientras los seguidores de la moda reflexionan en ello, la industria del diamante ha sufrido un desmayo. Más que el de cualquier otra gema, el mercado del diamante depende en gran medida de una ilusión. A pesar de su reputación como gemas raras, los diamantes son relativamente comunes en tanto que los zafiros y rubíes son más raros. Lo que los hace costosos y codiciados es una hábil combinación de mercadotecnia y una oferta controlada por un puñado de grandes compañías.

Cinco de ellas —De Beers, Airosa, Leviev, BHP Billiton y Río Tinto— controlan casi el 90% del mercado, según un Informe de Diamantes Rapaport. La mercadotecnia se debe a De Beers, el mayor extractor de diamantes del mundo y creador de lo que podría considerarse el eslogan publicitario más eficaz de la historia: "Un diamante es para siempre". De Beers ha convertido al diamante en sinónimo de amor y símbolo internacional de compromiso; hoy día, el 85% de los diamantes que se compran y venden en Estados Unidos son obsequios.

CAMBIOS EN EL MERCADO. ¿Qué ocurriría si las piedras fabricadas en un laboratorio inundaran el mercado de diamantes (valuado en U$S 60 mil millones), mermando los precios y dando al traste con la ilusión de su valor? Excepto las perlas cultivadas, ningún artículo suntuario producido por el hombre ha suplantado al tesoro natural; sin embargo, los diamantes sintéticos podrían hacer que los naturales fueran tan comunes como el cuarzo. "Si los fabricantes de diamantes sintéticos empiezan a introducir muchas piedras en el mercado", advierte Robert M. Hazen, científico de la Institución Carnegie, de Washington D.C., "el mercado de diamantes podría derrumbarse".

Si las nuevas tecnologías para producir diamantes hubieran sido concebidas por un solo inventor, tal vez De Beers podría comprar las gemas y guardarlas en una bóveda de la empresa. Sin embargo, lo que hoy ocurre es la culminación de cincuenta años de esfuerzos para crear el diamante perfecto. El primer descubrimiento se hizo en 1954 cuando Tracy Hall, investigador científico de General Electric, en Schenectady, Nueva York, inventó una máquina que recreaba las grandes presiones y altas temperaturas que forman los diamantes naturales. El 16 de diciembre, durante 38 minutos, su dispositivo aplicó 100.000 atmósferas de presión a una mezcla de sulfuro ferroso y dos cristales de semilla, produciendo algunas piedras muy pequeñas, tan duras como los diamantes y, por ende, útiles en pulidoras industriales. Sin embargo, las piedras no tenían un hermoso destello, pues su estructura cristalina era imperfecta. No obstante, las acciones de De Beers se desplomaron después que se dio a conocer la proeza, según Hazen, autor de "The Diamondmakers" (Los fabricantes de diamantes).

PERDIDA DEL MONOPOLIO. La empresa familiar, fundada en 1888, conservó su monopolio del diamante durante la mayor parte del siglo XX pendiente del surgimiento de cualquier tecnología que amenazara el negocio. De Beers lanzó al mercado su máquina de diamantes tan semejante a la de Hall que De Beers "debió recurrir al espionaje industrial", afirma Hazen. General Electric demandó a la compañía y tras una batalla legal de seis años, obtuvo un arreglo de aproximadamente 25 millones de dólares. Para entonces, De Beers se había lanzado de lleno a la fabricación de diamantes, operación que el año pasado representó la tercera parte del negocio valuado en mil millones de dólares anuales.

Hall inspiró a otros científicos para refinar su método original. Mediante una enorme prensa, los científicos de General Electric lograron producir diamantes con calidad de gema a fines de la década de 1960. Sin embargo, según Hazen, el equipo necesario para lograr las presiones y temperaturas requeridas, tenía un costo prohibitivo y la máquina tardaba una semana en producir un diamante de un quilate. Al mejorar los materiales, los científicos refinaron el proceso y bajaron sus costos. En 1989, un equipo de cinco científicos rusos que trabajaba en Novosibirsk, Siberia, creó piedras preciosas a una presión relativamente baja: 60.000 atmósferas.

