Dinámica perversa por indexación

| La convalidación monetaria del empuje de los precios al por mayor impulsó la inflación que ahora se trasladará a los salarios

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La evolución de los precios es uno de los focos de atención y preocupación en la actual coyuntura económica uruguaya. La inflación supera largamente el compromiso asumido por el equipo económico y se transforma en un problema con un verdadero impacto social negativo, debido a que es una variación alta e imprevista. Pero la señal de alerta más fuerte que se está prendiendo en la actualidad no es el incumplimiento del compromiso oficial para junio. Detrás del fenómeno de inflación observado en los últimos meses se encierra un violento cambio en los precios relativos acumulados y una dinámica de indexaciones que puede hacer peligrar algunas actividades económicas.

Asumiendo que persista la política monetaria contractiva, es posible que haya un control gradual que baje la variación de precios al consumidor del 8,6% actual a un nivel en el orden del 7%, o algo por encima del 6%. Sin embargo, en los contratos salariales hay instalada una dinámica perversa que va a agravar el desfasaje de precios relativos que se conoce como "atraso cambiario".

La excepcional situación de los precios de exportación de materias primas en el último año y la convalidación monetaria de esta presión hasta marzo de 2011 han generado una dinámica en los salarios a través del mecanismo de indexación que compromete la viabilidad de los rubros exportadores que procuran incorporar valor (trabajo) en el producto final.

COMMODITIES. La considerable suba en los precios internacionales de los alimentos determina que la estructura exportadora uruguaya sea cada vez más intensiva en materias primas. Si se considera el índice de materias primas ("commodity index") que elabora el Fondo Monetario Internacional, se observa que el segundo semestre de 2010 registró un aumento en dólares del 35%. Dentro del índice, los alimentos son el componente más relevante para la estructura exportadora de Uruguay y registra una variación del 33%.

La presión internacional sobre la demanda de materias primas es muy fuerte y se traslada a los precios. A su vez, la emisión de dinero por parte del gobierno de Estados Unidos convalida una inflación que repercute en las materias primas y en los activos de los países emergentes medidos en dólares. Incluso, la tasa de inflación interna en dicho país en los doce meses terminados en mayo de 2011 trepó al 3,6% cuando hace seis meses era solamente 1,1%.

Dentro de los productos básicos, los más importantes para nuestro país son la carne y la soja. En el Gráfico Nº 1 se presenta la evolución de estos dos precios internacionales medidos en dólares de acuerdo al relevamiento del FMI. Si se considera como base el promedio del año 2006, se observa cómo la explosión de la burbuja anterior pegó fuertemente en el precio de la soja que cayó a las dos terceras partes. En el último semestre, se recuperó fuertemente y volvió a los niveles en dólares de mediados de 2008.

En el caso de la carne, la evolución es distinta. No se incrementó en la burbuja de 2007-2008 y tampoco se desinfló. Desde comienzos del año pasado está registrando una tendencia ascendente que ubica el precio actual en dólares un 50% por encima de los promedios anteriores al año 2010.

MAYORISTAS. Esta realidad internacional impacta en los precios al por mayor en nuestra economía y generan una presión del lado de los costos para los precios al consumidor. El promedio de los precios de los productos nacionales en el segundo trimestre del año se ubicó 22% por encima del nivel en pesos en el mismo trimestre del año pasado, y si se mide en dólares la variación anual fue de 28%.

Este aumento, sin embargo, encierra realidades distintas tal como se puede comprobar en el Gráfico Nº 2. En el mismo, se ilustra el componente agropecuario en dicho índice y el de productos industriales excluyendo la producción de combustibles por parte de la refinería de Ancap. Mientras los productos agropecuarios aumentaron 40% en dólares durante el último año, los productos manufacturados lo hicieron aproximadamente a la mitad de ese ritmo (21%).

La diferencia es más fuerte si se considera que dentro de las industrias se encuentran las agroindustrias que procesan las materias primas como la carne, que aumentaron mucho de precio, y que se trata de bienes que tienen una ponderación muy importante en el índice de precios.

Tampoco se puede soslayar la evolución o tendencia de mediano plazo. A los cambios ocurridos en el último año se acumulan las variaciones en el pasado que acentúan la diferenciación entre los precios agropecuarios y los industriales. En el Gráfico Nº 2 se observa cómo en la expansión previa a la crisis de 2008 hubo una explosión en los precios al por mayor agropecuarios en dólares muy superior a la de los industriales. También el impacto de la crisis fue mucho más severo para la industria y la posterior recuperación más amortiguada.

CONSUMIDOR. La presión de costos de las materias primas se traslada al IPC, y en los primeros seis meses del año se acumula un incremento del 5% en alimentos y bebidas, que se suma al 6,8% del segundo semestre del año pasado para generar un impacto de dos dígitos (12,2%) sobre la canasta de consumo del hogar promedio.

De todas formas, el impacto más fuerte en el costo de vida proviene de los precios de los bienes y servicios no transables. En el Gráfico Nº 3 se observa la tasa de variación en el año terminado en cada mes para tres grandes categorías de bienes y servicios: los que se comercializan habitualmente con el resto del mundo (importados y exportados), los que no se comercializan (no transables) y los precios que son administrados y, por tanto, controlados por el Estado. Para tomar como referencia, en el año terminado en junio, la variación de los no transables fue de dos dígitos (11,6%), la de los transables se ubica en 7,5% y solamente cumple con la pauta del gobierno el agregado de precios administrados que aumentó 5,8%.

El control de la inflación por parte de los precios administrados es limitado. Solo tiene efectos temporarios y un límite muy preciso en la situación financiera de las principales empresas del Estado.

Paradojalmente, los precios de los transables están en el medio de un tremendo empuje de costos por lo que sucedió con las materias primas exportadas y el petróleo, pero no son los que están empujando la inflación. Esto se debe a que, por un lado, el precio del dólar cayó en el último año. Por otro lado, los precios de bienes finales de consumo que son importados no han aumentado o bajaron en el contexto de recesión que se vive en los países desarrollados. En definitiva, el país se está beneficiando de una ganancia de términos de intercambio como pocas veces se ha visto en la historia económica del país.

DINÁMICA PERVERSA. El principal problema en la actualidad es el atraso cambiario o la suba de precios de los no transables en comparación con los transables. Considerando la evolución en el primer semestre de la inflación y los convenios salariales, se va a generar una dinámica en la segunda mitad del año y comienzos del próximo que solo va a agravar el actual atraso cambiario.

Los convenios se hicieron con una pauta anual del 5% y en el año lleva acumulado 8,6%. Como la pauta del Gobierno para el próximo año sigue siendo del 5%, el aumento de salarios que se viene en julio tiene un piso por inflación para los ajustes anuales del 8,6%.

Este se va a sumar al componente crecimiento y a los fuertes incrementos en los salarios mínimos. Esta presión de costos es generalizada e impactará en los componentes no transables que seguramente sigan por encima de los dos dígitos en el próximo año. Mientras tanto, la compra de bienes y servicios importados seguirá abaratándose pero no será suficiente para compensar. Es por eso que, tal como se ilustra en el Gráfico Nº 4, las expectativas de inflación en lugar de bajar en los dos últimos meses se han incrementado.

La exportación de servicios ya está deteriorada al igual que la competitividad para colocar productos industrializados intensivos en mano de obra. Es probable que otras actividades manufactureras, que no se privilegian de precios internacionales extraordinarios, encuentren en los salarios una fuerza del lado de los costos que los margine del mercado frente a los productos importados, afectando la capacidad productiva del país.

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