Tras el colapso de la Unión Soviética, los científicos rusos buscaron inversionistas. De Beers se percató de ello en 1993, según Victor Vins, científico de la extinta Unión Soviética. "Me invitaron a Londres y Johannesburgo. Me pidieron que colaborara como consultor, y accedí. Creo que querían mantenernos vigilados". Carter Clarke, empresario estadounidense, se enteró de la fabricación de diamantes durante un viaje de negocios a Rusia. En 1996 pagó 57 mil dólares por una "cámara para desarrollar diamantes" del tamaño de una lavadora y fundó Gemesis, que hoy produce más de cien quilates de diamantes a la semana.

Mientras los empresarios registraban cada rincón de la Rusia postsoviética, Robert Linares, fundador de Apollo Diamond, desarrollaba en secreto una tecnología distinta. La compañía comenzó produciendo discos de diamante para semiconductores, que sustituyeron a los de silicona. Los investigadores modificaron una técnica en que los diamantes se producen a partir de diminutas "semillas" en una cámara de alta presión supercalentada. Una combinación de hidrógeno y gas natural se introduce en la cámara formando átomos de carbono que se depositan en las semillas de cristal como el polvo en una silla vieja, y de esa manera se forma un cristal, capa por capa. Los ingenieros estaban muy complacidos de descubrir que el llamado método de deposición química de calor (CVD, en inglés) podría producir gemas claras y perfectas. Apollo, que produjo las tres piedras para la evaluación de Newsweek, todavía no ha conseguido crear gemas de más de un quilate, pero promete producir diamantes de dos quilates para 2006.

Apollo pretende hacer circular sus diamantes en seis meses, muy probablemente como diseñadores de joyería de lujo y, sin duda, las gemas costarán entre 10 y 30% menos que los diamantes naturales. Desde hace dos años, Gemesis ha vendido lujosos diamantes de color por una fracción del precio de las piedras naturales: U$S 4.800 por un diamante amarillo de un quilate que comúnmente costaría U$S 18.000 en el mercado. Aunque el equipo para producir gemas artificiales es costoso, los expertos afirman que es una ganga comparado con la apertura de una mina de diamantes. Además, llevar los diamantes a la tienda resulta mucho más barato para el fabricante, pues se elimina la larga cadena de oferta minero-minorista.

ESTRATEGIA COMERCIAL. Los recién llegados se niegan a revelar el precio mínimo al que podrían vender sus diamantes pero, igual que las grandes compañías, no desean ver esas gemas convertidas en un producto barato y tampoco quieren provocar la ira de los comerciantes de diamantes, quienes describen a Apollo y Gemesis como maestros de la falsificación que pretenden vender imitaciones al público no conocedor. Apollo y Gemesis dicen que producen diamantes "cultivados" para un nuevo tipo de cliente que guste del "relumbrón" o "lucir montones de hielo", mercado que el director ejecutivo de Apollo, Bryan Linares (hijo de Robert) valúa en 2.000 millones de dólares anuales. A fin de mantener la demanda, Gemesis inscribe con láser todas sus gemas para que los valuadores sepan que no son naturales; por su parte, Apollo opina que cada diamante cultivado debe llevar un certificado de autenticidad.

De Beers y otras compañías se burlan del mercado que denominan "sintético" (los fabricantes de diamantes prefieren el término "cultivados", como en la industria de las perlas, pero perdieron esa batalla en el último enfrentamiento legal en Alemania). Stephen Lussier, director ejecutivo de mercadotecnia de De Beers, dice que las investigaciones de la compañía revelan que el 94% de las mujeres optarían por "la piedra de verdad" contra el diamante sintético. Es posible que los científicos argumenten que las gemas de laboratorio son idénticas a los diamantes naturales en sus características químicas, físicas y ópticas, pero según Lussier: "No entienden lo que da valor al diamante que compra un hombre y recibe una mujer". De Beers ha empezado a insistir en sus campañas de mercadotecnia que sólo los diamantes forjados por la geología terrestre son auténticos.

¿Algún día se dejarán de distinguir los diamantes naturales de los sintéticos? La respuesta podría depender de que De Beers encuentre un método fácil y económico para diferenciarlos. Por ahora, se requiere de instrumentos de alta tecnología que van más allá de la capacidad de la mayoría de los valuadores de diamantes. Los gemólogos del Instituto Internacional de Gemología (IGI, en inglés) en Nueva York, utilizaron un microscopio de alta potencia para detectar inclusiones (diminutas marcas que adquiere un diamante formado en el subsuelo) en las piedras de Apollo. Un diamante demasiado limpio podría ser sintético o una gema natural muy pura. IGI usó una máquina de U$S 40.000 para emitir una luz infrarroja a través de los diamantes, a fin de analizar la distribución de los átomos de nitrógeno.

Después, IGI sometió los diamantes al análisis de dos dispositivos de De Beers. El primero, llamado DiamondSure, también comprueba el contenido de nitrógeno mientras que el segundo, DiamondView, observa la "estructura de desarrollo" de la piedra, iluminándola con una alta concentración de luz ultravioleta. La prueba puede descubrir un diamante producido bajo altas presiones, pero no es eficaz con los diamantes CVD de Apollo, en que los átomos de carbonos se formaron de manera muy similar a los diamantes naturales. En la última prueba —con una máquina de U$S 100.000— los gemólogos de IGI enfriaron un diamante con nitrógeno líquido para lograr una lectura más precisa y aplicaron un láser para analizar la longitud de onda. Un diamante natural debe tener una longitud de onda de 741 nanómetros; el diamante CVD de Apollo midió 737.

EL FUTURO. ¿Qué ocurrirá cuando una empresa menos escrupulosa se apropie de estas tecnologías para producir diamantes? Será cuestión de tiempo para que otros ingenieros encuentren la manera de utilizar la tecnología CVD para producir diamantes perfectos. Podrían modificar la tecnología para añadir inclusiones a sus diamantes o pequeñas cantidades de nitrógeno. El desafío de la detección es como "un juego del gato y el ratón", afirma David Weinstein, director ejecutivo de IGI.

Pero no descartemos aún a De Beers. La compañía ha desarrollado su propia tecnología CVD y estudia las técnicas de alta presión. Si los diamantes sintéticos invaden el mercado, es posible que De Beers participe en el juego con recursos tecnológicos y de mercadotecnia superiores a los de sus competidores. Sin duda, los diamantes son para siempre, aunque no se sepa cuál es cuál.

Los diferentes métodos de producción

Los nuevos métodos para producir diamantes podrían revolucionar el negocio de la joyería, pero también podrían arruinarlo inundando el mercado con piedras baratas. Durante millones de años hubo un solo método, ahora hay tres.

El método natural. A 150 kilómetros por debajo de la superficie terrestre, la superficie asciende a más de 1.200 grados centígrados y la presión es superior a 50 kilobares. El carbono se comprime y se transforma en cristales duros y claros. Estos llegan más tarde a la superficie arrastrados por las erupciones de magma, que se enfría formando una suave roca azul denominada kimberlita.

El método Gemesis. Los diamantes de Gemesis crecen dentro de un contenedor de cerámica en lugar de bajo tierra. Un mecanismo hidráulico proporciona la presión y la electricidad introduce el calor que cristaliza el carbono alrededor de una "semilla" de un milímetro compuesta de diamante natural.

El método Apollo. El método de Deposición Química de Vapor (CVD) calienta el gas natural y el nitrógeno para formar un plasma de carbono dentro de una cámara presurizada. Este plasma gotea sobre una capa de sustrato de carbono en el fondo de la cámara. Poco a poco, el plasma se acumula y endurece para crear un manto de diamante que luego se corta para formar las gemas.

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